Este domingo, poco antes de las ocho de la noche, el nadador polaco Bartłomiej Kubkowski salió del mar y caminó por sus propios medios hasta la arena de Dziwnów, en la costa norte de Polonia. Con ese gesto concluyó una travesía inédita: el primer cruce a nado del mar Báltico entre Suecia y Polonia.
Kubkowski, de 30 años y originario de Giżycko, inició el desafío la tarde del 31 de julio desde Kåseberga, en el sur de Suecia. Permaneció en el agua durante casi 56 horas de natación continua, en un recorrido cuya distancia en línea recta superó los 160 kilómetros. La ruta prevista se aproximaba a los 170, pero las corrientes y los desvíos propios de la navegación modificaron el trayecto.
Una travesía sin pausas ni contacto con la embarcación
El logro estuvo sujeto a condiciones estrictas que impidieron convertir el recorrido en una simple prueba de resistencia. Kubkowski no podía salir del agua ni tocar la embarcación de apoyo que lo acompañó durante todo el trayecto.
Tampoco tuvo oportunidad de dormir. Permaneció despierto durante las dos noches de la travesía, mientras acumulaba horas de esfuerzo físico extremo y exposición a un entorno cambiante.
La alimentación y la hidratación fueron suministradas desde el barco mediante un palo adaptado para evitar el contacto físico entre el nadador y la tripulación. Además, la decisión de poner fin al intento en caso de emergencia correspondía al equipo de apoyo, debido a que la privación prolongada de sueño puede afectar la percepción, la orientación y la capacidad para valorar el propio estado físico.

Cinco intentos antes de completar el recorrido
El cruce fue el resultado de varios años de preparación y de intentos fallidos. En 2021, Kubkowski alcanzó los 115 kilómetros antes de ser retirado. Un año después llegó a 116,9 kilómetros; en 2023 avanzó hasta los 130.
Las condiciones meteorológicas interrumpieron su intento de 2024, cuando había recorrido 71,6 kilómetros. El episodio más cercano al objetivo ocurrió en 2025: nadó durante 55 horas y cubrió 159 kilómetros, pero fue retirado a unos 11 kilómetros de la costa polaca debido al agotamiento extremo y al deterioro del tiempo.
Después de aquella experiencia, resumió el balance de sus intentos con una frase: “Báltico 4-0”.
En marzo de 2026 anunció que volvería a intentarlo, aunque estableció una condición: sería su última oportunidad. La denominó “Last Dance”. Esta vez, consiguió completar el trayecto.
Un nadador especializado en largas distancias
Kubkowski llegó a este desafío después de una trayectoria de 15 años como nadador competitivo profesional. Posteriormente se especializó en el ultraswimming, modalidad que lleva la resistencia en aguas abiertas a distancias y tiempos extremos.
Entre sus antecedentes figura una medalla de plata en el Campeonato Mundial de Natación en Hielo de 2022. También había conseguido, meses antes del cruce del Báltico, un récord mundial de distancia en piscina de 25 metros durante 24 horas, con 103,58 kilómetros recorridos.
El desafío también tuvo un objetivo solidario
Los intentos de Kubkowski por atravesar el Báltico han estado vinculados desde 2021 con la Fundacja Cancer Fighters, organización dedicada a apoyar el tratamiento de niños con cáncer.
En esta edición, la campaña de recaudación superó los 715.000 zlotys, alrededor de 166.000 euros, y continuaba aumentando después de su llegada a Polonia.
La estrategia combina la transmisión en vivo de la travesía con un contador de kilómetros y otro de donaciones. De esta manera, el seguimiento de la prueba deportiva también sirve para mantener la atención sobre la causa benéfica durante las horas de mayor exigencia física.

Un mar con condiciones difíciles para la ultra resistencia
Aunque el Báltico no suele asociarse con los grandes desafíos oceánicos, sus características representan un obstáculo considerable para la natación de larga distancia.
Durante el verano, la temperatura del agua rara vez supera los 20 grados Celsius y puede experimentar descensos importantes por la llegada de corrientes de agua fría. Además, su condición de mar relativamente cerrado y poco profundo favorece la formación de olas cortas y pronunciadas, capaces de alterar de manera constante el ritmo de respiración y brazada.
Las corrientes constituyen otro factor determinante. Un nadador puede avanzar durante horas y, al mismo tiempo, perder parte de ese progreso debido al desplazamiento lateral o en sentido contrario provocado por el movimiento del agua.
Cerca del récord mundial de aguas abiertas
El recorrido de Kubkowski lo coloca cerca de la mayor distancia reconocida en una prueba de natación continua en aguas abiertas. El registro ratificado por la Marathon Swimmers Federation corresponde a la estadounidense Sarah Thomas, quien recorrió 168,3 kilómetros en 2017.
El polaco también superó ampliamente el registro documentado de mayor distancia en el Báltico, que hasta entonces se situaba por debajo de los 100 kilómetros en una ruta costera.
Otro intento se desarrollaba al mismo tiempo
Mientras Kubkowski llegaba a la costa polaca, otra deportista de su país, la exolímpica Karolina Szczepaniak, todavía permanecía en el agua.
Szczepaniak realizaba un intento simultáneo por una ruta ligeramente más larga con destino a Pobierowo. Su objetivo era convertirse en la primera mujer en completar una travesía del Báltico en esa dirección.
La llegada de Kubkowski puso fin a cinco años de intentos. Después de casi 56 horas, el nadador abandonó el agua sin haber dormido, sin apoyarse físicamente en la embarcación y sin interrumpir la travesía hasta alcanzar territorio polaco.
Foto de portada: Bartłomiej Kubkowski / Instagram














