Tras grave ataque a Moscú, cae Kostiantynivka, la más relevante desde Bajmut; Ucrania en conflicto también con Polonia y Bielorrusia

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El conflicto bélico entre Ucrania y Rusia ha escalado de forma significativa en los últimos días, con ataques mutuos de una intensidad inusualmente grave que han alcanzado las capitales de ambos países. Al mismo tiempo, se registran avances determinantes en la línea del frente de batalla, con la situación particularmente intensa en Kostiantynivka —la última ciudad de tamaño medio antes de las megalópolis de Kramatorsk y Sloviansk—, lo que podría generar un panorama sumamente álgido en esa zona de combate.

Todo esto sucede mientras continúan los vaivenes diplomáticos. La cumbre del G7 intentó revitalizar el apoyo occidental a Ucrania, aunque persistieron las divisiones internas y volvió a exhibir la irremediable incongruencia de apoyar a un gobierno que reconoce y honra abiertamente a figuras de raíz fascista. Esa contradicción provocó que Polonia retirara una importante condecoración al presidente Volodímir Zelenski, quien además agudiza sus fricciones con Bielorrusia: no solo le habría atacado un autobús repleto de niños que viajaban a jugar fútbol, sino que encima lanza graves amenazas al presidente Alexander Lukashenko, lo que podría arrastrar a ese país al conflicto armado.

Los ataques a Kiev y a Moscú

En la última semana se registraron importantes acciones militares a distancia en ambas direcciones. Entre el 14 y 15 de junio, Rusia lanzó un ataque combinado con decenas de misiles y cientos de drones que alcanzaron múltiples ciudades ucranianas, incluida la capital Kiev, donde los daños al histórico Monasterio de las Cuevas causaron especial resonancia como golpe simbólico contra la infraestructura cultural de Ucrania; a pesar de que versiones locales apunta a un fallo en los sistemas de defensa.

Ucrania respondió el 18 de junio con uno de los mayores ataques con drones de todo el conflicto, posiblemente el de mayor envergadura hasta la fecha. Centenares de drones fueron lanzados en un lapso de 24 horas, muchos de ellos con rumbo a Moscú, donde alcanzaron edificios residenciales, un centro comercial y, de manera destacada, la refinería de Kapotnia, principal fuente de combustible para la capital rusa.

Las imágenes de múltiples llamaradas y columnas de humo negro elevándose sobre Moscú causaron alarma considerable, dado que no se había visto un impacto de esta magnitud contra la capital rusa. El ataque ratificó que Ucrania mantiene capacidad ofensiva con el respaldo de la OTAN, que continúa suministrando material de guerra para sostener los combates y los ataques en territorio ruso.

La caída de Kostiantynivka

En días recientes, diversos sistemas de mapeo de posicionamiento militar han confirmado que Kostiantynivka se encuentra prácticamente ocupada en su totalidad por las fuerzas rusas, a excepción de una zona aislada en el centro que irremediablemente deberá ser entregada por las tropas ucranianas —que han quedado cercadas y sin posibilidad de recibir suministros— y algunos sectores en el noroeste de la ciudad. La mayor parte de esta ciudad clave ya se encuentra bajo control ruso, lo que representa un cambio sustancial en el frente de batalla.

Se trata de la caída más importante desde Bajmut, incluso más relevante que las de Pokrovsk y Chasov Yar, puesto que Kostiantynivka era la última ciudad de tamaño medio en la ruta hacia Kramatorsk, que se convertiría en el siguiente objetivo ruso, con lo que se anticipa una batalla de proporciones posiblemente catastróficas.

Kostiantynivka no solo era, antes de la guerra, una ciudad de más de 70.000 habitantes, sino también un nodo industrial clave de Ucrania. Durante la batalla de Bajmut se mantenía desde ahí el abastecimiento militar hacia el frente; Zelenski la utilizó en múltiples ocasiones como base para coordinar directamente los ataques, y formaba parte del cinturón defensivo interior diseñado para resguardar a Kramatorsk y Sloviansk. Es una de las diez mayores ciudades del óblast de Donetsk y ha pasado ya a control ruso.

Cabe recordar que antes del inicio de la Operación Especial en 2022, Ucrania mantenía el control de seis de las diez grandes ciudades de Donetsk. Con la pérdida de Kostiantynivka, únicamente le quedarían dos —Sloviansk y Kramatorsk—, precisamente las dos megalópolis cuya entrega exige Rusia como condición de cualquier acuerdo de paz, pues reclama la soberanía total sobre el óblast.

No solo se reporta la situación en Kostiantynivka: en horas recientes se confirmó también la toma de Yurkivka, donde el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso difundió imágenes de su bandera ondeando en la localidad. Este punto representa el avance más cercano de las tropas rusas hacia Kramatorsk, a tan solo unos 12 kilómetros al oriente de esa ciudad. Es decir, Rusia no solo avanza por el frente sur tras la caída de Kostiantynivka, sino que por el frente este ya se encuentra a escasos kilómetros.

Por el norte, las tropas rusas han alcanzado también la población de Brusivka, ubicada a unos 14 kilómetros de Sloviansk, lo que hace cada vez más difícil descartar un combate por estas dos megalópolis. Aunque el avance ruso sigue siendo lento, se mantiene persistente y en medio de intensos combates, con una considerable cantidad de bajas en ambos bandos.

El G7 de Évian-les-Bains y los vaivenes diplomáticos

Esta semana se celebró la cumbre del G7 en la ciudad francesa de Évian-les-Bains, en la que, al menos en apariencia, hubo mayor unión que en la cita del año anterior en Canadá, cuando Donald Trump abandonó intempestivamente la reunión la primera noche. En esta ocasión, los aliados lograron persuadir al mandatario estadounidense de quedarse los tres días y continuar el diálogo con sus contrapartes europeas, con quienes había existido tensión y distanciamiento en los meses previos.

No obstante la aparente cohesión, también quedaron expuestas fracturas importantes. Se filtró a los medios que el presidente del Consejo Europeo, António Costa, había abierto un canal diplomático de diálogo con el Kremlin en las semanas previas a la cumbre. La revelación generó airadas críticas del presidente francés Emmanuel Macron y del canciller alemán Friedrich Merz, quienes calificaron las acciones de Costa de «no profesionales», «no coordinadas» y «equivocadas». El titular del Consejo Europeo trató de defenderse y recibió el respaldo de algunas naciones europeas, argumentando que la Unión Europea también tiene derecho a participar en el terreno de la negociación y no ser completamente relegada del proceso diplomático, como había pretendido el gobierno estadounidense.

Los europeos acordaron además un nuevo paquete millonario de ayuda para Ucrania y prometieron nuevas sanciones contra Rusia.

Al margen de la cumbre, Trump concedió una extensa entrevista al medio Axios en la que abordó brevemente la situación ucraniana. El mandatario señaló que Rusia pudo haber tomado Kiev en apenas cuatro horas y que Ucrania no habría podido hacer nada al respecto, afirmando que Rusia «tomó la ruta equivocada», aunque advirtió que la amenaza sigue siendo constante.

Las tensiones con Polonia y la glorificación del fascismo

Este viernes, el presidente de Polonia, Karol Nawrocki, anunció su decisión de despojar a Zelenski de la Orden del Águila Blanca, la máxima condecoración polaca, que le había sido otorgada con anterioridad. La medida es una respuesta directa a la decisión del mandatario ucraniano de conferir el título de «Héroes de la UPA» a una unidad élite de las fuerzas de operaciones especiales ucranianas.

La UPA (Ejército Insurgente Ucraniano) fue la organización armada liderada por Stepan Bandera que se alió con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial para combatir a los soviéticos. Esta organización es señalada como corresponsable de las masacres más brutales del conflicto, que dejaron más de 25 millones de muertos; y no solo atacó a soviéticos, sino también a polacos. Este episodio resulta inseparable del Generalplan Ost (Plan General del Este) nazi, la política de exterminio contra los pueblos eslavos —tanto polacos como rusos son mayoritariamente eslavos—, en cuyo contexto la UPA perpetró múltiples masacres de civiles en Polonia y en la Galicia Oriental, dejando decenas de miles de víctimas. Por ello, en Polonia estos hechos son reconocidos como un genocidio.

A pesar de todo, el gobierno de Kiev continúa calificando a estas figuras como héroes y otorgándoles condecoraciones, glorificando así una vez más el nazismo y el fascismo que representaron. Polonia, en un acto de «mínima dignidad», y pese a haber apoyado militarmente a Ucrania a lo largo del conflicto, realizó este gesto simbólico retirando la condecoración y externando su enérgica condena a dicha glorificación.

Las amenazas a Bielorrusia

El conflicto de Kiev no se limita a Polonia. Las tensiones con Bielorrusia también se han agudizado, particularmente tras el ataque con un dron contra un autobús con niños bielorrusos que viajaban a la región rusa de Briansk para una actividad de fútbol. El ataque dejó a varios menores heridos de gravedad y a una mujer sin vida. El Ministerio de Exteriores bielorruso condenó enérgicamente la agresión contra el vehículo civil, la calificó de acto terrorista y el presidente Lukashenko insistió en que se trató de un dron de origen ucraniano, catalogándolo literalmente de «fascismo puro» y exigiendo una respuesta de Kiev, que una vez más se limitó a negar los hechos.

Lejos de apaciguar las tensiones, Zelenski ha lanzado amenazas directas a Lukashenko, afirmando que Bielorrusia permite el uso de equipos de retransmisión en dos de sus regiones fronterizas con Ucrania para guiar y coordinar ataques con drones rusos contra objetivos ucranianos. «Si realmente no quiere estar en la guerra, que lo quite y lo apague», declaró el mandatario ucraniano, y añadió: «Le doy una semana; si no lo hace, lo haremos nosotros.»

La amenaza explícita de atacar territorio bielorruso podría arrastrar a ese país al conflicto armado, a pesar de sus esfuerzos por mantener cierta distancia del mismo.

Perspectivas de negociación: tiempo ganado o paz aplazada

La situación en el Dombás continúa siendo grave y sin una salida clara a la vista. Esta semana, la revista The Economist reveló que se han reanudado conversaciones informales con Rusia, con contactos directos y cotidianos entre Ucrania y el equipo de Trump, en los que se analiza la posibilidad de un alto al fuego en dos fases: primero, limitando las hostilidades a una zona de 50 a 70 kilómetros a cada lado de la línea del frente; y posteriormente, buscando un acuerdo de mayor alcance.

No obstante, según el mismo semanario londinense, un alto funcionario ucraniano reconoció que es improbable que Rusia actúe antes de octubre, momento en el que un acuerdo podría dar un impulso político a Trump de cara a las elecciones y obtener algo a cambio. También se reconoció la posibilidad de que Moscú esté simplemente ganando tiempo para relanzar una devastadora campaña invernal de misiles y drones contra la infraestructura ucraniana, con el objetivo de obligar a Kiev a ofrecer mayores concesiones en la mesa de negociación.

Lo cierto es que, mientras Ucrania se niega a llegar a un acuerdo, la línea del frente se acerca cada vez más a su capital, el territorio bajo su control sigue reduciéndose y el conflicto armado, con sus devastadoras consecuencias humanitarias, no da señales de amainar.

 


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