La segunda edición de «Mover Ciencia» reunió a especialistas y estudiantes para analizar los alcances de la internacionalización y los programas de doble grado con instituciones europeas
Toluca, EdoMéx. — La movilidad académica no es solo un intercambio de lugares: es un ejercicio que pone en contacto distintas formas de aprender, investigar y comprender la realidad. Bajo esa premisa, la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) realizó la segunda edición de «Mover Ciencia, Movilidad Académica con Impacto Social», una jornada organizada por la Dirección de Cooperación Científica e Internacionalización de la Secretaría de Ciencia.
El encuentro abordó la internacionalización como una práctica que debe formar parte de la vida universitaria y que permite ampliar las oportunidades de estudiantes, docentes e investigadores. No se trata únicamente de enviar personas al extranjero, sino de construir una cultura institucional que entienda la colaboración global como parte de su quehacer cotidiano.
Internacionalización más allá de los programas de movilidad
María Luisa Becerril López, directora de Cooperación Científica e Internacionalización, destacó que cuando una persona, una idea y el conocimiento se ponen en movimiento, también se generan transformaciones en las instituciones y en las sociedades. Por ello, planteó la necesidad de consolidar una cultura de internacionalización permanente, incluyente y accesible, que trascienda los programas de movilidad.
En este proceso, señaló, la interculturalidad ocupa un lugar relevante, al propiciar el encuentro con otras maneras de aprender, vivir, investigar y generar conocimiento. El intercambio favorece el desarrollo de competencias profesionales y humanas, amplía perspectivas y permite construir redes de colaboración que pueden mantenerse incluso después de concluir una estancia académica.
Los números de la movilidad en la UAEMéx
Los resultados de estas experiencias se reflejan en la participación de la comunidad universitaria. Durante 2025, 181 estudiantes de estudios avanzados participaron en actividades de movilidad académica nacional e internacional, mientras que 118 profesores realizaron experiencias de movilidad. Estas cifras no solo miden la cantidad de personas que viajan, sino también la capacidad de la institución para tejer redes con universidades de otros países y regiones.
Doble grado: formación compartida entre México y España
Uno de los momentos centrales de la jornada fue el panel «Experiencias de doble grado», en el que participaron especialistas de la Universidad Miguel Hernández de Elche, España, entre ellos la doctora Beatriz Martín del Río y el doctor Adrián García Selva, además de estudiantes que han participado en programas de doble grado entre ambas instituciones.
Durante el encuentro se explicó que estos programas permiten articular las capacidades de dos instituciones educativas para complementar la formación del estudiantado y ofrecerle herramientas en un contexto académico internacional. A través de testimonios, estudiantes que realizaron estancias tanto en México como en España compartieron los aprendizajes académicos, profesionales y personales derivados de estas experiencias.
Conectar la universidad con el mundo
Con esta segunda edición de «Mover Ciencia», la UAEMéx puso nuevamente en el centro de la conversación el valor de la movilidad como una vía para conectar a su comunidad con otras instituciones, culturas y perspectivas, al tiempo que fortalece redes de colaboración y contribuye a una formación universitaria vinculada con los desafíos contemporáneos.
La jornada no se limitó a la presentación de datos o a la exposición de programas. Fue un espacio para que estudiantes y docentes compartieran cómo la experiencia de estudiar en otro país transformó su manera de entender su disciplina y su propio entorno. La movilidad, cuando está bien diseñada y acompañada, deja de ser un privilegio para convertirse en una herramienta de formación integral.
Por qué esto importa
La internacionalización universitaria suele medirse por el número de convenios firmados o de estudiantes que viajan al extranjero. Pero su impacto real va más allá de las cifras. Cuando una universidad pública como la UAEMéx impulsa programas de doble grado con instituciones europeas, no solo está ofreciendo a sus estudiantes una credencial adicional: está ampliando su horizonte intelectual, fortaleciendo su capacidad de adaptación y preparándolos para desempeñarse en entornos globales. En un mundo donde los problemas —desde el cambio climático hasta las crisis migratorias— no reconocen fronteras, formar profesionistas capaces de dialogar con otras culturas y tradiciones académicas es una necesidad, no un lujo.
Además, la movilidad también beneficia a quienes se quedan. Los estudiantes y docentes que regresan de una estancia traen consigo nuevas metodologías, contactos internacionales y perspectivas que enriquecen las aulas y los laboratorios de la universidad. En un estado como el de México, que requiere respuestas creativas a desafíos complejos, esa circulación de ideas es una inversión de largo plazo. La nota importa porque documenta un esfuerzo institucional por construir una universidad que no se encierra en sus muros, sino que sale al encuentro del mundo para traer de vuelta conocimiento, colaboración y nuevas formas de entender la realidad.














