Ruggiero Olivera: tres décadas forjando la cultura de protección civil en la UAEMéx

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A sus 55 años y en la antesala de la jubilación, el psicólogo de origen recuerda su participación en los sismos de 1985 y 2017, y el orgullo de haber construido un sistema de prevención que hoy es parte de la identidad universitaria

Toluca, EdoMéx. — Hay historias que no pueden separarse de una institución. La de Ruggiero Olivera Guadarrama es una de ellas. A sus 55 años, y con una trayectoria que abarca más de tres décadas dentro de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), este psicólogo de formación y protector civil por vocación se prepara para la jubilación. Pero antes de colgar el uniforme, deja un legado que trasciende protocolos y ambulancias: una cultura preventiva que hoy es parte del ADN universitario.

Su vocación no nació en las aulas. Creció en un hogar donde el servicio a los demás era moneda corriente. Hijo de un militar y hermano de rescatistas, aprendió desde pequeño lo que significan la disciplina, la solidaridad y la responsabilidad. Aquellas enseñanzas tomaron un sentido definitivo en 1985, cuando aún era estudiante y participó en las labores de rescate tras el sismo que sacudió a la Ciudad de México. La experiencia, admite, marcó su vida y definió el rumbo que seguiría.

De la medicina a la psicología, siempre con vocación humana

Aunque inicialmente buscó formarse como médico, el destino lo llevó hacia otra área igualmente humana: la psicología. Después de cursar dos años en la Facultad de Medicina, continuó sus estudios en la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMéx. Fue ahí donde descubrió una nueva manera de servir. Como psicólogo industrial comprendió la relevancia de la prevención, la salud mental y las condiciones laborales, conocimientos que más tarde integraría de forma natural a la protección civil.

1992: el año que su historia se fundió con la institucional

En 1992, su vida personal quedó ligada de manera definitiva a la historia de la Autónoma mexiquense. Junto con otros universitarios, impulsó la creación de un sistema formal de protección civil dentro de la UAEMéx. Desde entonces, participó activamente en la construcción y fortalecimiento de esta área: la capacitación de brigadistas, la conformación de unidades internas, la elaboración de protocolos y, posteriormente, la creación de unidades prehospitalarias y ambulancias universitarias.

“Orgullosamente soy UAEMéx”, expresa con convicción. Para Ruggiero, la universidad representa mucho más que una formación académica; es identidad, pertenencia y compromiso. El verde y oro, asegura, son una forma de vida. Desde los ámbitos académico, administrativo y operativo, ha trabajado con estudiantes, docentes y personal universitario bajo una misma idea: la prevención es una responsabilidad compartida.

Los sismos de 2017: la prueba de fuego

A lo largo de su trayectoria ha enfrentado momentos complejos: rescates en accidentes, atención de emergencias masivas y, sobre todo, la respuesta institucional durante los sismos de 2017. En esa ocasión, la UAEMéx destacó por la rapidez y eficacia de sus mecanismos de evaluación y reacción. Los protocolos que él ayudó a construir se activaron de inmediato, y la universidad pudo proteger a su comunidad mientras otras instituciones permanecían en la incertidumbre.

Sin embargo, Ruggiero asegura que su mayor satisfacción no está en los reconocimientos ni en las cifras, sino en las personas: generaciones de universitarios que encontraron en la protección civil una vocación, una enseñanza o una herramienta para la vida.

Legado: una cultura preventiva más allá de los protocolos

Hoy, al mirar atrás, reconoce que su principal legado no se limita a protocolos, infraestructura o equipos especializados. Su mayor aportación, considera, es haber contribuido a consolidar una cultura preventiva que hoy forma parte de la vida universitaria. Los simulacros, las brigadas, las campañas de concientización y la respuesta organizada ante emergencias son fruto de ese trabajo silencioso de décadas.

Aunque la jubilación se acerca, su vocación permanece intacta. Su deseo es continuar compartiendo conocimientos y experiencias desde las aulas, formando nuevas generaciones comprometidas con la protección y el cuidado de los demás.

Para Ruggiero Olivera Guadarrama, el mensaje es claro: la protección civil no pertenece únicamente a las instituciones o a los especialistas; es parte de la vida cotidiana y una responsabilidad colectiva. En esa convicción ha dejado una huella profunda en la UAEMéx: la de quien hizo de la prevención una forma de identidad universitaria.

Por qué esto importa para la UAEMéx

En apocaliptic.com consideramos que esta información es relevante porque la UAEMéx no sería la institución que es hoy sin figuras como Ruggiero Olivera. Detrás de cada simulacro ordenado, de cada ambulancia universitaria que llega a tiempo, de cada brigadista capacitado, hay décadas de trabajo silencioso y sistemático. La protección civil en una universidad pública no es un lujo ni un requisito burocrático: es una condición para que 80 mil estudiantes y miles de docentes y administrativos puedan desarrollar sus actividades con tranquilidad. Ruggiero Olivera representa a esa generación de universitarios que entendieron que la prevención es la forma más alta de solidaridad. Su legado no está en un edificio ni en una placa: está en la cultura de respuesta que hoy permite a la UAEMéx enfrentar emergencias con eficacia. Que la universidad reconozca su trayectoria —y que él mismo exprese con orgullo “soy UAEMéx”— es una lección de que las instituciones se construyen con personas que ponen el cuerpo y el alma. La nota importa porque nos recuerda que, más allá de los planes de estudio y los rankings, una universidad también se mide por cómo cuida a los suyos. Y en eso, la UAEMéx tiene un deudor eterno con Ruggiero Olivera Guadarrama.

 


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