Su vocación nació tras los sismos de 1985 y se consolidó en las ambulancias universitarias, donde ha atendido emergencias y sostenido la mano de quienes atraviesan sus momentos más críticos
Toluca, EdoMéx. — Para Gilberto Guillermo Tovar Delgado, paramédico de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), la vocación de salvar vidas comenzó desde la infancia y encontró su rumbo definitivo tras los sismos de 1985. Desde entonces, más de dos décadas de capacitación, experiencia y servicio han reafirmado una convicción que permanece intacta: estar ahí cuando alguien más lo necesita.
Originario de Toluca, recuerda que desde niño sintió afinidad por las ciencias y el deporte. Como integrante del equipo Potros Salvajes de la UAEMéx, el fútbol americano le enseñó que la disciplina, la preparación y el trabajo en equipo son valores indispensables, tanto en el campo de juego como frente a una emergencia.
“Siempre me ha gustado cuidar a la gente. Desde pequeño he tenido esa facilidad de cuidar a las personas. Me gusta que se sientan protegidas. Ahí entendí que lo que debe tener un paramédico es vocación de servicio y una profunda valoración por la vida del ser humano”, expresó.
La lección del 85
El parteaguas llegó con los sismos que devastaron la Ciudad de México en 1985. Aquella tragedia despertó en él el interés por la atención prehospitalaria y lo condujo a incorporarse a la Dirección de Seguridad y Protección Universitaria de la Autónoma mexiquense, donde participó en los primeros esfuerzos para consolidar el Programa de Protección Civil Universitario.
“Así fue como me hice paramédico. Una vez que conocí este medio me enamoré de él. En aquel entonces no existía una licenciatura como ahora; la escuela era la Cruz Roja y todo lo que sé de urgencias médicas lo aprendí ahí. Ese fue mi primer contacto con este mundo y desde entonces me certifico cada dos o tres años, como lo marca la norma oficial”, comentó.
El nacimiento de las ambulancias universitarias
Con el tiempo, también fue testigo del nacimiento de la Unidad de Ambulancias universitarias, un proyecto que respondió a la necesidad de ofrecer atención inmediata dentro de los espacios universitarios y reducir los tiempos de respuesta en situaciones críticas.
“Las unidades del estado tardaban mucho en llegar porque atendían a una población muy grande. Nosotros vimos la posibilidad de contar con nuestras propias ambulancias, capacitarnos y brindar un servicio más oportuno. Así nació este proyecto y hasta hoy ha dado muy buenos resultados”, afirmó.
Para Tovar Delgado, la profesionalización permanente ha sido uno de los pilares del crecimiento del cuerpo de paramédicos universitarios. A través de cursos, certificaciones, talleres y estudios especializados, él y sus compañeros han fortalecido sus conocimientos para responder con mayor eficacia a los desafíos que implica la atención de emergencias.
La mano que no suelta
A lo largo de 26 años de servicio en la UAEMéx, ha enfrentado innumerables situaciones que han puesto a prueba tanto sus conocimientos como su fortaleza emocional. Sin embargo, asegura que la experiencia nunca debe significar perder la sensibilidad hacia quienes atraviesan uno de los momentos más difíciles de su vida.
Entre todos los recuerdos que ha acumulado, hay uno que permanece intacto: el rescate de una estudiante que quedó atrapada debajo de un vehículo tras ser atropellada.
“Estuve debajo del automóvil con ella. Me tomó de la mano y me pidió que no la soltara. Me convertí en su línea de vida y no la solté hasta llegar al hospital. Antes de entrar al quirófano nos dio las gracias y dijo que éramos los ángeles que Dios había enviado para que siguiera viva. En ese momento confirmé que esto era lo mío y que nunca lo iba a dejar”, recordó.
Más allá del uniforme
Cuando termina la jornada y deja el uniforme, Gilberto encuentra un espacio para el equilibrio personal en actividades como el dibujo, la pintura, el tallado en madera y el senderismo. Comparte esos momentos con su esposa y sus tres hijos, quienes conocen las exigencias y los riesgos de su profesión, pero también el profundo sentido de compromiso que la acompaña.
Después de más de un cuarto de siglo dedicado a atender emergencias, Gilberto Guillermo Tovar Delgado tiene claro que el mayor reconocimiento no llega en forma de diplomas o medallas, sino en cada paciente que logra volver a casa, recuperar su salud o reencontrarse con su familia.
“Esta profesión exige mucho, pero también ofrece una enorme satisfacción cuando ves caminar nuevamente a alguien que ayudaste. Si logramos aliviar el sufrimiento, disminuir el dolor o contribuir a que una persona recupere su salud, nuestro trabajo está hecho. Con una sola persona basta para saber que todo ha valido la pena”.
Por qué esto importa
En apocaliptic.com consideramos que esta información es relevante porque la historia de Gilberto Tovar no es solo la de un paramédico ejemplar; es la de una vocación que ha salvado vidas y que representa a decenas de profesionales que día a día atienden emergencias en la UAEMéx. Su trayectoria, que comenzó con los sismos de 1985 y que ha estado marcada por el humanismo y la entrega, es un recordatorio de que la atención prehospitalaria no es solo técnica, sino también un acto de profunda humanidad. La Unidad de Ambulancias universitarias, que él ayudó a consolidar, ha sido un pilar para la seguridad de la comunidad universitaria, reduciendo tiempos de respuesta y brindando atención inmediata cuando más se necesita. En un mundo donde la inmediatez y la frialdad a menudo dominan el trato sanitario, la historia de Gilberto nos recuerda que la vocación de servicio y la sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno son valores que deben ser reconocidos y celebrados. Su testimonio, además, es un llamado a valorar a quienes, desde las sombras, sostienen la vida de otros.














