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Silencios estereofónicos: Recuento ‘‘socio-lógico’’ del Hell and Heaven Metal Fest 2016…Escribe Felix Morriña

Por: Felix Morriña

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A lo largo de casi cinco lustros de recorrido periodístico, no me había encontrado con tanta mezquindad, intolerancia y exigencias innecesarias, como tanta (in) diferencia de gustos dentro de un masivo festival que despertó, desde un principio, demasiadas expectativas y desaguisados, propios del heavy metal y su amplísimo árbol genealógico. Me cansé de leer en las redes sociales y escuchar a la raza de bronce que si unos son más rudos que otros, que si los más pesados no necesitan parafernalia escénica más que sólo música; que si unos son tan poperos que no deberían estar programados; que si a mí me gusta Rammstein, por X ó Y circunstancia, todos los demás son buenos para nada, o carentes de calidad, o viceversa; que si el público sabe mucho o nada de cada banda, o sencillamente fueron calificados como seudo groupies zombies metaleros adinerados de Polanco o Las Lomas que beben a la menor oportunidad entre las masas (¡ah pero qué bien están sus viejas!), porque ellos sí traen plata para beber y drogarse por más de 10 horas y los demás son jodidos, pero son ‘‘sabelotodo’’, entre otras linduras del sistema heavymetalero nacional e internacional. ¡Divertido!

Lo más importante del Corona Hell and Heaven Metal Fest 2016 es que se llevó con creces, con los estándares de calidad apropiados para un encuentro de más de 70 mil personas que se dieron cita en el Foro Sol del Autódromo Hermanos Rodríguez, el pasado sábado 23 de julio, donde más de medio centenar de bandas hicieron valer a cabalidad su programación, y donde fue imposible estar en todos los escenarios para poder apreciar a la mayoría de las bandas que le gustan a cada uno de los fieles seguidores del género que se dieron cita.

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Fue grato ver la manera en que cada uno de los grupitos de metaleros de todas las edades, colores, credos ‘‘satánicos’’ o ‘‘hijos del hard rock’’, se organizaron, con agendita de por medio, para estar con cada una de sus bandas preferidas. La programación, de la que se habló con la debida planeación, promoción y difusión, cubrió todas las exigencias que marca el ‘‘marketing musical metalero’’. Había para todos los gustos y sabores. Por supuesto, siempre hay despistados que van a cotorrear, a beber, fumar e inhalar hasta desmayarse; a desafanarse de la cotidianidad Godínez; a vivir sus vacaciones académicas como deseaban; a ver qué se levantan en el camino, tanto hombres como mujeres y más las quimeras; todo con el hecho de ser parte de un encuentro que te lo permite y sin molestar a nadie.

No faltaron líquidos ni comida como en otras ocasiones, porque había todo el tiempo vendedores amables acercándote lo que necesitaras (lo malo fue que no hubo bolsillo alguno que aguantara el trajín etílico de más de 10 horas); los baños no estaban atascados y apestosos como en otros encuentros; no había basura tirada como se acostumbra en este tipo de festivales, porque todo el tiempo encontrabas a tu paso alguien recogiéndola; si te metías algo por la nariz, boca y demás esfínteres, nadie te decía nada, porque todos se comportaron al nivel. Había felices padres de familia con sus hijos menores de edad enseñándoles lo que ellos mejor aman: la música. Y lo mejor, pese al intenso y bello Sol: no llovió como en municipios del Estado de México y algunas partes de la CDMX donde se inundaron.

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Lo que llamó poderosamente la atención del ‘‘respetable’’ y de la policía, la cual está de paso mencionar se portó a la altura del evento, así como los demás encargados de la organización (más allá de los tres interminables y cansados retenes, que hicieron su papel), fue esa kilométrica fila de periodistas y ‘‘aficionados’’ deseosos de ser parte de este encuentro, que se organizó desde las 11 de la mañana hasta pasadas las 16 horas para ser atendidos en una diminuta carpa, donde unos cuantos seres humanos trataban de atender a los enfurecidos, acalorados y sedientos reporteros y entidades especializadas en la materia, que iban a dar cátedra a todo mundo. Hubo momentos que esa fila daba la impresión de ser más gente que el propio público asistente. También parecía la fila de desempleados, ésa que cada día incrementa por doquier en todo el país. En otros momentos, parecía la fila de pensionados que peleaban a rabiar un boleto o un brazalete, o en el mejor de los casos, esos seres que van por su despensa y terminan a las trompadas porque uno salió ganando más que otro. ¡Gajes del oficio, pero dábamos pena ajena!

Si me preguntan qué fue lo que más me gustó, musicalmente hablando, más allá de lo antes mencionado y de lo que tuve oportunidad de ver y disfrutar como enano endemoniado, les diré que en esta quinta edición del Corona Hell and Heaven Metal Fest 2016 me mató ver esa gran actuación de la banda de Los Angeles, California, Suicidal Tendencies en el Alternative Stage. Ver al baterista Dave Lombardo, ex de Slayer, pegarle a su instrumento como pocas veces he escuchado y visto, me dejó bocabierto. Necesitaba esa dosis violenta de hardcore punk-thrash metal con todo y vestimenta chola en el escenario. Sólo me faltó mi paliacate ceñido a mi ahora cabello largo, aunque el vocalista Mike Muir ahora esté panzón y calvo.

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También volver a ver a los brasileños de Sepultura fue grato, como igual los gringos de Suffocation, quienes con su brutal death metal me dejaron un rato noqueado en el True Metal Stage. Fue un sábado intenso, muy desgastante en términos fisiológicos, por las largas caminatas, la falta de comida y líquidos ante un desértico bello Sol, por lo que poco faltó para que pidiéramos una sala de Urgencias médicas para personajes de la Tercera Edad Melómana. La pandilla con la que andaba ese día eran los inseparables hermanos Reyes Zúñiga de Iztapalapa, además de nuestro invitado especial Eulalio Victoria, un camarada de la UNAM con el que viví muchos años de verdadera esencia roquera, con todo lo que eso implica de excesos con diversas sustancias en la década de los años 90. En serio, nos mantenemos vivos para este tipo de trajines, pero ese día por la nomenclatura del metal y las exigencias propias de ir tras las bellísimas, frondosas y exquisitas féminas tatuadas hasta donde no, conllevaba una disciplina deportiva de alto rendimiento de la que finalmente salimos airosos.

Luego llegó el momento de la noche para nosotros, ver a la bruja de La Bondojito, Hermelinda Linda, perdón al señorón Dee Snider, vocalista de Twisted Sister en el Hell Stage, el escenario principal con una agrupación que tuvo de baterista al ya conocido y querido por todos nosotros Mike Portnoy, del que Snider dijo que ya toca cada fin de semana en México con diferentes proyectos, todos buenos por cierto. El veterano cantante de 61 años de edad, que se conserva de envidiable forma y con un vozarrón que ya quisieran muchos metaleritos, hizo y deshizo en esta primera y única visita a la CDMX (se presentó una vez con Monterrey hace años).

Por supuesto Twisted Sister cantó los éxitos por todos conocidos de la década de los años 80, cuando el glam metal era la neta: ‘We’re Not Gonna Take It’ (de la que muchos gustó interpretaran la parodia mexicana a esa rola bajo el concepto de ‘Huevos con aceite’. A mí me divirtió francamente), ‘I Wanna Rock’ y la contundente ‘The Price’, entre otras memorables. Ya para terminar, les digo que las actuaciones que más gustaron a las masas fueron Ghost, Rammstein (los cabeza de cartel de este año y lo hicieron de maravilla), Epica y por supuesto, los ya mencionados Twister Sister, con lo cual esta edición del Corona Hell and Heaven Metal Fest cubrió las expectativas. Cada uno de los asistentes puede dar su versión y todas serán válidas porque hay mucho por contar. Cada banda merece su propia crónica y su propia historia. ¡Hasta la próxima!

Felix Morriña, periodista especializado en temas artísticos y culturales, colaborador de Apocaliptic.com

Felix Morriña, periodista especializado en temas artísticos y culturales, colaborador de Apocaliptic.com

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