“Tuntankamón, la tumba, el oro y la maldición” en el Museo de Bellas Artes de Toluca

Reporte de: Felix MorriñaApocaliptic.com
Fotos: Darío Priego/Apocaliptic.com

Toluca, Edoméx, jueves 16 de marzo del 2017.- Del 17 de marzo al 17 de septiembre, el público interesado podrá conocer la exposición “Tuntankamón, la tumba, el oro y la maldición”, el más grande descubrimiento arqueológico del siglo XX a través de reproducciones elaboradas por expertos de la Toscana italiana, con materiales de oro, plata y cobre, así como piedras semipreciosas. Las piezas fueron creadas a partir del cierre al público de la tumba original del faraón Tuntakamón en el Museo de El Cairo por parte de las autoridades gubernamentales de Egipto.

Para el director general y principal curador de la exposición “Tutankamón, la tumba, el oro y la maldición”, el italiano Lorenzo Cantini, traer una de las muestras más representativas de la cultura egipcia al Museo de Bellas Artes de Toluca forma parte de las publirrelaciones entre los diversos sectores culturales de los tres niveles de gobierno, por lo que aceptó la oferta de exhibir en el altiplano mexiquense las más de 200 reproducciones de los tesoros encontrados en la tumba del faraón Tut, descubierta en 1922 por el arqueólogo Howard Carter.

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Previo a su llegada a Toluca, la exposición estuvo exhibida en Monterrey y la Ciudad de México (CDMX) y tras concluir su tiempo, hubo peticiones de prolongar su estancia, pero el experto en este tipo de curadurías mencionó que aprovechó la oportunidad de colocarla en el Museo de Bellas Artes de Toluca por tener las condiciones óptimas y por la cercanía con la capital del país, por lo que invitó a todos aquellos que se quedaron con las ganas de verla en la CDMX a que hagan el viaje de una hora a Toluca para apreciarla en su esplendor.

A través de la Asociación Civil History Time, Cantini decidió traer a México las réplicas de la máscara funeraria; los sarcófagos antropomorfos de oro; las 10 estatuas antropomorfas; el set con la representación del proceso de embalsamiento; la reconstrucción completa de la tumba y la cámara funeraria; la momia con toda su colección de joyería; los dioramas del descubrimiento y la momificación; la leyenda de la maldición y 15 piezas originales de la época.

Lo que Cantini no pudo traer de Italia a su recorrido por México fueron algunas momias, por lo costoso, porque no consiguió quién pagara los seguros y porque no había condiciones para exhibirlas en todos los espacios museísticos del país.

El Museo de Bellas Artes de Toluca abre sus puertas de martes a domingo de 10:00 a 18:00.

Réplica de la momia de Tuntankamón

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Trece capas de lino envolvían la momia del rey, 143 joyas y amuletos se encontraron entre los pliegues de las telas cuyo fin era proteger la transformación del faraón de la muerte a la inmortalidad. Detrás de la majestuosa y bella máscara con la que fue enterrado se ha descubierto que el rey egipcio tenía dientes de conejo, caderas anchas, una severa cojera y un pie zambo (un defecto de nacimiento que provoca que las extremidades inferiores estén torcidas o invertidas hacia dentro. La evidencia de las limitaciones físicas del rey Tut también fueron respaldadas por 130 bastones usados que fueron usados en su tumba.

La maldición de Tuntankamón

Casi tan famosa como el descubrimiento mismo de la tumba de Tuntankamón es la creencia de que estaba protegida por una poderosísima maldición. Howard Carter y Lord Carnarvon profanaron por primera vez el sepulcro del joven faraón Tuntankamón, el 26 de noviembre de 1922; ninguno le dio importancia a la inscripción situada en la entrada de la tumba que decía: ‘La muerte recogerá con alas ligeras a aquél que toque la tumba del faraón’. Es más, Lord Carnavon decidió tapar la inscripción y los trabajos de recuperación de los tesoros de la tumba continuaron tranquilamente.

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Muy pronto la maldición pareció hacerse realidad: la noche del 5 de abril, Lord Carnavon, debido a que un mosquito insignificante lo picó estando dentro de la tumba un mes antes, falleció repentinamente y, esa misma noche, también su queridísima perrita Susie, murió sin razón aparente. La muerte de Lord Carnavon  fue sólo el principio de una cadena de muertes increíbles. A los dos meses, su hermana murió de septicemia; el millonario estadounidense G.J. Gould, quien estaba interesado en comprar objetos arqueológicos, murió de una fiebre imprevista a las 24 horas que Carter le había enseñado la tumba y los tesoros de Tuntankamón.

Después, y siempre de manera incomprensible, murieron Arthur Mace, asistente de Carter, así como el príncipe Ali Kamal Fahmy que también visitó la tumba y un guardia del museo que estaba etiquetando algunos hallazgos de la vestimenta fúnebre. Extrañamente el que había profanado la tumba de Tuntankamón, Howard Carter no tuvo una muerte prematura, es más murió a la edad de 66 años en 1939.