Columna AL TANTO… Tentaciones regulatorias de cara al proceso electoral

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José Antonio Ortega

Un apagón informativo como toda respuesta. Como señal inequívoca de que no admiten regulaciones. Mucho menos si estas llevan un pago implícito. Porque el negocio es suyo. Ellos tienen reglas propias. Son reacios a la regulación de cualquier gobierno.

No permiten injerencia alguna. Anuncian su postura con un apagón que dejó sin noticias a 16 millones de australianos. Sin poder acceder a la información de medios locales o globales en sus cuentas de Facebook. De un plumazo se dejó de informar a los usuarios.

Todo porque el gobierno de Australia anuncia una nueva ley. Un ordenamiento que les obligaría a pagar por las noticias que comparten sus usuarios. La respuesta es contundente. Bloquear esos contenidos, por los que se les exige paga, y asunto arreglado. Cortan de tajo con cualquier tipo de atadura.

Una acción como esa viene a sentar un precedente. Parece anunciar la estrategia a seguir. La clara muestra del poderío de la empresa de Mark Zuckerberg. Un aviso de que los apagones informativos podrían ser la ruta a seguir. ¿Eso harían en México? no lo sabemos. Pero la duda, flota en el ambiente.

Sobre todo en un país como el nuestro. Que transita a un nuevo tiempo. El tiempo mexicano que se teje en las redes sociales. Poderoso ecosistema de información que influye en la vida de todos. Que capta la atención de 80 millones de compatriotas. Internautas cotidianos de las plataformas creadas por: Google, Apple, Amazon, Facebook y Microsoft.

Ahí están. Los últimos acontecimientos. Los momentos que marcan la historia. Íntimamente vinculados al espacio virtual. Casi todo pasa por: Facebook, You Tube, Twitter e Instagram. Aplicaciones que reflejan el sentir de la gente en todo el orbe. En todos los idiomas, en todas las culturas.

Espacio plural e inmenso. Abierto a la libertad de expresión. Redes que no escapan al flujo indiscriminado de información. Como tampoco a los riesgos que ello conlleva. La infodemia y la manipulación. El engaño. Porque en el ciberespacio se dan cita la arenga, la discusión y el debate. Los acuerdos y desacuerdos. El contraste y la confrontación. Los encuentros y desencuentros.

Es el mundo virtual. Signo de nuestro tiempo. Lugar donde las noticias vuelan. Donde se informa y desinforma. En vivo, en tiempo real. Donde casi todos interactúan y comparten. Donde los videos, fotografías, y mensajes de 280 caracteres, van y vienen. Es un flujo incesante de información que satura y confunde al usuario.

Pero el control no es de nadie. Sólo del gigante tecnológico de Facebook. Con poder para dar y quitar el acceso a su aplicación. Una decisión –sin duda- que va más allá de lo privado. Que pasa por encima del derecho de acceso a la información, consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

Mientras tanto…

México se prepara para regular las redes sociales. La iniciativa del senador Ricardo Monreal quedó en suspenso. Pero se retomará en una semanas más. Es una propuesta que no caerá nada bien. Sobre todo porque  prevé multas de hasta 89 millones de pesos.

No gustará. Ya veremos en que termina. Podríamos ser candidatos para otro apagón informativo. Es deseable que no. Lo ocurrido en Australia no debe repetirse. Ninguna empresa privada debe controlar el acceso a la información. Las partes deberán encontrar un punto de acuerdo. Después de todo, el único afectado será el usuario.

De ello están conscientes los estrategas del marketing político. Saben que la batalla por los votos se dará en las redes sociales. Que los más de dos millones 200 mil contagios por Covid-19 obliga a hacer las cosas de otra manera. Los actos proselitistas solo engrosarán la mortandad. Más de 180 mil muertos por Covid-19, hasta ahora y contando.

En el terreno electoral no todo está en calma. Se encuentra en aparente pausa. En el periodo de intercampaña que marca la ley. Al interior de las organizaciones políticas se perfilan candidaturas. Se afinan los detalles para dar a conocer el veredicto final. Los que irán y los que no. Será inevitable el encono, la desbandada.

Pero el espacio público se llena. No existen vacíos. Colectivos feministas toman las redes sociales. Se manifiestan con la etiqueta #PresidenteRompaElPacto. Piden cambiar al candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero. Sacar de la contienda a Félix Salgado Macedonio con el hashtag #NingunVioladorSeraGobernador.

El Presidente evade el tema. Aflora su falta de empatía con el movimiento feminista. Se equivoca. Se limita a señalar que fueron los guerrerenses quienes eligieron esa candidatura. No el dirigente nacional de Morena ni sus cuestionadas encuestas. La decisión está tomada. Todo el apoyo para el polémico como impresentable político.

Por lo tanto…

Habrá que tomarse con calma los intentos por regular las redes sociales. Ponderar los tiempos legislativos. Calcular el efecto que tendría un eventual apagón informativo. Las consecuencias para el periodo electoral en curso. El sentir ciudadano ante una medida de esa magnitud. Se impone la prudencia.

Es evidente que esa regulación tendrá que llegar. No es el momento ni la circunstancia por ahora. Un desacuerdo afectaría a candidatas y candidatos. Les restaría posibilidades de comunicarse con los votantes. Los alejaría de “las benditas redes sociales”, frase acuñada por un exitoso candidato presidencial.

De lo que si es momento, es de rectificar. De analizar los pros y los contras de una candidatura que irrita. Que ofende a los colectivos feministas. Que genera acres críticas y que lastima la figura presidencial. De no hacerlo, pagarán el costo político en las urnas.

Esa revisión de posibles candidatos va para todos. Los partidos coaligados, Movimiento Ciudadano y los nuevos institutos políticos. Las élites partidistas deben dar paso a nuevos cuadros. Tomar en cuenta el sentir de sus bases. Olvidarse de los políticos de siempre. Entender que es el tiempo de los jóvenes.


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