El ciclista mexicano Isaac del Toro terminó en lágrimas la prueba élite varonil de ruta del Campeonato Mundial de ciclismo, disputada ayer en Montreal. Lo consumía la frustración de no haber cumplido el sueño de vestir el maillot arcoíris y proclamarse campeón del mundo.
Su quinto lugar, sin embargo, es un logro histórico para México: la mejor marca jamás conseguida por un ciclista del país y la segunda mejor de la historia para un representante de América Latina.
El Mundial de Montreal
La cita generó una enorme expectativa a nivel mundial, pues se trata del evento más importante del ciclismo entre naciones. Los mejores corredores del planeta llevaban semanas preparándose, y Del Toro tenía motivos para ilusionarse tras haber ganado el Grand Prix de Montreal en este mismo circuito un par de semanas atrás.
HISTÓRICO: Isaac del Toro gana el GP de Montreal; antesala perfecta del Campeonato Mundial
Como anticipábamos en la previa, el mexicano debía enfrentar múltiples desafíos, lo que dificultaba considerarlo un favorito. Aun así, la actuación del Torito fue memorable: mostró una gallardía y una valentía extraordinarias, atacó en varios momentos, salió a defender la posición cuando hizo falta y protagonizó una carrera emocionante y muy destacada.
Una carrera dura desde el inicio
La primera parte estuvo marcada por una fuga que llegó a acumular ocho minutos de ventaja, con nombres de peso como el del noruego Leknessund que integraba el grupo y Biniam Girmay, de Eritrea. La dureza del circuito del Mont Royal terminó por diluirla, y el pelotón los absorbió cuando aún restaban varias vueltas.
Después llegó otra fuga, esta vez protagonizada por Mathieu van der Poel, que empezó a agitar la competencia. Una escapada con un excampeón del mundo no podía ignorarse, así que el pelotón de favoritos se vio obligado a imponer un ritmo muy fuerte.
Algunos compañeros de Del Toro también hicieron su parte para reducir la distancia. Edgar Cadena llegó a encabezar la rueda del Torito durante varios kilómetros. Con todo, fue el propio Isaac quien tuvo que tirar del grupo por su cuenta para recortar diferencias y, con más de dos vueltas por delante, alcanzó la fuga y consiguió meterse en un selecto grupo de punta donde parecía tomar una buena posición.
El ataque de McNulty
En ese grupo viajaban figuras como Wout van Aert, Van der Poel, Remco Evenepoel, Matteo Jorgenson y Mads Pedersen, de modo que las amenazas abundaban. Pero fue uno de los outsiders quien dio el campanazo: el estadounidense Brandon McNulty se despegó a gran velocidad, buscando una victoria en solitario con más de dos vueltas por recorrer.
Quizá por no figurar entre los grandes favoritos, el resto se quedó mirándose, a la espera de que alguien hiciera el esfuerzo por alcanzarlo, y nadie aceleró con la firmeza que exige un campeonato mundial. McNulty fue ampliando la diferencia mientras el pelotón de favoritos solo se vigilaba entre sí, sin olvidar que se trataba de un ciclista brutal: ya había ganado en este circuito de Montreal el año pasado, fue cuarto en el Campeonato Mundial contrarreloj y acumula numerosos triunfos y logros.
Las vueltas finales
En los dos últimos giros hubo varios intentos de ataque. Giulio Ciccone y Ben Healy atacaron con gran valentía y por momentos lograron reducir la distancia y sacudir al grupo perseguidor. Del Toro también lo intentó en algunos tramos.
El ritmo que se impuso para dar caza a McNulty fue tan brutal que dejó completamente relegados a favoritos como Remco Evenepoel. Y también el brillante joven francés Paul Seixas, aquejado por intensos calambres, ni siquiera pudo terminar la prueba.
El Torito, en cambio, se mantuvo en el grupo perseguidor. Y aunque llegaron a divisar a McNulty en la distancia, no pudieron darle alcance, y el estadounidense se coronó como nuevo campeón del mundo.
Un quinto lugar histórico
El grupo de favoritos cruzó la meta 13 segundos detrás de McNulty. El veterano clasicómano australiano Michael Matthews entró en segundo lugar, y el excampeón mundial Van der Poel, en tercero. El estadounidense Quinn Simmons fue cuarto, y Del Toro, quinto, con lo que dejó atrás a cerradores de élite de la talla de Mads Pedersen y Tom Pidcock, que llegaron justo detrás de él.
El salto respecto al año pasado es enorme. Cabe recordar que en Kigali Del Toro fue séptimo, a casi siete minutos del campeón, Tadej Pogačar. Ahora se quedó a solo 14 segundos del título mundial; y a un segundo del podio.
Una hazaña sin apoyo institucional
La proeza es aún mayor si se considera que el ciclismo en México cuenta con un apoyo nulo de las autoridades nacionales. Incluso la incipiente Federación, que apenas recuperó el reconocimiento de la UCI, mantiene un desempeño pésimo: es incapaz de respaldar a los ciclistas, ni siquiera para tramitar sus visas.
Varios corredores que habían obtenido su pase al Mundial no pudieron participar por la ineptitud de las autoridades, que no les gestionaron el visado y los dejaron solos en el trámite. El principal ciclista que podía ayudar a Del Toro no pudo acompañarlo en los entrenamientos y llegó apenas unas horas antes de la competencia, cuando por fin se liberó su documentación.
A pesar de ello, Isaac del Toro, con el único respaldo de su familia y de lo que ha cosechado como gran astro del Team UAE Emirates, volvió a poner en alto el nombre de México, llenó de orgullo a la nación y demostró una vez más por qué es ya el más grande ciclista mexicano de todos los tiempos y uno de los más extraordinarios del planeta, con muchos años y triunfos por delante.
Del Toro no logró vestirse con el maillot arcoíris, pero su actuación es, en sí misma, un triunfo histórico. Quien lo lucirá el próximo año, la máxima gloria del ciclismo mundial, es McNulty, amigo y compañero suyo en el Team UAE Emirates.














