Este fin de semana los negociadores estelares del presidente Donald Trump, Jared Kushner y Steve Witkoff, se reunieron personalmente con los primeros mandatarios de Rusia y Ucrania, Vladimir Putin y Volodimir Zelenski.
El encuentro tuvo lugar primero en Moscú el día 5 de septiembre y, horas después, los enviados se trasladaron en tren hasta Kiev, donde sostuvieron un encuentro con el mandatario ucraniano. Se trató también de la primera visita a la capital ucraniana desde que Trump regresó a la Casa Blanca.
Se trata de un importante esfuerzo diplomático por tratar de recuperar la vía de diálogo que permita destrabar el conflicto bélico, que ya cumple cuatro años y medio. Aunque no se han revelado abiertamente los detalles de las conversaciones, tanto rusos como ucranianos ya han expresado parte de los acuerdos, que parecen ir encaminados a reconectar una ruta de diálogo para la resolución del conflicto.
Un plan sin detalles revelados
Mientras Witkoff se encontraba en Moscú, el presidente Trump reconoció que los negociadores viajaban con «una propuesta para terminar la guerra», según detalló la agencia AFP, confirmando así la existencia de un nuevo plan para acabar con el conflicto, aunque sin revelar todavía los detalles.
Cabe señalar que el tono de los acuerdos fue no solo cordial, sino también de total respeto y admiración hacia el mandatario ruso; en parte del diálogo que fue transmitido por agencias rusas, se escuchó a Witkoff afirmar ante Putin: «Estábamos sentados afuera hace un rato, yo, Jared, Kirill, Yuri, y estábamos hablando de que, cuando nos retiremos, tendremos todas estas increíbles historias y recuerdos, y la suya estará justo en la cima de todo.»

Cabe señalar que según declaraciones de Witkoff recogidas por Le Monde, en Rusia habrían externado disposición de reanudar negociaciones directas con Ucrania, no obstante que después de las elecciones a la Duma, que se realizarán a fines del presente mes.
Los negociadores se trasladaron posteriormente hasta Kiev en tren en el marco de un acuerdo de cese al fuego de tres días, pensado para permitir el avance de las negociaciones sin la amenaza inmediata de la guerra.
Kushner describió el acercamiento de Estados Unidos como un intento de conseguir un resultado ganar-ganar, que no solo permita detener los combates, sino también generar un marco que pueda conducir hacia una paz duradera, según declaraciones recogidas por AP.
Zelenski y las prioridades de Kiev
En Kiev se realizaron tres rondas de diálogo con los negociadores estadounidenses. Según palabras de Zelenski recogidas por Axios, se habría abordado la necesidad de reforzar la defensa aérea, así como un paquete de invierno y garantías de seguridad a largo plazo.
El ánimo, sin embargo, no parece del todo positivo. Tal como recogió el medio ucraniano Kyiv Independent, Zelenski reconoció que se espera que «la guerra continúe» pese a las negociaciones, señalando que este avance quizás solo busque abrir un periodo de diálogo «antes y durante el invierno», al tiempo que admitió que Ucrania se prepara para una posible nueva embestida invernal.
Esto ocurre pese a que se mantiene un duro enfrentamiento a lo largo del frente de batalla, con graves conflictos sobre el terreno: más de 1,000 soldados ucranianos estarían prácticamente rodeados en la región de Járkov, mientras continúa el avance ruso, que acecha cada vez más las ciudades de Kramatorsk y Sloviansk.
Zelenski también abogó por un nuevo proceso de diálogo que incluya a Gran Bretaña, Francia y Alemania, buscando confirmar garantías de parte de sus socios europeos. Asimismo, sugirió la posibilidad de llevar a cabo un nuevo proceso de diálogo entre Rusia y Ucrania, esta vez en Nueva York, en el marco de las Naciones Unidas, propuesta sobre la cual no ha habido confirmación de parte de Rusia.
Nuevo escándalo de corrupción
Este proceso diplomático avanza de forma paralela a un nuevo escándalo de corrupción en las más altas esferas de Ucrania. Tal como detalla la BBC, este lunes se confirmó la renuncia de Ruslan Kravchenko, fiscal en jefe de Ucrania, debido a un escándalo de corrupción vinculado con centros de llamadas ilegales en el país que presuntamente recibían su protección.
Se trata de una trama de lavado de dinero que también desfalcó a cientos de ucranianos en el extranjero, develada por la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU) y la Fiscalía Especializada Enticorrupción (SAP), donde se denunció que Kravchenko recibió dinero para proteger estos centros de llamadas, que realizaban estafas telefónicas y blanqueaban millones de dólares en activos. Según NABU, ese dinero se utilizó además para comprar propiedades, joyas y otros objetos de valor.
Desde días atrás había gran especulación sobre cuál sería el destino de Kravchenko, hasta que finalmente anoche emitió un comunicado confirmando su renuncia al cargo y negando las acusaciones. Zelenski no se ha pronunciado sobre este nuevo escándalo de corrupción, que una vez más alcanza a un alto funcionario de Kiev, todo esto en el marco de un creciente descontento en Ucrania.
En semanas recientes se han visto algunas de las protestas más masivas de los últimos años, denunciando precisamente la corrupción y la grave situación que asola a Kiev y gran parte de Ucrania.
🚨🇺🇦 MASSIVE PROTESTS IN KIEV!
Thousands take to the streets against Zelensky's regime!
Wait, crowds are "too dangerous" for ELECTIONS, but fine for protests?
People are FED UP with the lies! pic.twitter.com/CNkndDQ3Gd
— Global Dissident (@GlobalDiss) August 1, 2026
La situación en la capital también es delicada por el colapso de gran parte de la infraestructura de transporte público y por el temor extendido que mantiene a gran parte de la población durmiendo en las instalaciones subterráneas del metro ante la continua llegada de ataques militares.
The ceasefire is over. Kyiv residents are going down in the metro in expectation of another Russian shelling pic.twitter.com/v7ZkVZqy7d
— Iuliia Mendel (@IuliiaMendel) September 7, 2026
Tensiones internacionales
Este nuevo acercamiento entre Rusia y Ucrania se produce, además, en el marco de una nueva serie de tensiones a escala global. En horas recientes, Rusia se ha manifestado enérgicamente contra la construcción de nuevas instalaciones militares cerca de sus fronteras en territorio noruego, identificando estas acciones como una amenaza a su soberanía.
El conflicto con Noruega no es el único: también se han agudizado las tensiones con Alemania. Días atrás, el gobierno alemán ordenó el cierre de la Casa Rusa en Berlín y del consulado ruso en Bonn, como medida ante la supuesta implicación de Rusia en una serie de incidentes con drones en el aeropuerto de Leipzig —clave en la línea de suministro militar de la OTAN—, donde al menos dos drones con explosivos habrían causado daños menores en la infraestructura aeronáutica.
Rusia, no obstante, salió a desmentir categóricamente estas acusaciones, negando cualquier tipo de injerencia en los incidentes, y de forma recíproca ordenó el cierre de los centros culturales del Goethe-Institut en Moscú, San Petersburgo y Ekaterimburgo.
Incluso el expresidente ruso Dmitri Medvedev salió a criticar severamente estas acusaciones, señalando: «Berlín ha acusado a Rusia de un ataque no probado contra el aeropuerto de Leipzig, teniendo en cuenta el curso neonazi fuertemente rusófobo del actual liderazgo alemán. Esta invención es la forma más leve de castigo por sus pecados. Merecen un golpe directo contra todas las fábricas alemanas de equipos militares destinadas a la camarilla banderista, y muy probablemente también contra otros lugares en Berlín. Y sobre las amenazas de ese payaso loco contra la aviación civil en el cielo de Rusia, el jefe de Estado ya ha calificado estas amenazas como una solicitud del régimen banderista de terrorismo estatal. No se negocia con los terroristas, y se responde a sus acciones con una represalia equivalente.»
Alemania, Polonia y el desgaste político
Cabe señalar que estas acciones y amenazas del gobierno alemán contra Rusia se realizaron días antes de las elecciones de este fin de semana, donde finalmente el partido gobernante de Friedrich Merz recibió un duro revés, sufriendo una derrota contundente a manos del partido de ultraderecha AfD en la provincia de Sajonia-Anhalt.
Esta agrupación política de ultraderecha ha venido manejando un discurso que llama a dejar de destinar recursos a Ucrania y busca desalentar el conflicto contra Rusia. Este mensaje parece haber tenido amplia aceptación en gran parte de la población alemana, la cual ha terminado pagando los altos costos de los energéticos producto del conflicto que el gobierno alemán mantiene con Rusia, con quien rompió los acuerdos que se tenían para el suministro de gas natural, entre otros.
Alemania no parece ser el único gobierno que se está metiendo en problemas por mantener firme su postura de apoyo al gobierno de Kiev. Destaca también el caso de Polonia, donde las agrupaciones políticas antiucranianas están teniendo un crecimiento importante en semanas recientes. Esto se ve alentado por las acciones del gobierno de Kiev, que sigue enalteciendo figuras históricas neonazis como Stepan Bandera, quien cometió pogromos y otros crímenes de lesa humanidad contra minorías en Polonia, lo que continúa generando que la población polaca cuestione cada vez más la alianza de su gobierno con Ucrania.
Encuestas recientes revelaron que el sentimiento pro-ucraniano, que hace unos años era superior al 51%, ha caído ahora a menos del 30%, lo que incrementa la presión hacia el gobierno de Polonia y complica la situación para el gobierno de Kiev, que se mantiene aún en el poder a pesar de la presión política interna y de las múltiples manifestaciones y acusaciones de corrupción.
En todo caso, se espera que en las próximas semanas continúe un nuevo proceso de diálogo entre Ucrania y Rusia que, quizá —y solo quizá— pueda abrir la posibilidad de resolver el conflicto por la vía diplomática. De no ser así, todo indica que los rusos continuarán la desnazificación y el avance por la vía militar.














