Ofrece Pedro Aznar nostálgico y resonante recital en el Teatro de la Ciudad

Por: Felix Morriña/Apocaliptic.com

Llego puntual a la cita. Como muy pocos conciertos en mi existencia, no hubo gota etílica alguna en mi corpus. Esta vez decidí ver y escuchar a Pedro Aznar con la conciencia y la sangre limpias. Era una cita con mis fantasmas, guerreros, sueños y pesadillas. Pasadas las 19:15 del sábado 21 de abril, arriban al escenario del Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris” de la CDMX, Alejandro Oliva (percusión), Julián Semprini (batería), Coqui Rodriguez (guitarra), Fede Arreseygor (teclado) y el maestro, la estrella de la noche, el cantante y multiinstrumentista argentino, Pedro Aznar, para celebrar 35 años de carrera solista, con la gira “Resonancia”.

Como ya lo habíamos anunciado en una columna previa, Pedro Aznar celebró en una pequeña, pero efectiva gira por México, siete lustros de trayectoria solista, la cual empezó en 1982 cuando dejó al grupazo Serú Girán, ese donde militaban los geniales Charly García, Oscar Moro y David Lebón, para irse a estudiar a la Escuela de Música de Berklee. Luego vino la época con Pat Metheny Group, quien siempre se ha expresado de Pedro Aznar como de lo mejor que existe en habla hispana.

 

Fue un recital peculiar, solemne, gracias a la sencillez con la que se expresó Pedro Aznar a su fiel público mexicano, mayoritariamente adultos contemporáneos y músicos de gran nivel de la escena nacional. Luego de la rola introductoria, en la que se apoyó de una pantalla al fondo del escenario, en la que se proyectaban imágenes de un tren a alta velocidad, el maestro dio a conocer el contexto en el que se desarrollaría el concierto, en el que tocaría dos rolas de cada uno de sus 18 discos grabados en plan solista, así como un par del nuevo EP que lleva el título de la gira, bajo el formato cronológico para que los asistentes tuvieran la mayor información auditiva de su trabajo creativo en todo este tiempo.

Para los que no sabían mucho de Pedro Aznar, este recital fue idóneo porque tuvieron acceso directo a las aportaciones del argentino. Algunos presentes mostraban ansiedad porque querían en un solo bloque las rolas pegadizas y exitosas que todos sabemos de Pedro Aznar, pero era su fiesta y había que ser pacientes. Para este “Servibar y amigo”, fue grato escuchar por vez primera las piezas compuestas para el séptimo arte argentino en un bloque cinematográfico, en la que escuchábamos las bellas obras, al mismo tiempo que veíamos fragmentos de las cintas.

 

También fue grato escuchar la musicalización de poemas de Jorge Luis Borges en esa especial velada. Para cuando Aznar comenzó a cantar ‘Rencor’ del disco “Ahora” del 2012, este interlocutor quería salir corriendo del Teatro de la Ciudad. Es una obra que en este momento me significa, me representa, me conmueve hasta el enojo por la pérdida, por no saber cómo proceder y no poder consolar al ego lastimado: “Estás preso del rencor porque un viejo amor llevó sus besos a otro lado/ Estás lleno de temor de que lo más dulce siempre acabe en otro plato/ Pero igual sabiendo que no puede ser…/ Hiciste una trinchera de ilusión./ Y al final tu ego lastimado es la prisión más atroz/ Estás amargo y gruñón por no soportar que no todo sea a tu modo/ Buscás tener el control, no sabés soltar/ Y ya empezó a subir el lodo/ Pero igual sabiendo que no hay más que hacer/ Hiciste una barrera al corazón./ Y al final tu ego lastimado… te va a matar de dolor…”.

El momento más efusivo de la noche fue cuando cantó ‘Mientes’, esa canción que hiciera con otro genio, Charly García. Las imágenes de ambos en la pantalla de soporte, nos hicieron recordar momentos valiosos, brillantes y muy emotivos de aquella época que nos marcó en definitiva. “Mientes y yo puedo atestiguar/ Mientes y ni te hace falta hablar/ Mientes y adoras verme llorar./ Callar ya no te redimirá./ Si la culpa de todo me has de echar/ Y hasta el fuego pretendes congelar./ No quiero estar…/ Cuando miro adentro tuyo/ Me asusto de lo que hay./ Cuando veo tus ojos y no estás/ Si mis lágrimas de amor/ Te alejan cada vez más./ ¿Es que de verdad no hay nada?/ ¿Será que esta vez es el final?/ Mientes, no paras de hacerme mal/ Callar ya no te redimirá…”.

Lo mismo sucedió cuando llegó el momento de escuchar a todo volumen ‘Tu amor’, de la mencionada mancuerna del rock argentino. Aunque sea el fin del amor, bien vale la pena seguir amando a esa persona de otra manera: “Yo quise el fin y había más/ Yo quise más, no había fin/ Lo que yo quise encontrar/ Estaba atrás y no aquí./ Desde las sombras no vi las/ Sombras y no vi luz/ No voy a llorar/ Si nadie me acompaña/ No voy a dejar ni un camino sin andar/ Aunque sea el fin del amor/ Yo he visto el fin del disfraz/ Yo quiero el fin del dolor/ Pero no hay fin siempre, hay más./ No existe sombra,/ No existe culpa/ No existe cruz./ No voy a esperar/ Las caras que yo extraño./ No voy a esperar/ Que el destino hablé por mí…”.

Al terminar el maravilloso y sentido recital, salgo por los circulares pasillos del Teatro de la Ciudad con la “Esperanza en el Iris”, escondiendo lágrimas y penas amorosas de toda la vida. Abrazo con mucho afecto a mis camaradas, amigos y artistas (no vaya a ser que no tenga tiempo de despedirme antes de morir), entre ellos, al maestro periodista y músico Xavier Quirarte; al afable músico y crítico musical, Fernando Rivera Calderón; al ex guitarrista de los Caifanes, Alejandro Marcovich, y a mi hermanita Ana Torres, con quien viví a unas calles de ese hermoso teatro de la megalópolis. ¡Me pide respuestas a muchas preguntas y logro escapar de ella!

Miro hacia la barra llena de botellas y suspiro profundamente. Veo a distancia la mesa de venta de la discografía de Pedro Aznar, porque sé que si me acerco termino gastando lo que no tengo. No aguanto más y salgo caminando sin aparente rumbo fijo. La lluvia arrecia y eso ayuda que lágrimas se mezclen con agua ácida de cielo. Cruzo Palacio de Minería durante los preparativos del primer debate entre los candidatos a la Presidencia de la República y no volteo a los llamados de los colegas. No quiero me vean. No quiero hablarles. ¡No quiero nada!

Paso por mi amado Palacio de Bellas Artes y de bote pronto sale la nostalgia del porvenir. Empapado comienzo a tararear un fragmento de ‘Quebrado’ (“… Mi seguridad no alcanza/ Una lanza abrió un costado/ Detrás de esta máscara/ Hay un chico asustado/ ¡Quebrado!/ ¡Quebrado!/ Miedo de morir/ Antes de saber vivir…”). Sé falta mucha travesía aún para mi regreso al altiplano mexiquense. Tomo asiento en una banca para mirar la Torre Latinoamericana mientras todos evitan mojarse y vuelvo a la canción nodal de esta velada: ‘A cada hombre, a cada mujer’, una hermosísima pieza de Pedro Aznar, la cual cantó, mejor dicho susurró a capela con guitarra acústica en medio del escenario y casi encima del respetable que alababa el cierre del recital de dos horas 15 minutos.

Jamás imaginé ver y escuchar esta inmejorable canción de esta manera, sólo Pedro Aznar lo puede hacer. Sin necesidad de un sistema de audio, la voz del maestro y su madera hecha guitarra, se oyeron en cada rincón del Teatro de la Ciudad. Pidió al público silencio absoluto para que la magia sucediera, y pasó más que eso, todos suspiramos y nos metimos en nuestro propio pasado, en nuestro corazón, en nuestra salvación. Lloramos hacia dentro, ahogando llanto, como rezo al muerto amado.

No sé cuánto tiempo pasó, ni cómo llegué a casa, sólo sé que caminé, caminé y caminé sin cansancio susurrando: “Yo canto para alcanzarte/ Atravesando todo el azul/ Yo canto para mostrarte que sangro igual que vos/ Y está oscuro en esta cárcel./ Que soy desde que tengo memoria/ Y está ciega mi mirada/ Sin tu luz./ Yo canto para abrazarte./ Porque encenderte ya no me basta/ Yo canto para librarme/ De las cadenas negras de ideas y palabras/ Que trazan una línea en el agua./ Dividiendo lo indivisible/ Vos y yo/ Uno y uno y/ Uno en uno y/ Uno a uno y/ Todo en uno en mí./ Uno y uno y/ Uno en uno y/ Uno a uno y/ Todo en uno en ti./ Yo canto para escucharte/ Porque tu voz es la melodía./ Canto para nombrarte/ En incontables nombres y rostros y señales,/ La gota de agua, el pan, los trigales,/ Reflejando cada espiga./ Todo el sol./ Reflejando cada espiga/ Todo el sol./ Reflejando cada espiga/ Todo el sol./ Uno y uno y/ Uno en uno y/ Uno a uno y/ Todo en uno en mí./ Uno y uno y/ Uno en uno y/ Uno a uno y/ Todo en uno en ti”.

¡Dios, sigo ‘Quebrado’, pero gracias por la terapia musical amorosa querido Pedro Aznar! ¡Muchas gracias!

https://www.youtube.com/watch?v=f73WxRgCKY4&index=10&list=PLCvVvzuWSLzlxwuWsJov3t5QH52ss9Wqm

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