Columna VERDADES MENTIROSAS: ENTREGA DEL OSCAR… FARSA ESTELAR

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“EL OSCAR ES UN DESFILE DE MERCANCÍA DE DOS HORAS DE DURACIÓN,

ME NIEGO A SER MERCANCÍA”.

             GEORGE C. SCOTT

  Gerardo Lara 

Se    acerca la 93 entrega del OSCAR el premio cinematográfico por excelencia, ganarlo significa ante los ojos del público la confirmación de la calidad de una película y de sus valores de producción, pocas cosas son tan seguras en el imaginario popular como el hecho de que “si ganó un OSCAR debe ser buena”.

 La estatuilla de  metal de Britania chapada en oro sobre una base metálica negra, que muestra a un caballero desnudo, al estilo art déco, fue diseñada por Cedric Gibbons que usó como modelo al inmenso Emilio Indio Fernández; es la cumbre de las carreras de los “hacedores” de cine, sueño fecundo de las juventudes cineastas y es piedra angular en la mercadotecnia cinematográfica, representa el poderío de Hollywood y su industria.

La fastuosa ceremonia es la ventana a través de la cual el “público” se asoma al glamour de las “estrellas”. Participará durante horas frente al televisor del trance hipnótico, del gran show: nominaciones, ternas, ganadores agradecidos y emocionados, en un serial de autocomplacencia cada vez más anacrónico y retrograda que extiende su modelo al mundo entero.

El OSCAR nace en 1929 en plena transición al cine sonoro, su nombre es un sinsentido en cualquiera de las versiones; que si fue en honor de Oscar Nelson el primer esposo de Bette Davis, que si la secretaria ejecutiva de la Academia, Margaret Herrick, cuando vio la figurilla exclamó su parecido al “tío Oscar ”o que Eleanor Lilleberg, secretaria ejecutiva de Louis B. Mayer, quien al ver la estatuilla dijo: “¡se parece al rey Óscar II!». En cualquiera de las referencias el nombre es un sin sentido, como el premio en sí mismo y que después de 92 años tiene un agrio sabor a caducidad.

El concepto mismo del premio es arbitrario, implanta competencias falsas como si estuviésemos hablando de un evento deportivo, ¿Cómo puede competir una película con otra? Si cada una es una obra en sí misma; el despropósito es mayúsculo: Ciudadano Kane compitiendo contra Que verde era mi Valle. Grease contra The Deer Hunter, Cabaret vs EL Padrino, Cantando Bajo La Lluvia con El Mayor Espectáculo del Mundo, EL Mago de OZ VS Lo que El Viento se Llevó, Rocky contra Taxi Driver o Pulp Ficción contra Forrest Gump, nada como el OSCAR para buscar un ejemplo de “estupidización consensuada”. Con razón Woody Allen declaró: “El concepto mismo de los premios es una tontería”.

Si la competencia entre películas es a todas luces un despropósito, el colocar como adversarios entre sí a directores, directoras, actrices, actores, directores de arte, músicos, sonidistas o editores, raya en el absurdo, no hay parámetros para poner a competir a una actriz o a un actor que están creando personajes exprofeso, es a todas luces una imposición arbitraria subjetiva y  trivial a la que se sujeta la industria entera,  pues incluso se apropiaron de la potestad de elegir a la “mejor película extranjera”.

Alfred Hitchcock jamás ganó un OSCAR y siempre perdió ante directores tan disímbolos como John Ford, Leo McCarey, Billy Wilder, Elia Kazán. En perspectiva puede apreciarse el patetismo de una disputa artificiosa entre gigantes.

Marlon Brando: “rechazo el premio porque hay una singular falta de honor en este país y porque su Gobierno convierte en objetos a sus ciudadanos”.

No es fácil despreciar, rechazar o simplemente ser indiferente al premio pues la ceremonia anual es literalmente el “gran escaparate”, pero siempre se han manifestado voces discordantes, algunos más radicales que otros; destaca el desprecio paradigmático  de  Marlon Brando al OSCAR que ganó por EL PADRINO,  para el que mandó a rechazar el premio a la actriz/ activista  Sacheen Litttefeather (Pequeña Pluma), arguyendo el maltrato sistemático de Hollywood a los apaches y contra el sitio de Wounded Knee(rebelión apache reprimida), cabe citar el telegrama que envió Brando a la Academia rechazo el premio porque hay una singular falta de honor en este país y porque su Gobierno convierte en objetos a sus ciudadanos”.

G.C. Scott

G.C. Scott rechazó el Oscar por su magistral actuación en PATTON, aduciendo que “es un desfile de mercancía de dos horas de duración“. Paul Newman no asistió a la ceremonia cuando por fin ganó a sus 80 años, estipuló sabiamente: “Es como perseguir a una mujer hermosa durante 80 años. Finalmente, ella se rinde y tú le dices: Lo siento muchísimo. Estoy cansado

En 2003, Peter O’ Toole se convirtió en la primera persona en rechazar un Oscar honorífico. Durante 44 años, fue nominado ocho veces en la categoría de mejor actor y nunca ganó. Escribió una carta dirigida a la Academia en la que decía: “sigo estando en el juego y todavía podría ganar descaradamente al adorable cabrón. ¿Podría la Academia aplazar ese honor hasta que tenga 80 años?”

Luis Buñuel ganó a mejor película extranjera por El Discreto Encanto de la Burguesía” pero no recogió la estatuilla y declaró desde Madrid “El OSCAR me tiene sin cuidado “. Terrence Malick nunca ha asistido a sus nominaciones y la actriz más premiada Katherine Hepburn jamás asistió a recoger sus “OSCARES”. El gran actor Albert Finney fue nominado 5 veces y no ganó nunca por lo que manifestó en una entrevista “Me interesa actuar, los premios son secundarios, el OSCAR es para esnobs”.

Lo que un día fue glamour se convierte cada vez más en cursilería, aquello que otrora fue emotivo raya ahora en el ridículo, lo que era boyante es hoy en día decadente y más aún con las cuotas de género, raciales y de todo tipo, impuestas por la neo censura; el que fuera un desfile álgido de “mercancía”, es ahora una Pasarella lacrimógena de moralina y llamados a la corrección política.

Sin embargo, el público estará frente al televisor viendo y escuchando la 93 ceremonia de la estupidización consensuada.

 


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