La pedida de calaverita, una tradición ciudadana y colectiva, reúne a más de 20 mil personas en Izcalli Cuauhtémoc I, #Metepec

Publicada: Autor:
Comparte

En el municipio de Metepec son muchas las colonias donde prevalece esta costumbre que tanto agrada a los niños, quienes salen disfrazados a las calles para “pedir calaverita”, tradición combinada de manera muy natural con la fiesta de Halloween, sin menoscabar el sentido pagano y místico de ambas celebraciones, que nos acercan a la muerte de una manera divertida.

Algo muy importante es que se trata de una organización totalmente ciudadana, sin figuras políticas ni autoridades municipales de por medio, que logra concentraciones masivas, muy coloridas y ordenadas.

Izcalli Cuauhtémoc I, punto de encuentro de miles de familias

Destacamos en esta ocasión la colonia Izcalli Cuauhtémoc I, donde se ha reportado la presencia de hasta 20 mil personas recorriendo el corredor comercial principal. En este sitio, establecimientos tan antiguos como la propia colonia y negocios de reciente apertura han convertido uno de los tramos principales del Circuito Cuauhtémoc en un punto de reunión para disfrutar en familia de esta costumbre de disfrazarse y recibir golosinas y obsequios de los vecinos.

Con antelación, los habitantes y comerciantes se organizan para adornar la avenida que separa Izcalli I de Izcalli II y preparar los dulces, manteniendo viva una tradición que recuerda a los primeros pobladores, quienes llegaron hace más de medio siglo.

En aquel entonces, la colonia estaba rodeada de milpas y localidades cercanas como San Salvador Tizatlalli, San Jerónimo Chicahualco, el fraccionamiento multifamiliar de Infonavit San Francisco y la colonia Campesina. Con el crecimiento poblacional, estas zonas terminaron integrándose al entorno urbano, junto con nuevas colonias como Rancho San Lucas, Izcalli III, IV y V, y Las Marinas.

Una tradición que ha pasado de generación en generación

Con el crecimiento de estas comunidades también fue cobrando fuerza el popular festejo. Los niños, acompañados por sus padres, salían a solicitar dulces, mientras los comerciantes establecían una condición: llevar disfraz o, por lo menos, interpretar las canciones tradicionales para pedir calaverita.

Así se fue conformando un desfile de muertos y monstruos que, con el tiempo, incorporó representaciones cada vez más elaboradas.

Algunos vecinos recuerdan al señor Miguel Aguilar, quien en una ocasión organizó, junto con sus hermanas, hijos y sobrinos, una procesión completa con un ataúd de cartón en el que cargaban a un “muertito”. El recorrido incluía plañideras que lloraban a grito pelón por las calles y pequeños “calacos” que habían elaborado sus propias máscaras, faroles y adornos.

Otras familias se fueron sumando. Ya no solo los niños llevaban sus calabazas o chilacayotes vaciados y recortados, sino que padres, tíos, abuelos y abuelas también comenzaron a disfrazarse para disfrutar en grupo de las festividades de los fieles difuntos, recorriendo las casas de las nuevas colonias que fueron surgiendo con los años.

Miles de disfraces llenan el Circuito Cuauhtémoc

Hoy, aquel tramo del Circuito Cuauhtémoc se ha transformado en una avenida comercial y en el punto donde cada 31 de octubre se dan cita miles de calaveras, catrinas, vampiros, calabacitas, brujas, ángeles, piratas, dinosaurios y personajes del cine y la televisión.

Participan personas de todas las edades y, en años recientes, también ha aumentado notablemente la presencia de perritos disfrazados, en una celebración que refleja la creatividad, la unión familiar y la convivencia comunitaria.

En esta festividad no hay cabida para autoridades ni personajes políticos, a menos que aparezcan representados en algún disfraz. Su principal característica sigue siendo la convocatoria ciudadana y la organización vecinal.

Una celebración que crece cada año

Esta costumbre anual se ha consolidado como una tradición singular, cuya afluencia aumenta con el paso del tiempo. Entre las seis de la tarde y las once de la noche se ha registrado la presencia de al menos 10 mil personas, entre vecinos y visitantes atraídos por la algarabía y generosidad de los comerciantes.

Los establecimientos se esmeran en entregar a los niños caramelos, juguetes e incluso premios en efectivo por sus disfraces, fortaleciendo el ambiente festivo que caracteriza a esta celebración.

La jornada se desarrolla con el apoyo de la Policía Municipal para el cierre de la vialidad durante las horas convenidas, así como con medidas para evitar la venta de alcohol ese día.

De esta manera, la pedida de calaverita en Izcalli Cuauhtémoc I mantiene su esencia como una celebración organizada por los propios vecinos, que reúne a distintas generaciones alrededor de una tradición profundamente arraigada en la comunidad.


Comparte








Temas Clave