El conflicto entre Yemen y Arabia Saudita en Medio Oriente sigue escalando; los houthís de Ansar Allah siguen exhibiendo un poderío considerable y acumulando nuevos éxitos militares; mientras tanto, incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha salido a hacer declaraciones al respecto, afirmando «los houthís se están portando muy mal» y dejando entrever una posible intervención en el conflicto, ante las dificultades de Arabia Saudita para sostener una guerra que mantiene desde hace años contra el pueblo yemení.
Riad en jaque
Los enfrentamientos ya no se limitan al territorio de Yemen: alcanzan, de forma cada vez más persistente, el corazón mismo de la monarquía saudí.
Conviene recordar que Arabia Saudita lleva meses bombardeando Yemen y respaldando militarmente al gobierno en el exilio, aliado suyo, que gobierna desde Adén. Entre esos ataques figuran los brutales bombardeos contra el aeropuerto de Saná, en la zona controlada por los houthis. Los altos mandos de Ansar Allah advirtieron desde entonces que aquello abría la puerta a una respuesta contra instalaciones aeroportuarias saudíes; y vaya que la han llevado a cabo.
Solo en la última semana se han registrado cinco ataques que alcanzaron con éxito el Aeropuerto King Khalid de Riad. El más severo ocurrió el sábado 10 y, por sí solo, dejó al menos 13 muertos y más de 300 heridos. El impacto se produjo en una zona de pasajeros y sus imágenes dieron la vuelta al mundo a través de las agencias internacionales.
Al Arabiya shows footage of the moment yesterday’s Houthi attack struck King Khalid International Airport in Riyadh, including Umrah pilgrims preparing to board their flights before the strike. https://t.co/Gp2xPdmkuK
— Al Arabiya English (@AlArabiya_Eng) October 11, 2026
Desde entonces, las operaciones están suspendidas en la principal terminal aérea del país.
El ataque al aeropuerto principal de Riad no es cosa menor, se trata del ataque más letal contra cualquier país de los aliados del EEUU en el golfo desde que inició el conflicto regional, motivo por el cual incluso en medios occidentales de alto perfil, como el WSJ, se analiza la gravedad de la situación; donde no solo se da cuenta de reportes internos que refieren que los saudí están agotando la capacidad de sus sistemas antimisiles, sino que además el «príncipe» Bin Salmán, vive ahora con temor, y complicaciones mayúsculas de cumplir su objetivo de levantar la economía:
«El príncipe heredero, de 41 años, se desplaza entre palacios fuertemente custodiados y equipados con búnkeres, bajo la protección de un equipo de seguridad seleccionado personalmente, según informaron funcionarios al tanto de sus movimientos».
El domingo, otro proyectil alcanzó una pista y provocó un incendio que dejó más de 10 heridos y al menos un fallecido. Este lunes se anunció además una nueva prórroga en las operaciones del aeropuerto internacional mayor de Arabia Saudita, lo que que ha obligado a cancelar un promedio de 700 vuelos diarios.
Este lunes, los houthis anunciaron el lanzamiento de un nuevo misil balístico, que el régimen saudí aseguró haber destruido con sus sistemas antimisiles.
Aun así, la dinastía saudí anunció una investigación para determinar por qué fallaron sus defensas antimisiles el sábado; documentó la agencia AP. De manera preliminar se informó que, minutos antes, se había lanzado una gran cantidad de drones y misiles de menor capacidad, lo que pudo saturar los sistemas de defensa y permitir que un misil balístico de alto poder, tras recorrer más de mil kilómetros, impactara en Riad.
Footage released on Monday by the Saudi Media Ministry shows the moment of the strike at Riyadh’s airport on Saturday, where at least 13 people were killed and over 300 were injured. pic.twitter.com/aTW7WHvi0d
— The Associated Press (@AP) October 12, 2026
La respuesta de los houthis es, desde luego, una reacción al constante hostigamiento y a los bombardeos saudíes contra Yemen. El gobierno de Saná reportó este lunes que, solo en las últimas 24 horas, se contabilizaron 119 bombardeos y ataques sauditas contra distintas zonas del país, la mayoría dirigidos a áreas residenciales. Este martes se informó, además, de cinco mártires y 15 heridos tras una agresión saudita contra una escuela de niñas y un centro de salud en la subcomarca de Al Qahaf, en el distrito de Jabal Habashi, al suroeste de Yemen y no muy lejos de Taiz.
El portavoz militar de Yemen, Yahya Saree, indicó que este ataque al aerupuerto saudí por parte de las Fuerzas Armadas yemeníes, fue en respuesta a los 119 ataques aéreos y con misiles sauditas en las últimas 24 horas contra zonas civiles en Saná, Al-Jawf, Taiz, Sa’ada, Ma’rib, Lahj, Al-Bayda e Ibb.
La batalla por Taiz
Los houthis siguen demostrando que no son ninguna «minoría» ni un gobierno desprovisto de capacidad militar, sino todo lo contrario. Su poderío se ve reforzado por el alistamiento de cientos de miles de yemeníes en la guerra civil en curso, con el objetivo de recuperar la totalidad de su territorio y replegar a las fuerzas saudíes, que controlan no solo la ciudad de Adén, sede del gobierno disidente, sino también las principales áreas petroleras del país, ubicadas en la región suroriental de la península arábiga.
Durante buena parte del año no hubo cambios tan abrumadores en el control territorial. Sin embargo, en septiembre los houthis lanzaron una importante ofensiva con la que habrían recuperado más de 5,000 km² y ganado terreno en zonas estratégicas. Lograron llegar a la crucial isla de Perim y a toda la costa occidental de Yemen desde Mocha, que estaba ocupada por los saudíes, además de avanzar con fuerza hacia Adén.

Apoyados por grandes contingentes de voluntarios que se sumaron a sus Fuerzas Armadas, los houthis han conseguido avances importantes semana tras semana y, en días recientes, lograron aislar por completo la ciudad de Taiz. Se trata de un hecho crucial: Taiz es la segunda ciudad más poblada de Yemen, con alrededor de millón y medio de habitantes, y era, junto con Adén, uno de los principales centros urbanos bajo control del bando aliado de Arabia Saudita.

Los houthis no solo consiguieron ya el aislamiento total de la ciudad, sino que siguen avanzando en sus alrededores y se acercan cada vez más a los últimos focos de resistencia saudí. Ya empiezan a ascender por la cordillera montañosa que constituye prácticamente la última barrera natural de Taiz, una ciudad que además perdió el control de su aeropuerto y cuenta con escasa capacidad de reabastecimiento para evitar su caída.

Si finalmente los houthis liberan Taiz, más del 70 % de la población yemení viviría en territorio bajo control de Ansar Allah.
Una nueva coalición contra el avance houthi
Tras la ofensiva de septiembre, la monarquía saudí ha intentado tomar medidas urgentes para evitar la caída del resto del territorio que controla. En días recientes se anunció una nueva coalición militar con la participación de Turquía y Pakistán para frenar el avance houthi.
Cabe recordar que los houthis, junto con Irán, son los únicos que desafían militarmente a la coalición formada por la monarquía saudí e Israel, y que defienden con firmeza al pueblo palestino. En el Yemen houthi se celebran cada mes manifestaciones masivas, de hasta más de un millón de personas, en solidaridad con Palestina y en defensa de la dignidad, el territorio y la soberanía nacional.

Los houthis continúan siendo uno de los mayores ejemplos de resistencia frente a los principales poderes fácticos del planeta. No se limitan a solidarizarse de palabra, sino que también actúan por la vía armada: buscan infligir daños importantes a los cómplices de Israel y, al mismo tiempo, liberar a su propia nación del yugo saudí que persiste desde el inicio de la guerra civil.
No obstante, la agudización del conflicto mantiene latente la posible participación de más países, lo que podría volverlo aún más grave y mortífero.
Cabe señalar también, que el portavoz houthí Mohammed al-Bukhaiti, anunció este lunes que Yemen estará apoyando cualquier acción destinada a derrocar a la monarquía de Mohammed bin Salman; respondiendo así también al régimen saudí, con la misma estrategia de desestabilización que ellos han impulsado en otros países, y buscando también aprovechar el descontento interno que de igual manera continúa creciendo contra la monarquía en Arabia Saudita.














