Un grupo de científicos mexicanos publicó hoy, 26 de mayo de 2026, en la revista Economía, Sociedad y Territorio del Colegio Mexiquense A.C., una propuesta para crear un sistema de áreas naturales protegidas y corredores biológicos e hidrológicos que podría salvar el abastecimiento de agua de más de 23 millones de personas en el centro del país.
El Bosque de Agua: un tesoro invisible bajo amenaza
Enclavado entre las serranías del Chichinautzin, el Ajusco y las Cruces, conectando con la Sierra Nevada y el Nevado de Toluca, existe una región forestal que los habitantes de la Ciudad de México, Cuernavaca y Toluca rara vez mencionan, pero de la que dependen vitalmente para tener agua en sus hogares. Se llama el Bosque de Agua, y según un nuevo artículo científico firmado por Fernando Jaramillo Monroy (Comisión Estatal de Biodiversidad de Morelos), Úrsula Oswald-Spring (Universidad Nacional Autónoma de México), Amilcar Morales Gamas y Mario Ledesma Arreola (ambos del Centro de Investigación en Ciencias de Información Geoespacial, CentroGeo), está en serio peligro.
La investigación, publicada hoy bajo el título «Sistema de áreas naturales protegidas y corredores biológicos e hidrológicos del Bosque de Agua (Sanba)», propone la creación de un sistema integral —denominado Sanba— para proteger esta región y garantizar la sostenibilidad hídrica de la Megalópolis del Centro de México (MCM).
Una crisis de agua que ya llegó
Los números del estudio son contundentes. Los 11 acuíferos que se recargan gracias al Bosque de Agua —y que abastecen a la mayor parte de la población de la MCM— extraen actualmente 34.78% más agua de la que se recarga cada año. El acuífero de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México es el más sobreexplotado del país: recibe una recarga de 512 hm³ anuales, pero se extraen 1,020 hm³, es decir, casi el doble.

Lejos de mejorar, la situación se agrava porque las zonas de recarga de estos acuíferos —las partes altas y medias de las serranías— están siendo deforestadas y cubiertas de cemento por la expansión urbana. La megalópolis está, en palabras de los autores, «hipotecando su viabilidad ambiental y de desarrollo sustentable».
Una biodiversidad de talla mundial en 0.4% del territorio nacional
Más allá del agua, el Bosque de Agua alberga una riqueza biológica extraordinaria. Aunque representa apenas 0.4% del territorio nacional, concentra cerca del 2% de todas las especies de flora y fauna del mundo. En sus ecosistemas habitan el 14% de las plantas y hongos de México, el 14% de sus vertebrados y unas 325 especies endémicas, es decir, que no existen en ningún otro lugar de la Tierra.
La región abarca tres de las cinco zonas ecológicas del país y ocho de sus diez tipos de vegetación, y es refugio invernal de decenas de especies de aves migratorias. Sin embargo, en los últimos cincuenta años ha perdido 35% de su cobertura forestal, mientras que sus zonas urbanas han crecido un 400%.
La propuesta: Sanba, un nuevo sistema protegido de 807,060 hectáreas
El corazón del artículo es la propuesta del Sanba: un sistema de áreas naturales protegidas (ANP) y corredores biológicos e hidrológicos que cubriría 807,060 hectáreas en los estados de México, Morelos y la Ciudad de México. Esta nueva poligonal —elaborada con la participación de 29 especialistas en un proceso de cartografía participativa entre 2020 y 2023— casi cuadriplica el polígono original de 250,000 hectáreas del Bosque de Agua.

El sistema integraría 65 áreas naturales protegidas ya existentes (14 federales, 51 estatales, 4 comunitarias y 2 municipales), que en conjunto cubren el 58% del territorio propuesto. Para los espacios restantes, los investigadores proponen el establecimiento de 19 corredores biológicos e hidrológicos que sumen 339,716 hectáreas adicionales y generen conectividad entre las ANP, extendiéndose hacia la Sierra Nevada al oriente y hacia el Nevado de Toluca al poniente.
Las voces del territorio: qué dijeron los actores clave
Para construir su propuesta, el equipo no se limitó al análisis técnico. Entre abril y junio de 2023 entrevistaron a 20 actores clave —académicos, funcionarios, empresarios y representantes de organizaciones civiles de los tres estados— obteniendo 329 respuestas sobre el proceso de planificación y gestión del Sanba.
Las críticas fueron directas: si el Sanba se impone por decreto gubernamental, «difícilmente va a funcionar: va a ser un conflicto y un fracaso seguro», advirtieron los entrevistados. Señalaron también que el crimen organizado vinculado a la tala ilegal avanza sin freno, que los ordenamientos ecológicos territoriales «ni se conocen ni se aplican», y que los gobiernos carecen de recursos y voluntad para hacer cumplir la ley.
Pero también surgieron propuestas constructivas. Los actores coincidieron en que la solución debe venir de los propios dueños de la tierra —ejidos y comunidades indígenas—, con estrategias económicas que hagan rentable la conservación. Propusieron campañas de concientización, pagos por servicios ambientales financiados por los habitantes urbanos que se benefician del agua, y la creación de corredores a lo largo de ríos y barrancas, que al ser en parte zona federal resultan más fáciles de proteger.
Un entramado legal roto que urge reparar
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es el caos normativo que rodea al Bosque de Agua. Los investigadores identificaron contradicciones, vacíos y omisiones entre los instrumentos que regulan el uso del suelo, el agua y la biodiversidad: en muchos municipios, un instrumento permite la urbanización donde otro ordena conservación. Los programas de ordenamiento ecológico llevan años sin actualizarse. Las instancias de participación ciudadana existen en el papel pero no sesionan. Y la urbanización ilegal dentro de las propias ANP sigue avanzando sin consecuencias.
Fernando Jaramillo Monroy, director general de la Comisión Estatal de Biodiversidad de Morelos y autor de correspondencia del estudio, ha señalado en investigaciones previas la necesidad de gestionar el territorio con base en los límites de las cuencas hidrográficas, no en los límites políticos. El nuevo artículo refuerza esa visión: los límites de las cuencas no respetan fronteras estatales, pero la coordinación interestatal e interinstitucional sigue siendo la gran asignatura pendiente.
Una propuesta con plazos concretos
Los investigadores no se quedan en el diagnóstico. Proponen una hoja de ruta con tiempos definidos: en el corto plazo (uno a dos años), elaborar y consensuar la propuesta del Sanba en sus aspectos técnicos, legales, políticos y sociales; en el mediano plazo (tres a cinco años), establecerlo, ponerlo en marcha y comenzar a evaluarlo.
Entre las herramientas legales disponibles, el equipo señala los artículos 3, 29 y 30 de la Ley General de Cambio Climático, que permiten emitir decretos para crear corredores biológicos e hidrológicos, y las reformas recientes a la LGEEPA que obligan a considerar cuencas hidrográficas en los ordenamientos territoriales. El estado de Morelos ya cuenta con legislación propia al respecto; la Ciudad de México y el Estado de México aún tienen pendiente actualizar sus marcos normativos.
Seguridad nacional del agua
El artículo concluye con un llamado urgente: ante los escenarios de cambio climático, olas de calor, sequía y sobreexplotación de mantos acuíferos que ya se viven en el centro del país, el establecimiento y manejo del Sanba «es un tema estratégico y de seguridad nacional».
Úrsula Oswald-Spring, investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM e integrante del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), ha documentado extensamente la crisis hídrica de la megalópolis. Su participación en este estudio refuerza el peso científico de una propuesta que no es solo ambiental, sino civilizatoria: sin el Bosque de Agua funcionando, la ciudad más grande del país no tiene futuro hídrico.
«El futuro de la zona centro del país depende de lograr la integridad y funcionamiento de los ecosistemas del Bosque de Agua», escriben los autores. «Solo apoyando a los miles de comunidades indígenas y campesinos que viven y son dueños de este bosque, se podrá impedir que desaparezca devorado por las manchas urbanas y la tala ilegal».
El artículo completo puede consultarse en la revista Economía, Sociedad y Territorio*, Vol. 26, 2026, e2259. DOI: http://dx.doi.org/10.22136/est20262259*














