Toluca, EdoMéx. – Investigadoras de la Universidad Autónoma del Estado de México participaron en un estudio multinacional que identificó distintos perfiles de riesgo en la calidad de la dieta de estudiantes universitarios de México, Chile, España e Italia. Los resultados, publicados en la revista científica Nutrients, confirman que en los cuatro países prevalece una alimentación de baja calidad, aunque los factores asociados varían según el contexto social y cultural de cada nación.
La investigación, titulada «Risk profiles of poor diet quality among university students: a multivariate segmentation analysis», fue desarrollada por Ivonne Vizcarra Bordi, del Instituto de Ciencias Agropecuarias y Rurales (ICAR); Alejandra Donají Benítez Arciniega, de la Facultad de Medicina, y la estudiante de doctorado Edna Graciela García Aguirre.
Contexto pospandemia y colaboración internacional
Vizcarra Bordi explicó que el proyecto surgió de una inquietud vinculada a la agenda de la UNESCO sobre los cambios en los estilos de vida durante y después de la pandemia. Se pensaba que la globalización estaba homogeneizando los hábitos de consumo, pero los hallazgos mostraron lo contrario.
«Encontramos que la calidad de la dieta y la actividad física siguen diferenciándose entre países, aunque en todos los casos la dieta resulte baja en calidad», señaló la investigadora.
Benítez Arciniega detalló que el trabajo se originó a partir de una red internacional interesada en estudiar los ambientes alimentarios y la seguridad alimentaria. Un grupo europeo invitó a las mexicanas a replicar su modelo de investigación, lo que permitió la coordinación a distancia durante más de dos años.
Diferencias entre Europa y América Latina
Entre los principales hallazgos, las investigadoras detectaron patrones de consumo diferenciados. En España e Italia se registró un mayor consumo de productos de origen animal, lácteos y alimentos ultraprocesados. En México y Chile, en cambio, persiste un consumo relativamente mayor de leguminosas, aunque sin alcanzar los niveles recomendados. En ambos países latinoamericanos se observó una elevada ingesta de bebidas azucaradas y productos ultraprocesados.
El estudio también analizó variables como actividad física, salud mental y acceso a tecnologías de la información, como parte de un proyecto más amplio sobre estilos de vida en población universitaria.
Futuros formadores, foco del estudio
La investigación se centró en estudiantes de pedagogía o ciencias de la educación, es decir, quienes en el futuro desempeñarán un papel clave como formadores y modelos educativos. García Aguirre subrayó la importancia de que la educación nutricional se difunda en todas las áreas del conocimiento, no solo en las carreras de la salud.
«Es fundamental entre quienes se formarán como educadores y comunicadores», expresó.
Las investigadoras identificaron que las condiciones sociodemográficas pueden representar barreras para adoptar hábitos saludables. En México, explicaron, existen diferencias relacionadas con el entorno y las oportunidades disponibles para mantener una alimentación equilibrada o realizar actividad física.
Publicación de alto impacto
Los resultados fueron publicados en Nutrients, una revista considerada de alto impacto en nutrición y política pública. Vizcarra Bordi destacó que el equipo fue invitado a participar en un número especial, algo poco común en estudios comparativos entre América y Europa sobre este tema.
«Uno de nuestros compromisos era publicar al menos dos artículos y uno de alto impacto», afirmó.
El equipo planea nuevas publicaciones derivadas del proyecto, con el objetivo de aportar evidencia científica que contribuya al diseño de políticas universitarias y públicas.
¿Por qué esta información es importante?
Esta información importa por varias razones, aunque ninguna de ellas tenga que ver con titulares espectaculares.
La primera tiene que ver con el método. No es lo mismo suponer que los jóvenes comen mal porque sí, que tener datos comparativos entre países que permitan identificar con precisión dónde están los problemas y, sobre todo, por qué son distintos en cada lugar. Que en México el consumo de leguminosas sea relativamente más alto que en Europa no es un dato folclórico: indica que hay prácticas alimentarias que podrían recuperarse y fortalecerse si se diseñan políticas adecuadas. Pero también alerta sobre lo que está mal: bebidas azucaradas, ultraprocesados, falta de verduras.
La segunda razón es el perfil de los estudiantes estudiados. No se trata de una muestra cualquiera, sino de quienes serán maestros. La investigación parte de una premisa lógica: si los futuros educadores tienen mala alimentación, es probable que transmitan esos hábitos, consciente o inconscientemente, a sus alumnos. Mejorar su dieta no es solo un asunto de salud individual, sino de formación de formadores.
La tercera razón es la publicación en una revista de alto impacto. Que investigadoras de una universidad pública estatal publiquen en Nutrients significa que su trabajo fue evaluado por pares internacionales y considerado válido. Para la UAEMéx, esto suma puntos en indicadores que después se traducen en presupuesto, en prestigio, en capacidad de atraer más recursos para investigación. Para los estudiantes de posgrado que participaron, es un antecedente curricular que pesa.
La cuarta razón es que el estudio no se queda en el diagnóstico. Las investigadoras hablan de políticas universitarias y públicas, de entornos alimentarios, de barreras sociodemográficas. Es decir, no solo miden el problema, sino que apuntan hacia posibles soluciones. Que una universidad produzca conocimiento útil para quien toma decisiones es parte de su función social.
Finalmente, esta información importa porque visibiliza un problema que suele tratarse como asunto privado o como falta de voluntad individual. La calidad de la dieta de los jóvenes universitarios no depende solo de lo que cada quien decide comer. Depende de lo que hay disponible en su entorno, de lo que cuesta, de lo que aprendieron en casa, de lo que promueve la publicidad, del tiempo que tienen para preparar alimentos. El estudio de las investigadoras de la UAEMéx ayuda a quitarle el velo de responsabilidad individual a un problema que es estructural. Y eso, aunque no resuelve nada por sí mismo, al menos ubica la discusión en el lugar correcto.














