“Una sociedad que aísla a sus jóvenes,
corta sus amarras: está condenada a desangrarse.”
KOFI ANNAN
Durante su intervención en un conversatorio en el festival de cine de Morelia, el cineasta Guillermo del Toro habló sobre las rebeliones juveniles que han brotado en varias partes del mundo; el tapatío dijo. “Le hemos fallado a la juventud” “desde aquí les pedimos perdón” y acto seguido protagonizó un acto plañidero en el que derramó algunas lágrimas delante del público en un delirante, patético y falsario melodrama: mientras los jóvenes franceses chocan contra la policía en la nueva toma de la Bastilla, Guillermo solloza desde su trono de privilegiada marioneta del sionismo Hollywoodense.
Su dicho es una generalidad insulsa que evade lo fundamental, me pregunto ¿a quién se refiere cuando dice? “le hemos fallado a la juventud” ¿a nombre de quien habla? Cuando él no representa a nadie más que a su obra.
Incapaz de llamar a las cosas por su nombre jamás nombró ni una mínima causa de la rebelión y quedaron ausentes de su lacrimógeno discurso las palabras Imperialismo, fascismo y sionismo, claro, Hollywood es una entidad sionista que controla la industria cinematográfica.
Cuando habló de dar un mensaje a los jóvenes de Guadalajara reprimidos por defender su derecho al agua, sólo atinó a decir: “estoy con ustedes”, por supuesto fue incapaz de escudriñar en la raíz del asunto; el plan de privatización del agua para ponerla en manos de Israel.
Bien pudo hacer un llamado a la rebelión total, a combatir al demonio de tres cabezas; cual, si fuese uno de sus monstruos, imperialismo, fascismo y sionismo, pero prefirió derramar unas lágrimas ante sus amos. Y prefirió protagonizar un pésimo melodrama, que sólo le creyeron sus testaferros, demostró sin dejar lugar a dudas que es mejor director que actor.
El cineasta lanza chillidos vacuos al aire porque la juventud se rebela, lo que debería ser motivo de alegría, de orgullo y esperanza, les pide perdón cuando habrá que felicitarlos, se lamenta porque “les hemos fallado” cuando deberíamos apoyarlos de manera irrestricta dispuestos a correr su suerte. La juventud no está en la calle “porque les fallamos” ni mucho menos para escuchar perdones de nadie, está luchando contra un sistema opresor que pretende cancelar el futuro de la humanidad entera.
La rebelión actual la encabeza la juventud, pero no es exclusiva de esa generación, representa la lucha de sindicalistas, granjeros, profesores y antifascistas que se levantan no sólo por demandas puntuales, sino en defensa del espíritu humano, es decir en defensa de la humanidad, el dilema planteado es muy claro: esclavismo o humanismo, el llanto está fuera de la ecuación.
Este tipo de cosas suelen suceder cuando se atribuye a destacados creadores la capacidad de emitir opiniones políticas que sin base alguna suponemos serán correctas, vaya que acertaron con el cineasta en cuestión pues ejecutó una obra perfecta de corrección política y se situó más allá de todo “le hemos fallado a la juventud”.
Discurso pretencioso y emocional que evade la respuesta directa y se refugia en una generalidad displicente. Nadie le ha fallado a la juventud, está en las calles en respuesta a una política supremacista y de privilegios, su causa es la misma que la de todos los condenados de la tierra.
La hora de llorar ha concluido. Ha llegado la hora de la lucha en la que sólo hay un dilema central. Esclavismo o rebelión.















