«Una mentira puede dar la vuelta al
mundo mientras la verdad se está
calzando los zapatos”.
Mark Twain
En 1965 a los 7 años de edad fui operado de las anginas, cirugía algo tardía según los cánones de la época, fueron 2 noches en el hospital Santa Mónica, la primera de ellas no pude conciliar el sueño, las horas pasaron lentas mientras me preparaban para el procedimiento de extracción de amígdalas que se realizó a las siete de la mañana, una intervención sin complicaciones; a las 9 de la mañana ya estaba convaleciente en una cama y degustando una paleta helada de limón cuando mi madre llegó de visita a la habitación para darme un regalo, pues me quedaban alrededor de 15 horas de estancia en el aterrador ambiente hospitalario; mi regalo: LAS AVENTURAS DE TOM SAWYER del gran Mark Twain; en esa época cursaba el 2do año de primaria y mis lecturas habían sido los libros de texto con cuentos como La Princesa y el Guisante de Oscar Wilde o algún capítulo de Platero y Yo , además del diario “NOVEDADES” al que estábamos suscritos y EL ESTO, que mi padre consumía con febril devoción, pero no había leído ningún libro en mis siete años de existencia.
Tom Sawyer fue el primero, un ejemplar de pasta gruesa con ilustraciones en cada capítulo, editado por Bruguera, con olor a madera y con porosidad anti reflejo con un leve resplandor amarillento, atractivo desde la pasta, los materiales, el peso, la consistencia y el tacto; cuando mi madre me lo entregó en mi cama de convalecencia algo me decía que estaba ante una revelación.
Devoré la magistral obra durante la convalecencia, mi sorpresa al paso de las páginas creció desbordando mi imaginación, cuando llegué al final sentía que había adquirido un poder, algo más allá de lo descriptible había cambiado en mí.
Lo releí un par de veces más en los siguientes 50 años, por supuesto me ha acompañado en cada mudanza, en cada cambio de librero y en cada uno de los lugares que he habitado, hace 10 años lo coloque en los libreros que resguardan mi acervo actual y no había sido abierto en los últimos 30 años.
Agosto del año 2026, 61 años después de aquella cirugía que me llevó a una revelación mi cardiólogo ordenó un cateterismo para saber si tengo obstruidas las arterias coronarias, pues no se explica la secuela de infartos silenciosos detectados en una resonancia magnética; tendría que estar dos noches en el hospital, un primer día de preparación, un segundo día del procedimiento y una noche más de observación; pues me introducirían un catéter por la arteria femoral para visualizar mi corazón.
Antes de salir hacia el tortuoso proceso me acerqué con los ojos cerrados a los cuatro libreros que cubren las paredes del departamento, con los ojos cerrados buscaba que el azar me llevara hacia el libro que leería o releería en ese par de días aciagos, movía las manos frente a los libreros en una especie de pases mágicos, buscaba uno de entre alrededor de 400 libros; cuando por fin me decidí a hurgar con el tacto, tome el libro y abrí los ojos, sólo para vivir una sorpresa mayúscula: ¡Las Aventuras de Tom Sawyer! Aquel libro que me regaló mi madre para legarme el camino del conocimiento con placer.
El procedimiento fue exitoso y durante las horas hospitalizado pude completar la lectura de la obra maestra por cuarta vez en 61 años; pero sucedió algo más; mi madre estuvo presente al borde de mi cama todo el tiempo, estaba ahí a través de su legado imperecedero.
No cabe duda que la psicomagia surreal elige maneras insólitas de presentarse, abre caminos antes insondables y otorga poder; ahora sé que la trayectoria del libro que mi madre escogió para iniciarme en la lectura tiene alma, espíritu y vida propia, es así como la muerte deja de ser definitiva.
Los resultados de los estudios son prometedores, no hay coronarias tapadas, sólo están las huellas de una vida licenciosa, sin límites, que ha probado las delicias malignas de todo placer; por fortuna la mujer que me pario vino al rescate y me sugirió con su dulzura característica: ¡tienes que vivir!














