VERDADES MENTIROSAS… EL MUNDIAL SIONISTA DE LA IGNOMINIA          

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«Yo crecí en un barrio privado de Buenos Aires.

  privado de luz, de agua, de teléfono”

Diego Armando Maradona.

Tres imágenes definen el mundial a inaugurarse el próximo 11 de junio:

1.-Gianni Infantino entregando la medalla FIFA de la paz a Donald Trump, en un acto de abyección lacayuno y vergonzante.

2.-Leonel Messi aplaudiendo a Donald I ratificando así que junto a Cristiano Ronaldo son los dos jugadores más inflados de la historia, haciéndonos añorar a cuatro cracks rebeldes, esos sí auténticos superdotados y no robots manipulados por entidades sionistas como la Coca Cola: EL Mágico González, George Best, Johan Cruyff y por supuesto el cada vez más grande Diego Armando Maradona.

3.- La Coca Cola, cual caballo de troya, colándose a la mañanera con la complacencia sonriente y aplaudidora de la presidenta Claudia Sheinbaum, rindiéndole tributo a Infantino, ratificando de manera simbólica que la era neoliberal no ha terminado en México sino por lo contrario, se encuentra en su punto máximo, literalmente al borde de la traición del «fracking».

Es por ello que el invento de un “mundial social” es una falacia demagógica y manipuladora; los “fifis” al estadio, los “chairos” al zócalo a la pantalla gigante, parafraseando a John Lennon: “los aficionados del zócalo aplaudan, los del estadio, sólo agiten su joyería”. La demagogia de que se levantaran campos que servirán de cantera para que nuevos futbolistas accedan a la primera división es un cuento que ni la misma Claudia Sheinbaum puede creerse, a menos que ignore o quiera ignorar que en estos tiempos neoliberales, sólo debutan en el futbol profesional quien paga el costo, es decir los debuts se compran.

El invento pedestre del mundial social huele a atole con el dedo, pues el pueblo está imposibilitado de entrar a los estadios que se llenaran de seudo aficionados que nunca van al futbol y que en el fondo lo desprecian como el deporte de los pobres.

Y que decir de los ridículos del gobierno de la ciudad de México, queriendo esconder cualquier expresión popular para dar “buen aspecto” a la ciudad, con la realización de obras hechizas y con el invento del trabajo a distancia, con el único propósito de facilitar la movilidad turística, la política de la pésima gobernante Clara Brugada puede resumirse en el lema “el pueblo a sus casas, los fifis a la calle”.

El colmo del despropósito ha sido la colocación de los faroles versallescos en el metro Hidalgo por parte del director del sistema, el inepto panista Rubén Ruvalcaba, que durante su periodo hemos vivido la peor época del sistema colectivo Metropolitano en toda su historia; ahora ya no sólo es ineficaz sino ridículo.

El colmo de la imbecilidad ha sido nombrar representante ante la FIFA a Gabriela Cuevas, que se ha encargado de complacer en todo a la entidad sionista, las comunidades que habitan las colonias cercanas al estadio “Azteca” (Banorte o Ciudad de México) tendrán que obtener un tarjetón de identificación para poder entrar a sus casas y circular en sus colonias, esto se llama apartheid  y discriminación sionista; al parecer las leyes de la FIFA están por encima de la Constitución Mexicana.

En el clímax de la ignominia, la FIFA, el sionista dueño del estadio, en contubernio con las autoridades preparan un gran fraude contra los dueños de Palcos y Plateas que han tenido que organizarse y hacer malabares para que se respete su derecho sobre sus propiedades adquiridas desde 1965 por 90 años.

Viene a mi memoria el mundial de 1970, radicaba en Toluca y recién había cumplido los 12 años, mi familia clase mediera que vivía al día en una casa en el centro de la ciudad; en las colonias aledañas pululaban vecindades y barriadas y yo como hijo del pueblo que siempre he sido tenía muchos amigos de mi edad que venían de la pobreza y la extrema pobreza. El día que jugaron México contra Italia en la “Bombonera “Nos organizamos con banderines hechizos, matracas artesanales, botes y palos y una bandera mexicana y nos lanzamos alrededor de dos docenas de niños al partido en la bombonera, no teníamos boletos ni esperanzas de entrar al estadio, sólo queríamos hacernos presentes en el exterior y manifestar nuestro apoyo a la selección, que en aquella época aún no era propiedad de la televisa sionista.

Llegamos al estadio cuando el juego estaba a punto de comenzar y alguien de los encargados, conmovido por nuestros apoyo  nos abrió las puertas de un túnel por el que pudimos acceder a la zona de sol general, en donde los aficionados nos hicieron un espacio, así es que pude ver el gol mexicano de “la calaca Gonzales”, los goles que se comió Nacho calderón y la exhibición maravillosa de Gianni Rivera, Sandro Mazzola y Luigi Riva que días después protagonizarían el juego del siglo contra Alemania; perdimos 4 a 1 pero ganamos en emoción, historia y sobre todo un recuerdo imborrable, sino ¿para qué otra cosa es el futbol?

 


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