Nuestra deidad, la historia, nos ha preparado una tumba de la que no hay resurrección
Ingebor Bachmann
La frase de la inmensa poeta austriaca Ingebor Bachmann nos ilustra sobre nuestra condena y nuestro destino mejor que cualquier tratado histórico o filosófico y nos anuncia en clave de fatalidad el momento que vivimos, el de la ruptura de nuestros vínculos y el extravió del espíritu humano.
En 1789 Francia se levantó para hacer una Revolución histórica, cuya consigna: Libertad, Igualdad, Fraternidad, dio aliento y esperanza al futuro de la humanidad. Después de casi 230 años no hay libertad, ni igualdad, ni fraternidad, en Francia y en ninguna parte del mundo.
Antes de aquella gran utopía social hubo otra que ahora cumple poco más de dos mil años, una utopía de sangre y sacrificio que predicó el amor y la paz como principio fundamental, su épica se dispersó y atomizó en cientos de interpretaciones que han dado lugar a cientos de iglesias que reivindican aquellos principios, sin embargo, no hay paz ni hay amor en ninguna parte del mundo.
El siglo XXI es el tiempo de la ruptura del vínculo de aquello que nos hizo humanos; cabe la duda existencial si en verdad hubo alguna vez un vínculo y aunque pululan los propagandistas del amor, el bienestar y la esperanza, el momento actual nos dice que un espíritu bestial se ha apoderado del espíritu humano; la bestia israelí, talmúdica, sionista, avanza en su plan de instaurar el esclavismo moderno bajo el canon del supremacismo blanco.
Así lo demuestra la ley Monsanto como la han bautizado organizaciones campesinas y civiles, un conjunto de normativas que otorgan derechos comerciales y de certificación exclusivos a las empresas biotecnológicas sobre el uso de semillas, ni más ni menos que un ardid para controlar los alimentos y el hambre, como una parte del gran paquete de la revolución cultural pseudojudia/sionista que padece la humanidad en la que buscan el control del agua, de las materias primas, del arte, de los medios de comunicación, del fútbol y el deporte en general y por supuesto el control y subordinación de las naciones, de las finanzas, del dinero, la basura y el folklore y el pensamiento de las mayorías. Es el combo de combos.
Es parte de la “toma” de la “tierra prometida” que los cerdos israelís bajo su nueva máscara del evangelismo sionista llevan a cabo, teniendo como su principal instrumento ni más ni menos que a la mayor potencia mundial a través de su monigote desalmado erigido como DonaldI y una caterva de criminales; sionistas que como estrategia subterránea para implantar el neo/ esclavismo usan la violencia, la pedofilia, el satanismo y la estafa multidimensional.
El sistema se ha implantado a tal grado que la vida es imposible fuera del capitalismo salvaje, blanco sionista y evangélico, provocando el fracaso monumental de todas la Revoluciones y todas las Religiones.
La pasada copa mundial de futbol ha sido una plena demostración de esa ruptura del vínculo entre la humanidad y entre las naciones, más allá del balón, las redes y las porterías lo que resalta es el odio entre unas y otras, la utopía juarista ha sido sepultada, entre los individuos y entre las naciones no hay el menor respeto al derecho ajeno.
La gran distopia anticipatoria del maestro Fritz Lang en METRÓPOLIS se está construyendo ante nuestros ojos, no hay un “sálvese quien pueda” o rencontramos el espíritu que nos hizo humanos o nos convertiremos en bestias esclavizadas por las bestias.
El nuevo dilema histórico está muy claro; esclavismo sionista o desaparición del pseudo estado de Israel, no hay una tercera opción, es por ello que el destino de la humanidad se juega en las sagradas y poéticas tierras persas.















