VERDADES MENTIROSAS… DONALD CARA DE ¿WHAT?

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Dos países no pueden permitirse cometer

errores sobre cuestiones fundamentales 

 XI JINPING

El clímax de la visita de Donald Trump a China, fue el momento en que el emperador Donald I puso cara de ¿what? ante la embestida calculada, elegante y devastadora del mandarín Xi Jinping, cuya advertencia fue clara para el mundo, excepto para el ignorante pedófilo de la Casa Blanca, seguramente los cerdos en Israel tomaron nota y ya le han traducido el mensaje a su socio criminal.

Al mencionar La Trampa de Tucídides el mandatario chino definió su visión estratégica; Estados Unidos es la potencia en declive y China es la potencia emergente; si el país americano tiene miedo y en su desesperación altera la estabilidad para aferrase a su hegemonía, habrá una guerra, la más devastadora en la historia de la humanidad. Esa es la trampa de Tucídides definida por el politólogo Graham Allison y que debe su nombre al historiador griego que explicó cómo el ascenso de Atenas y el temor que esto provocó en Esparta hicieron inevitable la Guerra del Peloponeso

Allison ahondó en este concepto en su libro de 2017 Destined for War, que sostiene que «China y Estados Unidos están en curso de colisión para la guerra».

Con razón la delegación de Estados Unidos en un acto de guerra antes de abordar el Air Forcé One para partir de Pekín, tiró a la basura todos los obsequios, pines, credenciales y artículos conmemorativos que les entregaron sus anfitriones chinos.

Una drástica medida que respondió a estrictos protocolos de ciberseguridad y espionaje, que se activan en un estado de pre guerra; la instrucción fue absoluta: ningún objeto o dispositivo de origen chino podía subir al avión presidencial. Como parte de esta misma estrategia de protección, durante toda la gira diplomática utilizaron teléfonos desechables en lugar de sus dispositivos.

Lo que vimos en la cumbre fue a un Donald Trump, condescendiente hipócrita e ignorante y a un Xi Jinping calculador trazando las líneas rojas que el pedófilo de la Casa Blanca no debe cruzar entre ellas la de Taiwán.

Algo quedó de manifiesto en la cumbre, es una cuestión que va más allá de las declaraciones, los protocolos y los elogios desenfrenados de Donald I, se hizo chiquito ante el mandarín oriental que opacó a su contraparte gringa con firmeza, seriedad y sapiencia; Trump ha quedado como el miserable que es arrogante con el débil y lambiscón con el poderoso y se llevó un descontón desde su llegada al gigante asiático, pues el presidente Xi no lo fue a recibir al aeropuerto.

Resaltaron las diferencias estructurales entre China y Estados Unidos que se manifiestan en  contrastes clave, filosóficos, culturales, económicos y psicológicos: el colectivismo frente al individualismo, la planificación a largo plazo frente a la inmediatez, y la diplomacia económica frente al poderío militar tradicional.

La delegación imperialista regresó de China con las manos vacías y fue zarandeada por la diplomacia china que le ha dado una lección de congruencia a los improvisados cruzados evangélicos sionistas que recibieron la paliza sin chistar.

Lo que nadie sabe es lo que se habló sobre Irán, Donald I ha amenazado que en cualquier momento ordenará un asalto a gran escala en territorio persa, dudo mucho que los chinos le permitan acabar con su activo petrolero más eficiente, así que la guerra ya en curso entre Estados Unidos y china, seguirá librándose en Irán.

Ahora falta ver los resultados de la visita de Vladimir Putin a Xi Jinping aliados estructurales que Trump ha querido dividir a cualquier costo, inútilmente pues Estados Unidos se ha quedado sin cartas, la brújula que indica el camino está ahora en la cancha chino rusa.

Como hemos venido adelantando en esta columna, el destino de la humanidad se definirá en la enigmática, sagrada y poética Persia.

 


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