Butaca Salvaje… Todos somos la esposa de Edgar Pérez Zamora

Publicada: Autor:
Comparte

No es lo mismo, claro que no. Pero mientras no sintamos su dolor como si fuera el nuestro, el machismo seguirá teniendo casa

El video ya está en todas partes. La golpiza que Edgar Pérez Zamora, subdirector de seguridad de Xalatlaco, le propinó a su esposa es de dominio público: es una certeza visual. No hay medias tintas, no hay «versiones encontradas». Las imágenes muestran la furia de un hombre armado que ostenta un cargo público y usa su cuerpo como extensión de su autoridad machista.

¿Y la Fiscalía General de Justicia del Estado de México? Hasta ahora, tan lenta como una tortuga. No hay orden de aprehensión, no hay comparecencia inmediata. Parece que esperan que el escándalo se enfríe o que la víctima tenga la «valentía» de ratificar una denuncia que ni siquiera debería necesitar, porque el delito se cometió ante la luz pública.

Además, la ley no necesita que una mujer se exponga dos veces para actuar. La FGJEM tiene facultades de oficio. ¿Las usa? No. Y eso es grave.

Pero hablemos del Ayuntamiento de Xalatlaco, porque su silencio es tan violento como los puños de su subdirector. No han despedido a Pérez Zamora. No han emitido un comunicado condenando los hechos. No han suspendido a este hombre de su puesto, donde diariamente porta un arma y representa «la autoridad». ¿Qué mensaje mandan? Que un funcionario puede fracturarle la cara a su mujer y seguir siendo subdirector de seguridad. Eso no es omisión, es complicidad. El presidente municipal y todo su cabildo deberían estar dando la cara hoy mismo. Si no lo hacen, es porque para ellos el machismo no es un delito, es un estilo de gobierno.

Si con semejante evidencia la fiscalía no consigue una orden de captura en las próximas horas, entonces todo el discurso de «justicia con perspectiva de género» en el Edoméx es pura utilería. El tiempo de las mujeres —ese que tanto pregonan Delfina Gómez y hasta la presidenta Sheinbaum— se convertirá en la broma más cara que hemos pagado como sociedad.

No se trata de linchar al presunto agresor. Se trata de que el Estado cumpla su función mínima: proteger a quien ya vemos sangrar en un video viralizado. Si la gobernadora y la presidenta no exigen resultados ya mismo, sus promesas quedarán como retórica y letra muerta.

¿Y los colectivos feministas? Muchos han preferido el activismo de sillón, el comuncado tibio, la curaduría de casos «políticamente correctos». La golpiza en Xalatlaco no es un trending topic que compite con el horóscopo. Es una mujer real. Si no salen a plantarse frente a la Fiscalía, si no exigen con la misma furia que han puesto en marchas, entonces también ellas estarán optando por el feminismo de conveniencia. Ese duele casi tanto como las patas del subdirector.

Porque el círculo del machismo mexicano no se rompe con buenas intenciones ni con declaraciones fotografiables. Se rompe con órdenes de aprehensión cumplimentadas antes de que la víctima termine de ser noticia. ¿O vamos a esperar otro feminicidio para hacer algo?

Xalatlaco ya no es un pueblo olvidado. Es un examen. Y por ahora, todos están reprobando.

*Imagen creada con IA


Comparte








Temas Clave