Real de Catorce y el gozoso Carpe Díem, en el ejercicio de la moral del placer, siendo un epicurista auténtico

Por:Félix Morriña
Fotos: Bertha Morales

Para muchos que hemos tenido la oportunidad de conocer al grupo Real de Catorce, desde sus inicios hace 35 años, y a su líder, compositor, armoniquista, guitarrista y otrora activista social desde el entarimado, José Cruz Camargo, verlo la noche del viernes 4 de mayo en el Foro Landó de Toluca, durante la gira de los siete lustros de formación, fue un acto de amorosa lírica y emotiva entrega, bajo un clima de civilidad, culto y armonía.

Los presentes que llenaron el foro cultural de Bravo Norte y Paseo Matlatzincas, rindieron literal pleitesía al ente creativo que recrea, a cabalidad, la vida interpersonal de cada uno de aquellos que han sido seducidos, persuadidos y re-educados con su maravillosa estructuración poética, lírica, ejecución vocal y escénica, como sonora. ¡Real de Catorce es un perfecto blues!

Algunos ortodoxos melómanos preferirían al grupo de sus inicios hasta principios de este siglo, lo cierto es que los jóvenes que acompañan al guía musical en este momento, continúan “In Crescendo”, y eso es excelente aportación al momento histórico del grupo. A muchos nos fue grato ver a José Cruz Camargo con mucha vitalidad, pese a su esclerosis múltiple, enfermedad que le aqueja en más de una década, cantando con ahínco y única entrega, como si fuese la última, y de eso, todos lo sabemos. ¡”Cada día, cada momento es el último, aprovéchalo”, nos diría el maestro!

Recién me escribió mi tanatólogo, traductor, sociólogo, investigador, colega, camarada y amigo, Juan Pablo García Vallejo, para decirme que no debo estar aletargado más tiempo y que debo ser ese ente creativo que trasciende lo económico, para ser el gozoso Carpe Díem, ejerciendo la moral del placer al extremo, ya que soy un epicurista auténtico. Mi terapeuta emocional, etílico y sociocultural, me hizo renacer de nuevo y la música de Real de Catorce me acompaña en esta travesía.

Durante el excelso concierto de dos horas, Real de Catorce interpretó una veintena de rolas de altísimo calibre, que nos hizo transportarnos a cada uno al paraíso e infierno al que pertenecemos. Todos y cada uno de los presentes no dejaron de cantar ni un solo momento. José Cruz Camargo hizo esfuerzo descomunal para concretar la velada. Al finalizar el recital en la que cantó ‘Llévate la historia’, ‘Voy a morir’, ‘El lobo’, ‘Sola’, ‘Patios de cristal’, ‘Prendas de algodón’, ‘El misterio de las cosas’, ‘Lila’, ‘Madre blues’, ‘Azul’, ‘El quinqué’, ‘La medicina’, ‘Contraley’, ‘Parias blues’, ‘Al rojo de la tarde’, ‘Dorina y Abel’, ‘Soledad y sol’ y ‘El blues del atajo’, entre otras.

Para este “Servibar y amigo”, la rola ‘Lobo’ me remitió a mi época de vagabundo, sobreviviente de las calles, amante de ocasión para alimentar este pesado corpus y vendedor de ideas periodísticas. Mis acompañantes, las hermanas Morales, Gilda y Bertha, no dejaron nunca de estar al pendiente de mi estado etílico emocional, como tampoco las amorosas féminas que me fui encontrando en el Foro Landó, en donde festejé el cumpleaños de mi querida Tania Díaz, otrora visitante y modelo del Centro de la Imagen Larrañaga. ¡Salud preciosas, hermosas y algunas exuberantes féminas!

“Va por la calle/ Puñados de noche en las alas/ Prende un cigarro/ Y piensa en Eugenia tal vez:/ Su cuerpo desnudo, sus labios rendidos, su piel/ La tarde que juntos soñaron/ Que juntos se amaron en un hotel./ Camina despacio,/ Mira a la gente/ Son caras extrañas para él/ Arroja ceniza/ Su mente recorre París/ Las calles que juntos rondaron/ La lluvia de radio que vio caer./ Él es como un lobo/ Que abriga la noche/ Los bares, su cueva segura, cual debe ser/ Es un solitario, se vive en esquinas/ Cazando a su presa futura/ Cual debe ser./ Llega al infierno/ Paga su entrada/ Se sienta a la barra, comienza a beber/ Un hombre se acerca, le ofrece una copa/ La música suena muy triste/ Él dice que acepta, que quiere un cóctel./ Las horas se esconden/ Debajo de un ebrio/ Y nadie las busca, las dejan hacer/ Él baila con uno y luego con otro/ Alguien lo invita, lo incita/ De una botella lo invita a beber./ Detrás de una sombra, se ampara la muerte/ La muerte esa noche es el premio mayor./ Mira a la gente, son caras extrañas para él/ Sus cuerpos desnudos, los labios,/ Los besos helados en su piel./ Él es como un lobo…”.

A petición de una afable y linda fémina treintañera, levanté mi vaso en su honor para cantarle ‘Sola’, una rola muy sentida, muy dura y muy real, pero así lo quiso: “A pesar del amor/ Que te sigue detrás/ Tú no quieres nada/ Nada tienes que dar/ Y estás sola./ Estás sola,/ Estás sola,/ Estás sola en tu jaula/ Soledad./ ¿Quién te dijo que no/ Te dejaras hacer?/ Tú deseas tocar/ Que te toquen también./ Y estás sola/ Estás sola/ Estás sola en tu cama/ Soledad./ Nocturna/ Marea de hotel/ Si tú navegaras/ Si te aventuraras/ Tal vez…”.

Durante el concierto me esfumé varias veces de mis adorables cuidadoras para aislarme, inmiscuirme, meterme en mi cabeza, tocar mi corazón, rezar, llorar y meditar. Cuando llegó el momento de cantar ‘El Quinqué’, no me quedó más remedio que… “Vivo a media luna desde que empecé a querer/ Ardo cada noche como flama de quinqué/ Y me siento un extraño en extinción/ No me queda más remedio que esperar./ Di que no me amas cuando te he cuidado bien/ Polvo de tus días fue lo que dejaste ayer/ Me desprenderé tu nombre sin llorar/ No me queda más remedio que soñar./ Habría que matarme/ Tendrían que matarme/ Para arrebatarme el blues/ Mi dolido corazón se refugia en su calor/ Mi único consuelo de vivir./ Habría que matarme…”.

Agradezco a cada uno de mis queridos lectores, amigos, colegas, camaradas y mujeres, que esa noche, me regalaron largos besos, fortísimos abrazos y me regalaron carcajadas, sonrisas y tragos de whisky, cerveza y calimochos. A cada una de ellas dedico las rolas que esa velada nos ofreció José Cruz Camargo y Real de Catorce. Soy lo que mi tanatólogo escribió hace unos días: “Félix Morriña Carpe Díem, ejerce la moral del placer, un epicurista auténtico. Abrazos fortísimos le mando querido camarada”.

¡Muchas gracias!

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