Columna VERDADES MENTIROSAS… EL VERDE TREN DE MARZO

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“LAS CANICAS ERAN COSMOS EN LOS QUE SE PODÍA VER EL FUTURO”

        MARIO NATAL

 

Gerardo Lara 

La pandemia ha dejado lecciones trágicas que sólo es posible ahogar, digerir, asimilar y aquilatar después de cascadas de inagotables lágrimas que hacen flotar a la poesía como un arma imprescindible para enfrentar a la catástrofe genocida.

En el mes de abril se presentará, la obra poética EL VERDE TREN DE MARZO de Mario Natal que falleció a causa de COVID en Enero del 2021.

La noticia de su muerte dejó perplejos a quienes lo conocimos y fuimos sus amigos entrañables, era la manifestación del virus en su real dimensión, frente a nuestros ojos, las balas rozando nuestras cabezas; se hizo tangible la catástrofe, lo pudimos sentir a través de un evento impensado en marzo del 2020, última vez que vi a Mario Natal.

Además de sus facetas como economista, de militante de izquierda en las épocas álgidas de los setentas y ochentas, había una faceta de poeta que dormía “el sueño de los justos”.

Ahora la EDITORIAL COSMOCIÓN publica post morten una obra que esperó paciente a que su autor emprendiera el viaje propio; con EL VERDE TREN DE MARZO inicia su colección POESÍA EN LAS SOMBRAS.

La serie POESÍA EN LAS SOMBRAS está formada por poetas, que nunca han publicado o sólo lo han hecho en ediciones guerrilleras, revistas o suplementos, pero que llevan veinte, treinta o hasta sesenta años construyendo su obra. ¿Poesía tardía? O más bien POESÍA EN LAS SOMBRAS que ha esperado pacientemente el CANTO DE LOS GALLOS, poesía que se ha venido transformando así misma con el paso del tiempo.

Si poesía es DAR A LUZ, es eso lo que requerimos para enfrentar el mundo de tinieblas que ha traído consigo la pandemia destructora; “luz en el mundo de tinieblas”, Las poetas y los poetas de la colección, han sido una especie de durmientes atisbando el momento de tomar la palabra por asalto, para emprender el viaje de Rimbaud, pero en sentido contrario.

Sabemos muy bien que filosofía y poesía son dos caras de una misma moneda y que ambas no son nada sin el poder de la madre imaginación.

COSMOSIÓN apuesta por el rescate de la obra oculta, aquella que, por timidez, menosprecio o falta de reconocimiento, llena los cajones de poetas a quienes les fue prohibido ser poetas, por ello la colección es una caja de pandora, que revelará la capacidad innata de la humanidad para hacer poesía.  La idea de que sólo unos cuantos pueden o tienen el talento para hacerla es una de las VERDADES MENTIROSAS más dañinas de la historia.

La colección tiene como objetivo principal Expulsar a la poesía del “género literario” para dar paso al acto poético, ella pertenece al mundo entero, a nosotras las personas y a nosotros los humanos”.

EL VERDE TREN DE MARZO, obra de Mario Natal es una confesión brutal del asombro ante el descubrimiento del mundo; una inmersión en el despertar a la vida, cargado de ecos y nostalgia avasalladora. En el poeta se cumple cabalmente la definición de André Breton cuando afirma que “la poesía es “la búsqueda desesperada de la infancia”. EL VERDE TREN DE MARZO avanza hacia esos recónditos lugares de la niñez que el poeta reconoce en cada paisaje que descubre mientras viaja.

La edad dorada de los descubrimientos:  “Había tantas cosas que hacer por primera vez” para rematar más adelante “…las cosas rutinarias eran el yugo que debíamos abolir”.

Tal vez el VERDE TREN DE MARZO lleve en sus vagones a la infancia que nunca se perdió, sólo está de viaje; es un tren que va y viene cargado del asombro que no se ha ido, es el poeta un niño pasmado, embelesado, un niño viejo que sabe que “el tren no para nunca” El poeta sigue viendo al mundo así: “visto boca abajo el verde era subyugante, /visto panza arriba el azul parecía envolverlo todo/. Vivíamos arriba o abajo /La superficie era para los demás”.

El momento de hallazgos supremos se ha fijado, el estupor es para siempre, los ojos del poeta no dejan nunca de ver más allá. Por ello es que confiesa en un momento de reflexión sin salida: “vengo de ayer comiéndome el futuro”.

El adulto sabe con precisión desesperada que: “las canicas eran cosmos en los que se podía ver el futuro”. Los detalles de su indagación hacia la primera percepción de las cosas son precisos, porque es evidente que en su obra hay un ser maravillado para siempre.

El tren es un torrente que en su camino no ceja en revelaciones; el descubrimiento de la lluvia que en boca del poeta es una invención, un “Desafío a la razón” y la revelación de la arena y de los amaneceres y los atardeceres, tantas cosas que suceden por primera vez; la poesía de Mario Natal nos demuestra que esa voz se aloja y permanece oculta en una parte de nuestro ser, la poesía hace la magia de revelarla. El poeta se convierte en un cazador de instantes. Así es que, en plena madurez, el creador concluye: ““¿Quién dice que los Reyes Magos no existen? ¿A quién se le pudo ocurrir tal desatino”? …y la aparición de la calle, la maestra de la niñez, la que tiene las secuelas: “El tiempo ha puesto límites tangibles/al horizonte que entonces mirábamos remoto/ no así al amor por la calle/ de los que la vivimos intensamente y continuamos acudiendo a su refugio

Finalmente, el poeta se confiesa con marcada crudeza “Soy el hombre que día a día encuentra súbitamente un propósito pasado/ y sin mayor decepción acepta que nunca habrá de concluirlo. / Pero soy también el hombre que se sorprende de tener lo que tiene, y de haber hecho cuanto ha hecho.”

El libro post/morten de Mario Natal Villalpando nos revela a un pensador con evidentes guiños antipoéticos; lamentamos su ausencia y celebramos la presencia de su obra.

 


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