‘El Mayo’ Zambada es condenado a cadena perpetua en corte de Brooklyn

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Uno de los narcotraficantes más longevos y poderosos de la historia moderna de México llegó este lunes al final de su carrera criminal en una sala del juzgado federal del Distrito Este de Nueva York. Ismael Mario Zambada García, «El Mayo», fue sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, cerrando —al menos en lo judicial— el ciclo de un hombre que durante más de tres décadas construyó, desde las sombras, lo que las autoridades estadounidenses describen como la mayor organización de tráfico de drogas del mundo.

La audiencia, presidida por el juez Brian M. Cogan —la misma figura judicial que en 2019 envió a prisión de por vida a Joaquín «El Chapo» Guzmán Loera—, duró lo suficiente para confirmar lo que el propio acusado había aceptado desde agosto del año pasado: que pasaría el resto de sus días tras las rejas.

«Nadie gana en una guerra como esta»

A sus 76 años, vestido con un uniforme carcelario color canela sobre una camiseta naranja, Zambada habló por última vez como hombre libre. Lo hizo en español, leyendo de un papel, con la voz de quien parecía haber ensayado durante meses las palabras que nunca antes había pronunciado en público.

«Nadie gana en una guerra como esta», dijo, según reportes de AP y testimonios presentes en la sala. «La violencia debe terminar. En México y en otros lugares afectados por este tipo de crimen, demasiadas vidas se pierden, demasiadas familias son destruidas, y demasiados jóvenes quedan atrapados en un ciclo que solo lleva a la prisión o a la muerte».

El hombre que el gobierno estadounidense acusa de haber ordenado asesinatos, torturas y el tráfico de al menos 1.5 millones de kilogramos de cocaína, pidió disculpas «por el daño que causé y por el ejemplo que di». Y añadió, dirigiéndose a las generaciones futuras: «Elijan un camino diferente».

Su discurso contrastó con la narrativa que había construido el Ministerio Público. El asistente del fiscal Adam Amir recordó al tribunal que la violencia fue «la herramienta de Zambada por más de tres décadas cuando le benefició». Según la fiscalía, el capo ordenó torturas, planeó ejecuciones —incluyendo la de su propio sobrino, Eliseo Imperial Castro, alias «Cheyo Ántrax», asesinado en Sinaloa en mayo de 2024— y supervisó una operación que, en palabras de Amir, dejó «más de un millón de estadounidenses muertos por sobredosis» durante su reinado.

Una sentencia sin sorpresas

El juez Cogan no tuvo margen de maniobra. La declaración de culpabilidad que Zambada firmó el 25 de agosto de 2025 incluía una condena obligatoria de cadena perpetua por los cargos de dirigir una empresa criminal continuada y conspiración de racketeering (RICO). «La sentencia aquí es algo inusual porque no tengo injerencia», reconoció Cogan. «Va a pasar el resto de sus días en prisión. Él lo acepta».

Sin embargo, la defensa logró un punto parcialmente victorioso: Cogan recomendó que Zambada cumpla su condena en un hospital federal, no en una prisión de máxima seguridad como el Supermax de Florence, Colorado, donde purga sentencia El Chapo. La solicitud se basó en lo que el abogado Frank Pérez describió como un «complejo de problemas de salud relacionados con la edad». El juez ordenó que los expedientes médicos quedaran sellados, pero reveló que el reo padece «enfermedades progresivas» y que su estado mental está «driftando hacia cognitivamente deteriorado». Durante la audiencia, Zambada caminó con dificultad, necesitó ajustes en su audífono para seguir la traducción simultánea y tosió en repetidas ocasiones.

Además de la prisión, el tribunal confirmó el decomiso de 15,000 millones de dólares en ganancias ilícitas, aunque fiscales admitieron públicamente que no han podido identificar ni recuperar activos vinculados a esa cifra.

El hombre que nunca existió en los registros

Para entender la magnitud del momento, hay que remontarse casi seis décadas. Zambada inició su carrera en 1969, cuando tenía 19 años y plantó su primera parcela en las sierras de Sinaloa, según reconoció él mismo ante el juez Cogan en su declaración de culpabilidad. Abandonó la escuela con una educación equivalente al sexto grado y, desde entonces, nunca dejó el negocio.

A diferencia de El Chapo, cuyo rostro aparecía en portadas de revista y cuyas fugas de prisión eran espectáculos mediáticos, Zambada operaba bajo un principio de invisibilidad que lo convirtió en un fantasma para las autoridades mexicanas durante décadas. Fue el estratega, el negociador, el administrador diario del Cártel de Sinaloa —una organización que, según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, importó toneladas de cocaína, heroína, metanfetamina y fentanilo a territorio estadounidense, mientras pagaba sobornos a funcionarios de todos los niveles en México para operar con impunidad.

El secuestro que cambió todo

La captura de Zambada no fue producto de un operativo policiaco ni de una negociación diplomática. Ocurrió el 25 de julio de 2024 en un aeropuerto privado de Santa Teresa, Nuevo México, fronterizo con El Paso, Texas. Pero llegó allí, según múltiples fuentes judiciales, traicionado por quien menos esperaba: su ahijado.

Joaquín Guzmán López, hijo de El Chapo, lo había invitado días antes a una reunión en Culiacán, Sinaloa, supuestamente para resolver diferencias políticas internas. Al llegar a la cita, Zambada fue emboscado, golpeado, amarrado, le colocaron una capucha y lo subieron a un avión privado que voló entre dos horas y media y tres horas hasta territorio estadounidense, donde ambos fueron arrestados por agentes federales.

Desde prisión, Zambada envió una carta pública en agosto de 2024 donde negó haberse entregado voluntariamente. «Fui secuestrado y traído a Estados Unidos a la fuerza y en contra de mi voluntad», escribió. El fiscal Joseph Nocella Jr. confirmó meses después que Guzmán López admitió haber secuestrado a Zambada en un intento por ganar crédito con la justicia estadounidense, aunque dejó claro que Washington «no condona el secuestro» y que Guzmán López —quien se declaró culpable de cargos de drogas en diciembre de 2025— «no recibirá crédito por ello».

La fractura que dejó sangre en Sinaloa

La desaparición de Zambada del mapa criminal no selló el cártel; lo partió en dos. El 9 de septiembre de 2024, apenas semanas después de la captura, estalló en Culiacán una guerra interna sin precedentes. De un lado, «Los Chapitos», fieles a los hijos de Guzmán Loera. Del otro, «La Mayiza», leales a la familia Zambada y liderada por su hijo Ismael «Mayito Flaco» Zambada Sicairos.

El conflicto, documentado por organizaciones como ACLED e InSight Crime, ha dejado, según distintos conteos, entre 1,000 y más de 4,000 muertos y desaparecidos, expandiéndose desde Sinaloa hacia Sonora, Nayarit, Zacatecas y Chihuahua. Los Chapitos habrían formado alianza con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), mientras que La Mayiza se habría vinculado con facciones del Cártel de Guasave. La violencia continúa activa hasta la fecha de esta sentencia.

 

Imagen de portada generada con IA


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