Poncitlán, Jalisco. En este municipio ubicado a orillas del Lago de Chapala y dentro de la cuenca del Río Lerma-Santiago, autoridades sanitarias mantienen bajo monitoreo a alrededor de 3,400 menores de edad que presentan algún grado de daño renal.
La cifra fue dada a conocer esta semana por el alcalde Arturo Ascencio Gómez y refleja la dimensión de una crisis de salud pública vinculada desde hace años con la contaminación ambiental en la región Lerma-Chapala-Santiago.
Una problemática documentada desde hace más de una década
Las alertas comenzaron desde 2009, cuando un estudio realizado por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y la Comisión Estatal del Agua de Jalisco detectó en niños de la zona concentraciones elevadas de arsénico, plomo, cadmio y mercurio.
Años después, en 2017, el Hospital Civil de Guadalajara informó que la incidencia de enfermedad renal infantil en Poncitlán era hasta diez veces mayor que en otras zonas de Jalisco. En ese momento ya se tenían identificados cerca de 600 pacientes.
Posteriormente, en 2019, la Universidad de Guadalajara realizó tamizajes escolares en comunidades como San Pedro Itzicán. Los resultados mostraron que una parte importante de menores aparentemente sanos presentaba alteraciones en la función renal.
Para 2023, registros oficiales contabilizaban cientos de menores con inflamación renal, considerada una condición previa a la enfermedad renal crónica.
Qué significa el monitoreo de 3,400 menores
El aumento a 3,400 casos no implica necesariamente que todos los niños hayan desarrollado una enfermedad renal irreversible. De acuerdo con autoridades municipales, se trata de menores que presentan indicadores o marcadores de daño renal y que requieren vigilancia médica constante.
Dentro de ese universo, alrededor de 400 menores son considerados pacientes de mayor riesgo y permanecen en seguimiento intensivo.
Las revisiones incluyen pruebas periódicas para detectar albúmina en la orina, una proteína cuya presencia elevada puede ser señal de afectaciones renales.
Contaminación, agroquímicos y pobreza: las posibles causas
Investigaciones académicas y oficiales coinciden en que el problema tiene múltiples factores.
La cuenca Lerma-Santiago-Pacífico recibe desde hace décadas descargas industriales, urbanas y agrícolas. Diversos estudios han señalado la presencia de metales pesados y bacterias contaminantes en distintos puntos del sistema hídrico.
Especialistas también han advertido sobre el uso intensivo de agroquímicos, entre ellos glifosato y pesticidas empleados en cultivos de la región, como el chayote.
A esto se suman condiciones sociales como la desnutrición y el aislamiento histórico de algunas comunidades, factores que podrían aumentar la vulnerabilidad de la población infantil frente a la exposición ambiental.
El alcalde Arturo Ascencio Gómez señaló además que ciertas condiciones hereditarias podrían estar influyendo en la evolución de los casos, en combinación con el entorno contaminado.
Las medidas implementadas en la región
Actualmente, autoridades de salud y el gobierno municipal realizan tamizajes mensuales en escuelas para detectar posibles afectaciones renales desde etapas tempranas.
Además, algunas familias reciben despensas con alimentos considerados libres de residuos químicos, como parte de una estrategia para reducir riesgos asociados a la alimentación.
El municipio también informó que mantiene diálogo con productores agrícolas para revisar el uso de agroquímicos y las condiciones de riego en distintas parcelas de la región.
Según el gobierno local, algunos menores han mostrado mejoría en sus indicadores y han sido dados de alta de programas prioritarios de seguimiento, aunque otros continúan ingresando al sistema de vigilancia.
Una crisis ambiental que sigue sin resolverse
Aunque autoridades municipales afirman que el problema no ha seguido creciendo al mismo ritmo en la población infantil, especialistas recuerdan que la enfermedad renal crónica no tiene cura y que la solución de fondo depende del saneamiento integral de la cuenca Lerma-Chapala-Santiago.
Mientras eso ocurre, miles de niños y adolescentes de Poncitlán continúan bajo vigilancia médica permanente en una región considerada por investigadores y organizaciones ambientales como uno de los focos más graves de contaminación y salud pública en México.














