Trump suspende ataques ‘energéticos’ contra Irán y se inventa negociaciones de paz; intentaría controlar colapso de mercados. ¿Quién está ganando con la guerra?

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Este lunes se cumplieron 24 días del conflicto armado que Estados Unidos e Israel mantienen contra Irán, en un escenario de ataques mutuos y creciente tensión regional. Lo que más ha destacado en las últimas horas es el comportamiento errático del presidente estadounidense Donald Trump, quien pasó en pocas horas de amenazar a Irán con bombardeos masivos contra su infraestructura energética a suspender esa misma amenaza y anunciar —falsamente, según Teherán— que ya habían iniciado conversaciones de paz.

Las acciones de Washington parecerían orientadas a realizar un control de daños y a frenar el colapso financiero que se presenta en múltiples sectores. Esa presión se agudiza además por la postura de aliados regionales como Qatar, que ya paga un alto costo político y económico por haber facilitado operaciones militares contra Irán.

Ataques mutuos durante el fin de semana

Durante el fin de semana, Israel y Estados Unidos realizaron múltiples ataques que impactaron tanto infraestructura como zonas civiles en Irán. Uno de los episodios más señalados fue un bombardeo en una zona residencial de Teherán cuyo objetivo, al parecer, era eliminar a un científico nuclear, pero que terminó con decenas de civiles muertos en los alrededores.

El Estado de Israel también reivindicó un ataque contra la central nuclear de Natanz, lo cual encendió alarmas internacionales e impulsó una investigación inmediata de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), que confirmó que la planta fue alcanzada por misiles. El organismo señaló que, hasta ese momento, los niveles de radiactividad se mantenían estables, aunque el incidente generó una condena internacional generalizada ante el riesgo de un cataclismo nuclear.

Ante estas agresiones, Irán respondió con firmeza. Entre los ataques más significativos destaca el impacto de un misil hipersónico en Dimona, ciudad donde Israel mantiene un centro nuclear. Varios edificios fueron alcanzados y se reportaron casi un centenar de heridos según fuentes oficiales.

De manera casi paralela, Irán ejecutó uno de los ataques más intensos del conflicto contra Arad, donde múltiples edificios resultaron dañados y más de 115 personas fueron lesionadas, generando escenas de pánico y gran incertidumbre en los territorios bajo control israelí.

Trump amenaza, Irán responde y Washington da marcha atrás

Tras la respuesta contundente de Irán, Trump publicó el domingo un mensaje en su red social Truth Social en el que amenazaba con lanzar ataques masivos contra objetivos energéticos iraníes si Teherán no abría el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas.

La Cancillería iraní rechazó la amenaza con igual contundencia. Aclaró que Irán no ha impuesto ningún bloqueo al estrecho de Ormuz y que la reducción del tráfico marítimo en la zona obedece al temor de las aseguradoras ante las agresiones militares estadounidenses e israelíes, no a una restricción iraní. Teherán reiteró que el paso permanece abierto, con la única condición de que se respeten los derechos de vía, y ratificó su postura de no utilizar el dólar como moneda de intercambio.

A pesar del rechazo iraní, Trump terminó cambiando de posición. Este lunes anunció la suspensión de los planes de ataque contra objetivos energéticos y justificó el giro afirmando que Irán ya se había puesto en contacto con su gobierno y que llevaban dos días de «muy buenas conversaciones» rumbo a un posible acuerdo.

Por enésima vez, el mandatario republicano quedó en evidencia como un mentiroso: el gobierno iraní desmintió de forma categórica haber iniciado cualquier tipo de diálogo con Washington. La negativa fue confirmada tanto por el canciller Abbas Araghchi como por el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf.

La situación se vuelve aún más paradójica dado que, según reportes periodísticos e inteligencia israelí, las supuestas negociaciones habrían sido precisamente con Ghalibaf —identificado como el líder de facto de Irán con fuertes vínculos con la Guardia Revolucionaria— quien, sin embargo, también desmintió cualquier contacto. En una declaración breve desde un aeropuerto en Florida, Trump había afirmado que no negociaba con el hijo del Ayatolá Alí Jamenei, Mojtaba Jamenei, sino con el «líder más respetado» de Irán, una descripción que fuentes israelíes atribuyeron a Ghalibaf.

Irán fue enfático: la guerra continuará hasta que Estados Unidos cumpla todas las condiciones establecidas por Teherán, incluyendo compensación por los daños causados, levantamiento de las sanciones económicas y garantías de no interferencia en su soberanía.

El colapso de los mercados como motor de la política de Trump

El comportamiento errático de Trump podría explicarse, al menos en parte, por la volatilidad de los mercados internacionales y el impacto que el conflicto está generando en sectores clave.

En Estados Unidos, el precio de la gasolina ha subido entre un 25 y un 33% en las últimas tres semanas, lo que ya se refleja en un incremento de alrededor del 2% en el índice CPI Food, que mide el costo de la canasta básica.

En Europa la situación es más grave: el precio de la electricidad subió más de un 80% en España, más de un 40% en el Reino Unido y más de un 30% en Italia. El gas natural en el Reino Unido casi duplicó su precio, y Alemania reporta aumentos superiores al 70%.

Los anuncios de Trump del lunes permitieron un alivio temporal que se tradujo en una reducción notoria en los precios de los combustibles y el gas en Europa.

A corto y mediano plazo, se anticipa que estos incrementos impacten también en el transporte, la industria y otras actividades de primer orden en múltiples países.

¿Quién gana y quién pierde con la guerra?

Como suele ocurrir en los conflictos armados, los grandes ganadores financieros son las empresas del sector de defensa, que registran crecimientos de entre un 8 y un 30% en sus acciones durante la última semana. Las compañías petroleras también se benefician de la escalada: firmas como ExxonMobil y Chevron reportan incrementos netos de entre el 10 y el 25% en sus ganancias.

Los perdedores, en cambio, son los Estados y sus ciudadanos. En el caso de Estados Unidos, el conflicto ya ha generado un gasto de aproximadamente 25.000 millones de dólares que no estaba presupuestado y que se está financiando con fondos de emergencia, elevando aún más una deuda pública que ya era históricamente alta.

Las estimaciones recientes indican que la deuda estadounidense podría crecer casi un punto porcentual más de lo previsto para este año, contando únicamente los gastos realizados hasta ahora. A esto habrá que sumar las erogaciones necesarias para reponer el inventario de misiles y sistemas antimisiles consumidos en combate.

Para el ciudadano promedio en Estados Unidos, el alza en gasolina y bienes básicos ya estaría representando una pérdida del poder adquisitivo de entre 100 y 170 dólares mensuales, según estimaciones recientes, lo que también incrementa la presión política sobre la Casa Blanca.

Países como Qatar, que prestó su territorio para operaciones militares contra Irán, también comienzan a sentir el costo de esa postura y estarían ejerciendo presión sobre Washington para que modere su estrategia bélica.

Pogromos contra palestinos en Cisjordania

Otra de las situaciones que más indignación ha generado en los últimos días es la oleada de ataques perpetrados por colonos israelíes contra poblaciones palestinas en Cisjordania y otros territorios ocupados. El término «pogromo» ha sido utilizado por las propias organizaciones israelíes de derechos humanos para describir la violencia y la saña con la que actúan estos grupos.

Los ataques se concentraron principalmente en las noches del sábado y el domingo 22 y 23 de marzo, afectando más de 10 localidades palestinas donde se incendiaron casas, vehículos y clínicas, además de agredirse físicamente a civiles. Más de una veintena de palestinos resultaron hospitalizados. Según la organización B’Tselem, al menos cinco palestinos han sido asesinados por colonos desde el pasado 28 de febrero.

Los ataques se agudizaron en el contexto de los bombardeos iraníes contra Israel, aunque también habrían sido desencadenados por un supuesto atropellamiento a un colono israelí que, al parecer, fue un accidente fortuito y no un acto intencional. Pese a ello, el incidente fue instrumentalizado para alimentar el extremismo de los colonos, quienes una vez más exhiben un accionar que organizaciones internacionales califican como crímenes de lesa humanidad y limpieza étnica contra el pueblo palestino.


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