En los rincones menos visibles del campus, una historia de vulnerabilidad animal derivó en un operativo humanitario que busca conciliar la seguridad universitaria con el respeto a los seres sintientes.
TOLUCA, EdoMéx. — En los senderos menos transitados de Ciudad Universitaria, donde el bullicio estudiantil se desvanece entre áreas verdes y pendientes, una perrita callejera encontró un refugio temporal. La comunidad universitaria la bautizó “Mantequilla”. Nadie imaginó entonces que su presencia, junto a sus siete cachorros, encendería las alertas institucionales y pondría a prueba los protocolos de convivencia con fauna en espacios abiertos.
Lo que comenzó como una historia silenciosa de supervivencia —con alimento proporcionado por algunos estudiantes y el instinto maternal de la perrita— terminó por visibilizar un desafío mayor: cómo proteger a la vez a las personas y a los animales que habitan los campus universitarios.
Una familia en situación vulnerable
“Mantequilla” se desplazaba entre distintos puntos del corazón educativo del Estado de México. Su ruta iba desde las inmediaciones de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales hasta accesos concurridos por cientos de estudiantes a diario. Pero la convivencia se fracturó cuando comenzaron a registrarse episodios de mordeduras. Los reportes formales no se hicieron esperar.
Fue entonces cuando la Universidad Autónoma del Estado de México (U
AEMéx) activó sus mecanismos de atención. Lejos de optar por medidas reactivas o violentas, la institución decidió actuar con una estrategia progresiva y cuidadosa.
Israel Gustavo Reyes Reyes, director de Fomento Ambiental de la Secretaría de Gobernanza de la UAEMéx, detalló que la intervención se realizó en etapas. Primero rescataron a “Mantequilla”. Posteriormente, en dos momentos distintos y superando las dificultades de un terreno de complicado acceso, aseguraron a cada uno de sus siete cachorros.
“No fue un operativo de choque, sino un esfuerzo coordinado para poner a salvo a una familia completa en condición vulnerable”, explicó el funcionario.
Protocolos con conciencia
El destino de los ocho lomitos fue el Centro Integral Multiespecie del Estado de México, ubicado en el municipio de Zinacantepec. Ahí reciben atención especializada, alimentación balanceada y seguimiento veterinario constante. Parte del proceso incluye esterilizaciones, enmarcadas en una política más amplia que busca controlar la sobrepoblación y elevar la calidad de vida de los animales en situación de calle.
Para la UAEMéx, este tipo de acciones no son incidentes aislados. La institución reconoce que la presencia de fauna en espacios abiertos representa un reto permanente, y que las soluciones deben integrar todas las miradas: desde quienes alimentan y cuidan a los animales por empatía, hasta quienes experimentan temor o inseguridad ante su comportamiento.
Adopciones y un nuevo comienzo
La historia de “Mantequilla” tiene capítulos alentadores. Tres de sus cachorros ya fueron adoptados, alejándose definitivamente de los riesgos de la vida callejera. Para la universidad, estos desenlaces son prueba de que es posible transitar hacia modelos humanitarios y sostenibles, donde el respeto por los seres sintientes no está reñido con la seguridad de la comunidad.
Más allá del rescate: el entorno y la biodiversidad
La decisión de retirar a la familia canina de Ciudad Universitaria no obedeció únicamente a los incidentes de agresividad. Las autoridades señalaron que los espacios universitarios no están diseñados para el alojamiento permanente de animales domésticos. Además, desde una perspectiva ecológica, la convivencia de perros callejeros con otras especies nativas de la zona genera competencia por recursos y potenciales afectaciones al equilibrio de la biodiversidad local.
“Se trata de seguir protocolos y dar atención adecuada, especialmente cuando hay indicios de agresividad”, subrayó Reyes Reyes, al tiempo que insistió en que los campus deben ser entornos seguros para todas y todos.
Una política en construcción
La Máxima Casa de Estudios mexiquense no se limita a responder a emergencias. Trabaja en el fortalecimiento de mecanismos de atención integrales, reconociendo que cada caso —como el de “Mantequilla”— deja lecciones. Entre la empatía hacia los animales y la prevención de riesgos, la UAEMéx construye una política que aspira al equilibrio, recordando que incluso en los rincones más apartados del campus, cada historia merece ser atendida con responsabilidad.
Por qué esto importa
En apocaliptic.com consideramos que esta información es relevante no solo por su valor anecdótico, sino porque ejemplifica un cambio de paradigma necesario en las instituciones públicas. Durante décadas, la presencia de animales callejeros en espacios educativos se resolvía mediante retiros discrecionales, sacrificios silenciosos o simplemente la indiferencia. Que la UAEMéx haya activado protocolos que priorizan tanto la seguridad humana como el bienestar de los seres sintientes —derivando a una familia completa a un centro multiespecie y promoviendo adopciones— demuestra que es posible actuar con humanidad sin caer en negligencia. En un contexto donde el maltrato animal y la sobrepoblación siguen siendo deudas sociales profundas, este tipo de acciones sienta un precedente. La noticia importa porque nos recuerda que el respeto a otras formas de vida no es un lujo de activistas, sino una responsabilidad institucional que las universidades, como formadoras de ciudadanía, están llamadas a liderar.















