Tras genocidio en Gaza, Israel intenta apoderarse del resto de Palestina: México y 84 países alzan la voz; Sheinbaum rechaza Junta de Paz de Trump

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Este martes, 85 países, incluido México, firmaron una declaratoria conjunta condenando las acciones perpetradas por el régimen de Israel en días recientes, en las que ha agudizado el robo sistemático y la colonización del territorio de Cisjordania, la otra región —y la de mayor tamaño— del Estado Palestino.

Se trata de un intento diplomático relevante que hace eco a las declaraciones emitidas horas antes por el Secretario General de la ONU, António Guterres, y que surge de forma coincidente con una nueva revelación de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien por primera vez comentó que semanas atrás habría rechazado una invitación del gobierno de Donald Trump para formar parte de la denominada Junta de Paz para la administración de Gaza, al tiempo que reiteró el reconocimiento de México del Estado Palestino.

El pronunciamiento internacional

El pronunciamiento, que también firman otras naciones de América Latina como Colombia, Brasil, Uruguay y Venezuela, así como naciones de todo el mundo como Rusia, Nueva Zelanda, Dinamarca, Bélgica, Suiza, el Reino Unido, Suecia y más de un centenar de organizaciones, condenó enérgicamente este martes las decisiones y medidas unilaterales israelíes destinadas a expandir la presencia ilegal de Israel en Cisjordania.

A través de este comunicado, dado a conocer en una reunión con medios de comunicación en la sede de la ONU, coordinada por el enviado palestino, Riyad Mansour, se señala que tales decisiones «son contrarias a las obligaciones de Israel en virtud del derecho internacional y deben revertirse inmediatamente«.

El pronunciamiento expresa también un rechazo conjunto «a todas las medidas destinadas a alterar la composición demográfica, el carácter y el estatus del territorio palestino ocupado desde 1967, incluido Jerusalén Oriental«, advirtiendo que «tales medidas violan el derecho internacional, socavan los esfuerzos en curso por la paz y la estabilidad en la región, van en contra del plan integral y ponen en peligro la perspectiva de alcanzar un acuerdo de paz que ponga fin al conflicto«.

En esta misiva, dada a conocer también por la Cancillería del Gobierno de Palestina, se ratificó «el compromiso reflejado en la Declaración de Nueva York de tomar medidas concretas de conformidad con el derecho internacional y en línea con las resoluciones relevantes de la ONU y la opinión consultiva del 19 de julio de 2024 de la Corte Internacional de Justicia, para ayudar a realizar el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación y contrarrestar la política ilegal de asentamientos en el territorio palestino ocupado«.

El pronunciamiento, que contó con el respaldo del Gobierno Mexicano, reiteró además que se necesita «una paz justa y duradera sobre la base de las resoluciones relevantes de las Naciones Unidas, los Términos de Referencia de Madrid —incluido el principio de tierra por paz— y la Iniciativa de Paz Árabe, poniendo fin a la ocupación israelí que comenzó en 1967 e implementando la solución de dos estados, donde dos estados democráticos, una Palestina independiente y soberana e Israel, vivan lado a lado en paz y seguridad dentro de sus fronteras seguras y reconocidas sobre la base de las líneas de 1967, incluido lo que respecta a Jerusalén».

Se trata de uno de los llamados internacionales más contundentes a exigir el retorno de las fronteras a su estado de 1967. Cabe recordar que desde ese año a la fecha el régimen de Israel ya se ha apropiado de más del 80% del territorio que había sido definido como parte del Estado Palestino, y que este proceso violento de despojo continúa de forma gradual. Las recientes medidas adoptadas en Cisjordania son el nuevo motivo que ha despertado reacciones a nivel internacional.

¿Qué hizo Israel?

A principios del presente mes, concretamente el pasado 8 de febrero, el gabinete de seguridad israelí aprobó una serie de medidas administrativas destinadas a avanzar en el proceso de colonización de Cisjordania. Entre ellas, la cancelación de la prohibición de venta de tierras a no musulmanes y la desclasificación de los registros catastrales de Cisjordania. El régimen de Benjamín Netanyahu pretende así imponer una nueva regulación que, en esencia, busca legalizar el despojo y el avance en la colonización de los territorios.

El propio ministro de Finanzas del régimen, Bezalel Smotrich, declaró que los cambios facilitarían a los colonos judíos obligar a los palestinos a ceder tierras y «continuar enterrando la idea de un Estado Palestino», ratificando con ello las verdaderas intenciones detrás de estas maniobras políticas.

Al día siguiente, el 9 de febrero, el Secretario General de la ONU emitió una nueva declaración expresando su preocupación por estas medidas y reiterando la necesidad de avanzar hacia una solución de dos estados. La semana pasada, ocho países de mayoría musulmana habían emitido una declaratoria conjunta denunciando que las acciones israelíes representaban «una grave escalada destinada a acelerar la actividad de asentamientos ilegales, la confiscación de tierra y a consolidar el control israelí de forma ilegal en el territorio palestino ocupado». El 10 de febrero, también la Unión Europea emitió un pronunciamiento condenando estas medidas y reafirmando el no reconocimiento de la soberanía de Israel sobre los territorios ocupados desde junio de 1967.

A pesar de los llamados internacionales, el 15 de febrero el régimen israelí aprobó fondos para implementar una resolución ministerial que permite reanudar el proceso de registro de tierras en Cisjordania, proceso que había estado congelado desde 1968. Con ello se presionará además a los propietarios palestinos a demostrar documentalmente la legalidad de sus propiedades, quedando en riesgo de que sus terrenos sean confiscados y declarados propiedad del Estado Israelí.

Ante estos atropellos flagrantes, el Secretario General de la ONU emitió una nueva declaración condenando estas decisiones y advirtiendo que podrían conducir al despojo palestino y a la expansión del control israelí sobre el territorio. Reiteró que «los asentamientos israelíes y los regímenes asociados carecen de validez legal, violan flagrantemente el derecho internacional y las resoluciones de la ONU», y exigió su revocación inmediata.

La Junta de Paz y México

Aunque no había sido informado mediante ningún boletín, comunicado o documento previo, este miércoles la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reveló de forma un tanto sorpresiva, que México había recibido una invitación para unirse a la Junta de Paz impulsada por Trump, y confirmó que rechazó dicha iniciativa del gobierno estadounidense.

Foto: Juan Carlos Buenrostro/Presidencia

Semanas atrás, Trump había coordinado esfuerzos para conformar una junta que se encargaría de manera arbitraria y unilateral de coordinar el proceso de reconstrucción en Gaza, una vez concluida la invasión del régimen israelí. A esta iniciativa sí se adhirieron otros mandatarios, como Javier Milei de Argentina.

Sheinbaum declaró que el motivo del rechazo fue precisamente que Palestina no estaba siendo considerada como parte de la iniciativa: «Reconocemos la búsqueda de la paz en cualquier espacio que se abra, pero en este caso, cuando se trata particularmente de la paz en el Medio Oriente y Palestina —dado que nosotros reconocemos a Palestina como un Estado—, es importante la participación de ambos estados, de Israel y de Palestina, y no está planteado así en el encuentro.»

La presidenta señaló que México únicamente aceptó participar como observador, posición que asumiría concretamente el embajador de México ante la ONU, decisión tomada en conjunto con el canciller.

Se trata de una de las posturas más contundentes de respeto a la soberanía y pleno reconocimiento del Estado de Palestina adoptadas por un gobierno mexicano, y que comienza a marcar una diferencia notable respecto a la posición que mantuvo México en sexenios anteriores.

Estas declaraciones de Sheinbaum llegan además de forma conjunta con el pronunciamiento internacional en rechazo al proceso de colonización que mantiene hasta nuestros días el régimen genocida de Israel.







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