La automotriz Stellantis ha optado por una suspensión temporal de operaciones en algunas de sus plantas en México, incluyendo la de Toluca, como respuesta inmediata a los aranceles del 25% impuestos por Estados Unidos a los vehículos importados, una medida impulsada por la administración de Donald Trump y efectiva a partir del 3 de abril de 2025.
Stellantis, empresa que agrupa marcas como Jeep, RAM, Chrysler y Dodge, emitió declaraciones este jueves, detallando que la planta de ensamblaje en Toluca, Estado de México, detendrá su producción durante todo el mes de abril, a partir del 7 de abril.
Esta decisión también afecta a la planta de Windsor, en Canadá, que pausará actividades por dos semanas, y se acompaña de despidos temporales de 900 trabajadores en cinco instalaciones de Norteamérica que suministran autopartes a estas fábricas. Antonio Filosa, director de operaciones para América del Norte, comunicó a los empleados que estas medidas son una reacción inicial a las nuevas tarifas, mientras la compañía evalúa los impactos a mediano y largo plazo.
La planta de Toluca, dedicada a la fabricación de modelos como el Jeep Compass y el Wagoneer S eléctrico, es una de las siete instalaciones que Stellantis opera en México. Otras plantas, como la de Saltillo, también enfrentan suspensiones temporales (del 31 de marzo al 13 de abril), pero el foco de atención recae en Toluca por su tamaño y relevancia en la producción para el mercado estadounidense, principal destino de las exportaciones automotrices mexicanas.
El impacto laboral de esta suspensión temporal es significativo, aunque matizado por las garantías iniciales de Stellantis, en el sentido que no se trata de un cierre definitivo. En Toluca, la planta emplea a más de 2,500 trabajadores directos, según estimaciones recientes. La empresa ha indicado que, durante el paro, los empleados no serán despedidos, sino que continuarán recibiendo su salario y realizarán tareas de mantenimiento y capacitación.
Esto sugiere un esfuerzo por mitigar el golpe económico a las familias que dependen de estos ingresos. Sin embargo, la incertidumbre persiste: si las tarifas estadounidenses se mantienen o escalan, podrían forzar ajustes más drásticos, como recortes permanentes o la reubicación de operaciones a otros países, incluido Estados Unidos.
Indirectamente, el efecto en la cadena de suministro es otro punto crítico. Proveedores locales, transportistas y negocios asociados a la planta de Toluca podrían resentir una caída en la demanda, afectando a miles de empleos adicionales en el Estado de México. La industria automotriz mexicana, que representa cerca del 4% del PIB nacional y más del 20% de las exportaciones manufactureras, enfrenta un momento delicado, y Toluca, como un núcleo industrial clave, podría ser un termómetro de las consecuencias económicas más amplias.
En el caso específico de Toluca, el futuro dependerá de cómo evolucione la negociación entre Stellantis y los gobiernos involucrados. Por ahora, la suspensión es temporal, y la empresa no ha anunciado planes de abandonar México, un país que sigue siendo estratégico por su mano de obra calificada y costos competitivos. Sin embargo, el episodio sirve como advertencia: la estabilidad laboral y económica en regiones como Toluca está en juego, y las próximas semanas serán cruciales para determinar si esta pausa es solo un bache o el preludio de cambios más profundos en la industria automotriz mexicana.