Una Voz en el Ojo del Huracán: La Egresada de UAEMéx que Llevó la Voz Juvenil Mexicana a la COP30

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Toluca, EdoMéx.- Mientras los líderes mundiales negociaban decimales en las metas de emisiones, una voz emergía desde las bases para recordarles el costo humano de su lentitud. Marta Citlali Alejandro Campos, egresada de la Facultad de Economía de la UAEMéx, cruzó el continente no como observadora, sino como portavoz oficial de la desesperanza y la exigencia de más de 2 mil 500 jóvenes mexicanos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) en Belém, Brasil. Su participación desnudó la brecha abismal entre la urgencia de una generación y la parálisis burocrática de los foros globales.

El Mandato: Ser el Megáfono de una Generación sin Futuro

Alejandro Campos acudió a la COP30 como representante de la Local Conference of Youth (LCOY) México 2025, un mecanismo que busca canalizar la voz juvenil. Su misión no era decorativa: consistió en visibilizar las problemáticas y propuestas de solución de miles de jóvenes que enfrentan lo que ella denomina la «policrisis climática». «Nuestra voz aporta propuestas innovadoras e invita a replantear las formas de entender el mundo», afirmó, subrayando que la participación temprana no es un gesto, sino una necesidad de supervivencia.

La Denuncia en el Palacio de Cristal: La Falta de Representatividad Real

Desde el corazón del foro internacional, la economista lanzó una acusación precisa: «Existe una carencia de representatividad real de las juventudes en estos espacios». Su declaración no es una queja, es un diagnóstico de un sistema fallido. Señaló la falta de mecanismos efectivos que permitan a las nuevas generaciones incidir directamente en las decisiones que, literalmente, definirán si tendrán un planeta habitable. Su presencia era, en sí misma, la excepción que confirma la regla de exclusión.

La Victoria Pírrica: Un Documento con Aportaciones Juveniles

El único destello concreto de su gestión fue la incorporación transversal de las aportaciones de la LCOY México en las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) de México, documento presentado por la Semarnat. Que las propuestas juveniles se «incorporen» en un documento gubernamental se celebró como un hito. Sin embargo, la pregunta que flota en el aire es si esta inclusión retórica se traducirá en política pública agresiva y ejecutada, o quedará como un gesto de relaciones públicas en un informe.

El Llamado Final: Que la Universidad Sea Retaguardia, no Obstáculo

Al concluir, Alejandro Campos hizo un llamado claro: pidió a las universidades, empezando por la UAEMéx, que visibilicen y respalden de manera tangible a los estudiantes que se embarcan en estas batallas. Es un reconocimiento tácito de que el activismo climático juvenil se libra contra reloj, con recursos escasos y, a menudo, con instituciones educativas que no saben cómo apoyar más allá de un comunicado. Su exhorto es a que la academia se convierta en plataforma logística y moral para esta generación que ha tenido que hacerse cargo de salvar un mundo que no heredó en buenas condiciones.

¿Por qué esta historia es esencial para Apocaliptic.com?

En Apocaliptic.com documentamos los focos rojos de sistemas al borde del colapso y la emergencia de nuevos actores que intentan evitar lo inevitable. La participación de Marta Citlali no es una nota color; es un reporte desde la primera línea del fracaso intergeneracional. Ella encarna a la generación que, habiendo internalizado que los mecanismos formales (gobiernos, COPs) son lentos e insuficientes, se infiltra en ellos para gritar su advertencia desde dentro.

Su testimonio revela la verdadera función de estos foros hoy: terapéuticos para gobernantes, pero existenciales para los jóvenes. La «policrisis climática» que nombra no es un concepto académico; es la realidad que su generación respira. Que su mayor logro sea haber «incidido» en un documento gubernamental, y no la declaración de una emergencia climática con acciones radicales, confirma nuestra tesis central: el sistema navega mientras el barco se hunde, y ahora los pasajeros están tomando el megáfono para dar la alarma que el capitán ignora. Es la crónica del momento en que la generación del desastre deja de ser víctima y se convierte, por obligación, en la última ingeniera de salvamento.

 







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