Los Soviéticos tienen el defecto
de no dejarte pensar, pues el partido
ya lo hizo por ti.
Ernesto “Che” Guevara”
Visité la habana Cuba por primera vez en diciembre de 1989 para asistir al Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y promover un cortometraje que acababa de realizar; desde que aterrizó mi avión y pasé aduana en el aeropuerto, detecté la vigilancia extrema de agentes del partido comunista y del estado cubano, me di cuenta casi de inmediato que tendría “marcación personal”, pues casi de la nada me coqueteó una cubana blanca que insistía en acompañarme a todos lados, esa misma noche me enteré que era una agente del régimen; como pude la esquivé, me hice el perdedizo y comencé mi rol por la Habana, en donde “casualmente” no había día que no me topará a la agente del partido comunista.
La isla vivía un punto de inflexión crítico, era el año en que inició el colapso de la unión Soviética y hacía un mes que había caído el “muro de Berlín”, era el principio del fin de la “estabilidad subsidiada”, a partir de ese año ya no más petróleo por azúcar, Cuba perdió el 85% de sus relaciones comerciales, lo que sumió al país en una severa crisis económica, comenzó el “periodo especial” Se registraron cortes severos de energía, escasez de alimentos y combustible, marcando el inicio de una etapa de austeridad extrema que continúa 36 años después.
En mis primeros roles, detecte unas “pintas” con una V y un número ocho en medio, me llamó la atención que aparecían las “pintas” en los baños de los bares, los antros, los restaurantes, en las guaguas, en las tiendas para turistas, V8 significaba “Viva Ochoa” y es que, en julio de 1989, había sido fusilado el héroe de la República, Arnaldo Ochoa, junto con Antonio de la Guardia y otros militares por narcotráfico y corrupción. Fue una conmoción en la sociedad cubana y la revelación de fuertes tensiones en la cúpula del régimen; era inevitable preguntarme, ¿Cómo es posible que la nomenclatura del poder en Cuba ignorará las actividades del Héroe de Angola y el militar más prestigioso de la Cuba comunista? ¿Cómo fue posible que lo ignorará la seguridad nacional cubana, una de las más estrictas, rigurosas del mundo? En resumen, 1989 representó el fin de una era para Cuba, pasando de la dependencia soviética a una lucha por la supervivencia económica y política en la post-Guerra Fría, sentía en las calles y en los lugares públicos la adrenalina del cambio.
Así estuve por varios días, atisbando el pulso habanero y esquivando a la agente del gobierno, hasta que un buen día implota la rutina: desayunaba en el restaurante del hotel atendido por una mesera negra veinteañera (yo tenía 31), hermosa mujer cuya mirada se encontró directo con la mía al servirme el café; me hizo una seña explicita y salió del restaurante; enseguida me levanté, salí a la calle y ahí estaba ella, nos miramos, camine hacia ella y sin mediar palabra nos fundimos en un largo beso al término del cual me dijo: “soy Nereida” por lo que respondí hipnotizado por aquellos labios: “y yo Gerardo”.
” NEREIDA”, vaya nombre de danzón melodioso y con un aire salvaje; con ella conocí La Habana profunda; bares, escondrijos callejeros, lugares insólitos a donde nunca va un turista, barrios negros cubanísimos.
Recorrí con Nereida la Habana Subterránea, conocí a los liadores de puros clandestinos, aprendí a tomar un taxi clandestino, comí en fondas “clandestinas”, me acerqué al alma de la negritud cubana, comí con su familia y hasta conseguí un maravilloso “chuby”.
Un día antes de mi regreso a México, le compré a Nereida unas medias, unas zapatillas y un vestido que se enfundó como una Reyna (guapísima Nereida), al final le obsequié unos dólares para que tuviese una fiesta navideña con su familia (fue el 15 de diciembre de 1989) y así nos despedimos.
Me acosté temprano pues mi avión salía a las 8 de la mañana y tenía que estar en el aeropuerto a las 6; de pronto cuando dormía a pierna suelta me despertó el timbre del teléfono de la habitación, era la madre de Nereida que me buscaba a las 3 de la madrugada! La policía cubana había llevado a la cárcel a su hija, pues le encontraron los dólares que le di, la acusaban de prostitución y la habían llevado a la cárcel increíble pero cierto Jamás esquivé a la agente comunista, había sido vigilado en todo mi periplo.
La madre de la chica me pidió que la acompañase a la prisión a declarar que yo le había dado los dólares por mi voluntad, sin nada a cambio. Ahí me tienen en plena madrugada Habanera, recorriendo las calles de la ciudad en compañía de la madre de Nereida, una mujer idéntica a Doña Eufrosina, la mamá de Memín en el famoso comic: robusta, de rostro redondo y con paliacate en la cabeza, en un momento caminamos literalmente “del brazo y por la calle”; después de una hora y media de caminata llegamos a la cárcel, una construcción de piedra, con grandes muros y enrejados inexpugnables, extraída directamente de la colonia española, fría e impresionante; no me dejaron hablar ni ver a Nereida, pero si pude declarar en su favor, les dije que ella no me pidió nada y que simplemente fue un regalo mío.
Así emprendí el viaje de regreso en compañía de “Doña Eufrosina”, que en el trayecto me dio las gracias y me dijo “No sabe lo que acaba de hacer, salvó a mi hija”, nos despedimos con un abrazo inmenso, eterno, infinito y llegué a mi hotel a las ¡Cinco y media de la mañana! El recorrido habanero fue de dos horas y media; “la guagua” (camión)ya había salido al aeropuerto, tomé mi maleta (que afortunadamente hice la noche anterior) y bajé corriendo, se me había ido el camión y no tenía suficiente dinero para un taxi (legal) son carísimos. Entonces apliqué lo que aprendí con Nereida, tomé un taxi clandestino, acordé un precio que si me alcanzaba; el chofer acelero demencialmente, arriesgándonos a una detención.
Llegué al aeropuerto en la raya, con el avión a punto de despegar, logré escuchar que voceaban mi nombre dando el último aviso, hice lo trámites aduanales en dos minutos y logré subir al avión.
Años después, de vuelta en la Habana, pregunté por Nereida y me enteré de que fue liberada y enviada a Santiago de Cuba a trabajar.
siempre amaré a Nereida, a doña Eufrosina y a Cuba mi amada Cuba.













