Registro De Edgar Castillo En Jilotepec: El PRI Cierra Filas En El Norte Del Estado

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En un movimiento con escaso margen para la sorpresa, pero con múltiples lecturas estratégicas, Édgar Castillo Martínez formalizó su registro como aspirante a la dirigencia municipal del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Jilotepec. El acto, ocurrido a escasos siete meses del inicio formal de los trabajos rumbo a las elecciones intermedias de 2027 —donde los mexiquenses elegirán presidentes municipales, diputados locales y federales—, reconfigura el tablero interno del priismo en la zona norte del estado y envía señales claras sobre el estado que guarda la relación entre la dirigencia nacional, estatal y una de las familias políticas más tradicionales de la región.

El regreso de un operador con experiencia

La irrupción de Castillo Martínez en la contienda interna no es un hecho menor. Se trata de un político con trayectoria probada en cargos de elección popular y experiencia legislativa en dos niveles. Fue presidente municipal de Jilotepec entre 2013 y 2015; diputado local en la LVII Legislatura del Congreso del Estado de México (2009-2012), donde ocupó la secretaría de la Comisión de Procuración y Administración de Justicia; y diputado federal por el Distrito 1 con cabecera en Jilotepec durante la LXIII Legislatura (2015-2018), periodo en el que formó parte de comisiones clave como Puntos Constitucionales y Energía.

A su paso por el Congreso de la Unión se suman cargos partidistas previos —fue secretario de Acción Electoral en su municipio y ha sido consejero político nacional y estatal—, así como una incursión en el sector campesino, lo que le otorga un perfil vinculado a una de las bases tradicionales del priismo mexiquense. Su formación académica en Derecho por la UAEMéx y diplomados en desarrollo regional, coordinación fiscal y relaciones exteriores completan un currículum que, en términos de experiencia, pocos aspirantes pueden igualar en la zona.

Borrón y cuenta nueva con Ricardo Aguilar Castillo

El segundo mensaje que arroja este registro es de naturaleza interna y atañe directamente a la dirigencia nacional y estatal del partido. Édgar Castillo es hermano de Ricardo Aguilar Castillo, ex líder estatal del PRI y figura que en los últimos años se había convertido en un crítico abierto de las dirigencias nacionales encabezadas por Alejandro Moreno y de la estatal, en manos de Ana Lilia Herrera.

Al abrirle la puerta a Édgar, la dirigencia nacional envía una señal de que está dispuesta a limar asperezas con el hermano de uno de sus críticos más visibles. El mensaje implícito es que, en aras de la unidad y de cara a la elección intermedia de 2027 —donde el partido enfrentará un escenario complejo con Morena consolidado en amplias zonas del estado—, los costos de mantener una ruptura en el norte superan los beneficios de excluir a los Aguilar Castillo. No sería extraño que, en los próximos meses, el propio Ricardo Aguilar reingrese a la vida orgánica del partido o aparezca en alguna posición de relevancia.

El norte del estado: bastión histórico, mismo diagnóstico

El registro de Édgar Castillo también ratifica una constante en la geografía política del PRI mexiquense: el norte del estado sigue siendo considerado la base más leal al tricolor. De esa región han surgido figuras que marcaron la vida política estatal y nacional, desde la propia familia Aguilar Castillo hasta el expresidente Enrique Peña Nieto, oriundo de Atlacomulco, pero con fuerte influencia en toda la zona.

Que la dirigencia haya optado por un perfil tradicional y con apellido conocido en Jilotepec indica que, al menos en el norte, el partido no está dispuesto a experimentar. La apuesta es por conservar lo que aún no se ha perdido, antes que por explorar nuevas fórmulas en un territorio donde el voto duro priista aún podría marcar diferencias en una elección competida.

Renovación de cuadros: la asignatura pendiente

Sin embargo, el mismo dato que evidencia fortaleza territorial también revela la principal debilidad estructural del PRI mexiquense: su incapacidad —o falta de voluntad— para renovar cuadros y construir nuevos liderazgos. Que en el 2026, con un escenario político radicalmente distinto al de las décadas pasadas, el partido siga recurriendo a los mismos apellidos y a los mismos perfiles que gobernaron en los años noventa y dos mil, habla de un agotamiento en la formación de cuadros intermedios.

Mientras Morena y otros partidos han impulsado perfiles emergentes —con resultados dispares, ciertamente—, el PRI parece atrapado en un bucle generacional. La apuesta por Édgar Castillo puede ser eficaz en el corto plazo para mantener el control de Jilotepec y la región, pero no resuelve la pregunta de fondo: ¿qué pasará cuando esos apellidos ya no puedan sostener por sí mismos la estructura?

Conclusión: una jugada defensiva con miras a 2027

El registro de Édgar Castillo en Jilotepec debe leerse como una jugada defensiva. Defensiva frente a Morena, que ha crecido en el norte; defensiva frente a las rupturas internas, que se intentan cicatrizar con la reincorporación de los Aguilar Castillo; y defensiva frente a la necesidad de mantener viva la estructura territorial de cara a la elección intermedia.

El mensaje político es claro: el PRI mexiquense sabe que su supervivencia en 2027 pasa por sostener sus bastiones históricos, y en esa lógica, los hombres fuertes del pasado vuelven a ser convocados. La pregunta, a siete meses del inicio formal del proceso electoral, es si esa experiencia será suficiente para contener el avance de un oficialismo que, con todas sus contradicciones, ha logrado posicionarse como la opción dominante en amplias zonas del estado.







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