VERDADES MENTIROSAS… El Gran Dictador

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     “El amor es imposible”

Darío Sztajnszrajber.

La Revolución del Sentido Común intenta aplastar a la Revolución de las Conciencias; es el poder de la fuerza lo que induce el destino; la razón, la justicia, la diversidad y el libre pensamiento son subterfugios que sirven de coartada al terror, en donde no hay opción, no hay esperanza. si la esperanza es Dios, estamos fritos, significa que no hay tal esperanza.

Lo ha dicho Donald I: “La supremacía estadounidense y mi liderazgo son cuestión de sentido común”. El poder evangélico sionista no sólo ha secuestrado la inocua esperanza, ha desaparecido lo único que nos hacía humanos, nuestro espíritu colectivo o, en otras palabras: nuestra humanidad.

Se impone un cuestionamiento. ¿en verdad queremos sobrevivir para ser esclavos? O ¿en verdad haremos la Revolución de las Conciencias?, pero no será posible, sin revertir, transgredir y confrontar al sentido común.

Mucho me temo que Claudia Sheinbaum, su gabinete y principalmente Marcelo Ebrad son parte del sentido común; y por lo tanto son incapaces de enfrentar al sionismo que da las ordenes en estados Unidos,  México y en toda América, no sólo a través de sus redes de espionaje  como ¡Pegasus” y otras más sofisticada y eficaces o a través de sus grupos de autodefensa, como los que dirige Eduardo Margolis contra el secuestro de sionistas, también por sus infiltraciones  en posiciones gubernamentales y en instancias de poder y sobre todo por su aplastante dominio en los medios de comunicación, el nazi sionismo controla la información y la narrativa pública, gobiernan la estructura del pensamiento dominante, no el pensamiento mayoritario pero si el dominante, que recurre como norma al sentido común.

En un orden constituido en el que la competencia es el móvil humano y en el que ser “competitivo” es el “valor máximo” es cuestión de sentido común que gobiernen los multimillonarios pues son los portadores del “éxito”; han competido y son triunfadores, en la utopía del sentido común no hay ni pobres ni ricos, ni inteligentes o tontos, no hay buenos o malos, sólo hay ganadores y perdedores.

Los ganadores son admirables porque los mecanismos de la empatía han trasmutado, el estadounidense común, el argentino común, el israelí común; empatizan y admiran a los Trump. Milei y Netanyahu, y adoran a Elon Musk, porque son vencedores sin importar a quien hayan pisoteado. El proceso de la degradación humana, de la involución imparable, estamos tocando fondo gobernados por la estulticia y el terror.

Es por ello que el genocidio en Gaza, equivalente al diluvio bíblico, le es indiferente a la mayor parte de los humanos del mundo, que se aprestan a ver como se construye un mega complejo turístico para la elite mundial sobre cientos de miles, quizá millones de cadáveres palestinos, es posible porque nos fragmentamos, nos dimos identidades, nacionalidades, fronteras, que marcan nuestro destino y nos permiten alienarnos del prójimo, los indignados por el genocidio en Palestina somos minoría en el género humano.  Si así no fuese, no sería posible.

Las pancartas de protesta contra Donald I en Minnesota ya muestran entre sus consignas que el presidente magnate ha constituido una especie de IV REICH y es así porque antes de Rey o Emperador se asume como ¡Dictador! Los manifestantes tienen razón pues tiene el estilo, las formas y las estructuras que está forjando, recuerdan a Adolf Hitler, el dictador por antonomasia; el ICE son sus SS, Mar-a- Lago es su “guarida del lobo”, los migrantes son “sus judíos”, tiene su cristianismo positivo devenido en cristianismo cultural y tiene también su Lebensraum (doctrina del espacio vital) y un ejercito poderoso para conquistarlo y está aplicando una política interna de choque. Intimidando y violentando a quienes protesten contra la arbitrariedad y la injusticia.

Donald I se asume como un dictador y lo primero que me viene a la cabeza es la inolvidable película de Chaplin EL GRAN DICTADOR, que además de ser una parodia devastadora, intenta dar un mensaje al ser humano; cabe aquí recordar textualmente el inicio del su discurso final “Lo siento, pero no quiero ser emperador. No es asunto mío. No quiero gobernar ni conquistar a nadie. Quisiera ayudar a todos, si es posible: judíos, gentiles, negros y blancos. Todos queremos ayudarnos unos a otros. Los seres humanos somos así. Queremos vivir de la felicidad de los demás, no de su miseria. No queremos odiarnos ni despreciarnos. En este mundo hay espacio para todos. Y la buena tierra es fértil y puede proveer para todos. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido.” 







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