“Auschwitz demostró la inutilidad de la cultura.
Después de él toda cultura es basura”
Teodor Adorno.
El siglo XXI marca un momento climático en la historia humana, el momento de su derrota en toda línea, hemos llegado al punto culminante de nuestra involución, el fracaso absoluto del proyecto humanista, el espíritu que nos unificó para ser quienes somos, se ha extraviado para siempre.
Aparece ante nuestros ojos el advenimiento de una nueva especie, forjada por una transición insólita, un retroceso a nuestro estado animal, una nueva especie a la que podría llamarse subhumana.
El terror y la estulticia han triunfado sobre cualquier tipo de esperanza y la subhumanidad se erige sobre los escombros de la filosofía y las ruinas del racionalismo y sobre el fracaso rotundo de todas las revoluciones y todas las religiones, se erige sobre una cultura y una civilización que se ahoga en sus propias heces; el sub humano es fruto de la traición a nuestro espíritu.
El espíritu humano fue ingenuo, creyó en el cuento de la razón, en la evolución histórica natural hacia un paraíso en la tierra, creyó en Dios y se tragó la coartada del terror, pero el siglo XXI nos abre los ojos sobre las motivaciones verdaderas de la historia, sobre el motor profundo que hace que las cosas sucedan: la codicia y la venganza, no hay más, “los valores universales” como subterfugios del “sentido común” se evaporaron y desaparecieron, el subhumano del siglo XXI es una máquina de exterminio.
Las fuerzas de exterminio israelís sionistas son el mejor ejemplo de sub humanidad, pues como animales feroces se regodean en el dolor ajeno y celebran el asesinato, la humillación y la pérdida de dignidad, como celebran las hienas el encuentro con la carroña, los sionistas israelís (que no judíos) que celebran su genocidio, son bestias atravesados por la crueldad.
De entre las prácticas heredadas del nazismo destaca la implementación de una de las máximas fundantes del sueño nazi/sionista: Hier ist kein arum, cuyo significado esclarece de manera contundente al nazi sionismo: “no hay una razón, no hay un por qué”. Eso contestaban los guardias de los campos de concentración cuando las víctimas se atrevían a preguntar ¿por qué?
La historia está formada por una cadena de venganzas cuya sucesión de eslabones es infinita, como anticipó el poeta W.H. Auden: “los que reciben mal, hacen mal a cambio”, es por eso que ahora los libros sagrados son letra muerta, al ser despojados de nuestro espíritu, retornó nuestra fundación animal, nunca como ahora el pez grande se comió al pez chico.
Como plantea Franco Berardi en PENSAR DESPUÉS DE GAZA; “quien quiera entender las fuerzas profundas que mueven la historia debe analizar los traumas que generan su energía destructiva…el Dios del antiguo testamento es un Dios psicótico”.
La paz, la democracia, los derechos humanos, la justicia, los valores universales, son palabras vacías que ya no dicen nada, no se puede creer en la palabra, todas esas causas fueron inventos paliativos del terror, pero en el imperio sub humano ya no se necesitan, el reino de la crueldad no permite paliativo.
De las llamas perversas de la inquisición, a los iracundos hornos crematorios nazis, a los fuegos burlescos de Hiroshima y Nagasaki, a los bombardeos festivos de Gaza, hay una involución que Darwin no creería: el retorno animal, con la tecnología del exterminio en busca del espacio vital, no hubo pacto humano, no hubo entendimiento, no hubo acuerdo final,
sólo hay solución final. El amor fracasó estruendosamente.















