«El judío sionista teme verse reflejado
históricamente en el soldado nazi del ‘39»
RÚBEN KOLER.
La tierra prometida no es la Palestina ocupada por el ejército del Jazaro Benzion Mileikowsky, alias Benjamín Netanyahu, nombre que cambió junto con miles de personas al fundarse Israel para adoptar una identidad hebrea, es decir para usurpar una identidad judía, parte central del gran engaño, de la gran farsa universal, la verdad mentirosa más terrible de la historia: la creación del Estado de Israel, que ya costó dos guerras mundiales y se encuentra en los prolegómenos de la tercera
Israel no sólo ocupa Palestina, ocupa abierta o veladamente muchos países, entre otros el hegemónico, Estados Unidos de América, la tierra prometida no es una región del planeta, la tierra prometida del cretinismo nazi sionista, es el mundo y quizá el universo entero o incluso lo que está más allá del universo.
El gran Israel y el Gran Estados Unidos son parte del mismo programa cuyo fin estratégico es la imposición de la supremacía blanca, a sangre y fuego, como parte de una solución final: el advenimiento del neo/esclavismo, un modelo que recuerda en mucho a Metrópolis, la obra maestra de Fritz Lang que mientras más pasa el tiempo se vuelve más profética.
Para refundar la esclavitud, es necesaria la eliminación de los “prescindibles”, cuestión inminente con el desarrollo de la tecnología y en el que el control de la Inteligencia Artificial será un arma letal.
Netanyahu es el sicario, Trump es el emperador, pero su eminencia gris es el lobby israelí, que organizó, operó, ejecutó la conquista de Venezuela y ya prepara los frentes de Cuba y México, ya hay apuestas sobre a quién bombardeará primero, a Cuba y México o a Irán.
Por ello los análisis y discusiones sobre si Trump y sus secuaces son fascistas o no, me parece inocua, inútil y estúpidamente delirante e irrelevante; los lamentos por la ruptura de las leyes internacionales son vergonzosamente plañideros, las leyes internacionales nunca han existido ni para Israel ni para Estados Unidos, simple y sencillamente, se acabó la farsa.
La contra revolución patriarcal encabezada por Donald I es algo nuevo que se parece a muchas cosas, que usa métodos y consignas de variedades infinitas, pero cuyas tácticas tienen una dirección; la fundación del Gran Israel y el Gran Estados Unidos, para lo cual es necesaria la conquista del espacio vital, por ello se autonombró ¡presidente interino de Venezuela!, sueña con ser Sha de Irán y con gusto se diría presidente de México y Canadá, en Cuba seguramente será el gran casinero.
Trump le ha dado al sionismo un componente que recuerda el carácter de los símbolos y los lemas en el régimen del tercer REICH encabezado por Hitler, por eso el uso de la bandera de trece estrellas, usada por sus padres fundadores, toca al origen, rotundamente blanco, profundamente esclavista. Por eso el nuevo lema de Trump y su pandilla: “ONE HOWLAND” “ONE PEOPLE” Y ONE HERITAGE (una tierra” “un pueblo” y un patrimonio) casi una calca del viejo lema del sueño nazi; EIN VOLK, EIN REICH, EIN FUHRER (¡Un pueblo, un reino, un líder!» o «¡Un pueblo, una nación, un líder!»).Ya no cabe duda que el sionismo fue el ganador de la segunda guerra mundial, ahora están empeñados en dar el siguiente paso, ganar la tercera.
Nadie imaginó que Estados Unidos e Israel fundarían el 4to REICH, restablecerían los conceptos y principios nazis fundamentales (el espacio vital, la supremacía racial, el cristianismo positivo, y la divinidad del líder), estamos en medio de una de las paradojas más grandes de la historia.
Nadie imaginó las dimensiones de su guerra cultural, militar y feroz contra los pueblos del mundo, todo por la solución final: clausurar de una vez y para siempre la lucha de clases.















