Toluca, EdoMéx. – La Universidad Autónoma del Estado de México y el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE) firmaron un convenio de colaboración orientado a fortalecer la cooperación académica, científica y formativa entre ambas instituciones. El acuerdo, suscrito en la Sala «Ignacio Manuel Altamirano» del Edificio de Rectoría, busca integrar tecnología, investigación y formación humanista en proyectos educativos conjuntos.
En representación de la rectora Martha Patricia Zarza Delgado, la titular de la Dirección para la Internacionalización de la Investigación y Estudios Avanzados, María Luisa Becerril López, explicó que el convenio permitirá desarrollar actividades académicas y científicas de manera permanente.
Convenio para proyectos educativos y científicos
Becerril López detalló que ambas instituciones colaborarán en la creación y realización conjunta de cursos, diplomados, programas educativos, investigaciones y proyectos audiovisuales, tanto en modalidad presencial como a distancia. «En favor de la educación para todas las personas», subrayó, la alianza buscará resultados mutuamente beneficiosos.
La coordinadora del Centro de Investigación Multidisciplinaria en Educación (CIME) de la UAEMéx, Ana María Reyes Fabela, destacó que el avance científico y tecnológico debe ir acompañado de una perspectiva ética y humanista. Señaló que las humanidades y las ciencias sociales permiten comprender la complejidad de los procesos históricos, culturales y sociales, así como reflexionar sobre las implicaciones humanas del desarrollo tecnológico.
ILCE: 70 años y un llamado a la educación con sentido social
El director general del ILCE, Ismael Carvallo Robledo, resaltó los 70 años de trayectoria del Instituto como referente regional en comunicación educativa y en el uso de tecnologías aplicadas al aprendizaje. Señaló que el organismo se ha consolidado como un actor clave en América Latina en la producción de materiales didácticos y en la incorporación de herramientas tecnológicas en los procesos educativos.
Posteriormente, Carvallo Robledo impartió la conferencia «Razón, sentido y misión de la educación en el siglo XXI», en la que reflexionó sobre el papel de las instituciones educativas frente a los desafíos contemporáneos. «El objetivo de la educación en nuestro tiempo no puede desligarse de las realidades sociales y culturales que vivimos; debe responder a las necesidades de nuestras comunidades y contribuir a la formación de ciudadanos capaces de comprender y transformar su entorno», afirmó.
¿Por qué esta información es importante?
Esta información importa porque documenta un tipo de alianza que suele pasar desapercibida pero que tiene el potencial de incidir en la manera en que se enseña y se aprende en el país. La firma de un convenio entre una universidad pública estatal y un organismo internacional especializado en comunicación educativa no es un trámite burocrático: es la posibilidad de que los desarrollos tecnológicos y pedagógicos que se generan en el ámbito regional puedan dialogar con experiencias y recursos de alcance latinoamericano.
Para la sociedad en su conjunto, la relevancia está en el énfasis que ambas instituciones pusieron en la necesidad de que la tecnología educativa no se convierta en un fin en sí mismo. La advertencia de Reyes Fabela sobre la importancia de las humanidades y las ciencias sociales para comprender las implicaciones del desarrollo tecnológico no es una declaración nostálgica. En un momento donde la inteligencia artificial, las plataformas de aprendizaje y las herramientas digitales están transformando la educación a velocidad vertiginosa, preguntarse por el sentido de esos cambios —por su impacto en la formación de ciudadanos, no solo de usuarios— es una cuestión de fondo.
Para los docentes y estudiantes, este tipo de acuerdos pueden traducirse en recursos concretos: materiales didácticos mejor diseñados, acceso a plataformas, posibilidad de participar en proyectos internacionales. Para los padres de familia, importa porque incide en la calidad de la educación que reciben sus hijos, aunque sea de manera indirecta.
Finalmente, la conferencia de Carvallo Robledo plantea una pregunta que debería estar en el centro del debate educativo: ¿para qué educamos? Si la respuesta es solo para insertarse en el mercado laboral, la educación se reduce a entrenamiento. Si, en cambio, se trata de formar personas capaces de comprender su entorno y transformarlo, entonces la discusión se vuelve más compleja y también más esperanzadora. Que una universidad pública y un organismo internacional dediquen tiempo y recursos a hacerse esa pregunta no es un lujo. Es, o debería ser, parte central de su función.















