Toluca, EdoMéx.- La Universidad Autónoma del Estado de México fue sede de la charla «Construyendo el Camino Común», impartida por Sebastián Errázuriz, director de la Red Preventiva Global y fundador de Actitud Lab y Copreventive. El encuentro, que contó con la presencia de la rectora Martha Patricia Zarza Delgado, convocó a estudiantes y académicos a reflexionar sobre el papel de la universidad en la formación de ciudadanos comprometidos con su entorno.
Errázuriz, quien también es cofundador de la organización TECHO —iniciativa con más de dos décadas de trabajo comunitario en América Latina—, planteó una crítica al modelo de liderazgo tradicional y propuso en su lugar una visión basada en el servicio, la colaboración y el bienestar colectivo.
El diagnóstico: hiperconectados pero solos
Uno de los puntos centrales de su intervención fue la paradoja que enfrentan las generaciones actuales. «Hoy vivimos en una sociedad hiperconectada tecnológicamente, pero en la que estamos profundamente desconectados y solos. Es la generación con la mayor brecha tecnológica de la historia, también la que más sola se ha sentido», señaló.
El especialista advirtió que esta desconexión no es un problema menor, sino uno de los principales desafíos de la actualidad. En un contexto donde el acceso a la información es masivo, dijo, las habilidades socioemocionales como la empatía, la escucha activa y la capacidad de trabajar en equipo se han vuelto tan fundamentales como los conocimientos técnicos.
Liderazgo con sentido social
Durante su charla, Errázuriz compartió su experiencia en la creación de proyectos comunitarios y sostuvo que las transformaciones sociales más significativas suelen comenzar con pequeñas acciones colectivas. Invitó a los estudiantes a involucrarse activamente en sus comunidades y a poner en práctica lo aprendido en las aulas.
«Los quiero invitar a vivir, a incomodarse, a salir de sus zonas de confort. Busquen un problema en su comunidad y atrévanse a trabajar para solucionarlo. Ahí es donde realmente se aprende», afirmó.
La rectora Zarza Delgado agradeció la participación del conferencista y subrayó la importancia de mantener espacios de diálogo donde se aborden los retos sociales contemporáneos y el papel de la educación superior en su transformación.
¿Por qué esta información es importante?
Esta información importa porque pone el dedo en una llaga que pocos quieren reconocer: la tecnología nos acerca en la superficie pero nos aleja en lo profundo. Los jóvenes de hoy, a pesar de tener el mundo en la palma de su mano a través de una pantalla, reportan niveles de soledad y ansiedad que no se veían en generaciones anteriores.
Que un especialista como Errázuriz plantee este diagnóstico en un espacio universitario no es menor. La universidad no solo forma profesionistas, también forma personas. Y si esas personas egresan con altas capacidades técnicas pero sin herramientas para relacionarse, para trabajar en equipo, para comprometerse con su entorno, algo se está perdiendo en el camino.
El llamado a «incomodarse» y a buscar problemas en la comunidad para resolverlos es también una invitación a romper con la lógica del individualismo que impera en muchas profesiones. No se trata solo de conseguir un buen trabajo, sino de entender que el conocimiento adquiere sentido cuando se pone al servicio de algo más grande que uno mismo.
Para los estudiantes que estuvieron en la charla, y para los que lean esta nota, la importancia radica en la posibilidad de cuestionarse: ¿estoy realmente conectado con mi entorno o solo con mi teléfono? ¿Mi formación me está preparando para competir o para colaborar? ¿Qué problemas veo a mi alrededor y qué estoy dispuesto a hacer para resolverlos?
En un país con las desigualdades y los desafíos que tiene México, estas preguntas no son académicas. Son existenciales. Y la universidad pública, al alojar este tipo de reflexiones, cumple una función que va más allá de la transmisión de conocimiento: contribuye a formar ciudadanos.















