Norma Baca Tavira: Una Trayectoria De Preguntas, Migración Y Feminismo Académico En La UAEMéx

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Toluca, EdoMéx. – Norma Baca Tavira, actual titular de la Secretaría de Igualdad Sustantiva y Cuidados de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), no proviene de una familia de académicos ni creció rodeada de bibliotecas. Nació en la Heroica Zitácuaro, Michoacán, tercera de cinco hermanas, en un entorno donde los libros eran escasos pero los periódicos, leídos por su padre cada mañana, se convertían después en su principal ventana al mundo. Esa práctica cotidiana —ojear lo que otro había terminado— definió, según su propio relato, su relación con la necesidad de generar conocimiento.

Baca Tavira migró a Toluca para estudiar Economía en la UAEMéx. Allí comenzó a interrogar un fenómeno que conocía desde la infancia: la migración de vecinos, amigos y familiares hacia Estados Unidos, la Ciudad de México o Morelia. «Una se acostumbra a que la gente se va, pero yo me preguntaba por qué», recuerda. Esa pregunta inicial derivó, años después, en una línea de investigación sostenida sobre movilidad, trabajo y género.

Los límites de los modelos económicos

Durante su formación como economista, Baca Tavira detectó una ausencia recurrente: los modelos teóricos que estudiaba no lograban explicar el trabajo de las mujeres dedicadas al hogar ni su contribución a la economía. Esa carencia la llevó a explorar, en su tesis de Maestría en Estudios Urbanos y Regionales, la manera en que las mujeres concebían su propio trabajo y su lugar en la estructura social y productiva.

El interés por estas preguntas coincidió con un entorno académico que, en ese momento, no siempre alentaba la participación femenina en la investigación. Baca Tavira refiere comentarios de profesores que cuestionaban la posibilidad de que las mujeres se dedicaran a la vida académica bajo el supuesto de que eventualmente priorizarían el matrimonio y la familia.

Programas pioneros en estudios de género

Frente a esos cuestionamientos, Baca Tavira se adentró en la teoría de género. Desde la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEMéx, junto con otras colegas, impulsó la creación de la Especialidad y la Maestría en Estudios de Género, programas que entonces no existían en la institución.

«Esto implica un compromiso con las estudiantes, con las tesistas y con la universidad pública», sostiene. Hoy, más de 150 personas formadas en esos programas laboran en distintas instancias gubernamentales y académicas. Baca Tavira enfatiza una enseñanza que transmite en sus cursos: «No hay investigación sin ir al campo, sin hablar directamente con las personas».

Desigualdades persistentes y ciencias sin bata

Si bien reconoce avances en la participación femenina en la ciencia —particularmente en el incremento de la matrícula universitaria—, Baca Tavira advierte que las desigualdades estructurales persisten. Las mujeres continúan concentradas en áreas con menor presupuesto y reconocimiento. Además, cuestiona la representación dominante de la científica: «Siempre nos representan con bata, en laboratorios. Y sí, esa es una ciencia, pero no es la única. Las ciencias sociales son ciencias. Las humanidades también lo son y son serias».

De la universidad a la primaria: acercar el conocimiento

Baca Tavira plantea una tarea pendiente para la comunidad universitaria: acercar la ciencia y el conocimiento a las infancias, particularmente desde la educación básica. Investigadoras, profesoras y estudiantes, afirma, deben involucrarse más con primarias y secundarias como parte del compromiso social de las universidades públicas.

«Es importante fomentar en las niñas y niños el desarrollo e inculcar el amor por el conocimiento. Todo el conocimiento es válido y ojalá nos interesemos mucho más por él, no solo como referente profesional o laboral, sino por sus aportaciones a la sociedad», indica.

Reconocer los propios pasos

Baca Tavira recuerda el día en que fue aceptada en el Doctorado en Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sentada frente a su propia trayectoria —desde las tardes con mapas en Zitácuaro hasta la admisión al posgrado— comprendió que reconocer los logros, incluso los pequeños, forma parte del oficio académico.

«Hay que mirar el objetivo, ser tenaz, disciplinada y seguir. La vida académica, como la vida misma, está hecha de esos pasos», afirma.

¿Por qué esta información es importante desde la visión de Apocaliptic.com?

Esta nota no es una semblanza celebratoria. Es el registro de cómo una trayectoria individual condensa problemas estructurales que las instituciones educativas aún no resuelven del todo: el acceso desigual al conocimiento, la migración como experiencia formativa no reconocida, la resistencia institucional a los saberes feministas y la persistente jerarquía entre ciencias «duras» y «blandas».

El relato de Norma Baca Tavira documenta que la creación de espacios académicos para el estudio del género no fue una concesión institucional, sino el resultado de un trabajo colectivo sostenido desde los márgenes de la universidad. También evidencia que las preguntas de investigación relevantes no siempre surgen de los programas formales, sino de experiencias biográficas que los modelos teóricos disponibles no logran nombrar.

Esta información es relevante porque permite examinar, a partir de un caso concreto, las condiciones bajo las cuales las mujeres acceden, permanecen y producen conocimiento en la universidad pública. Baca Tavira no es excepcional porque haya superado obstáculos; es relevante porque documenta que dichos obstáculos existieron, que fueron enfrentados colectivamente y que las transformaciones logradas son parciales y reversibles.

Su advertencia final —sobre la necesidad de que la universidad salga al encuentro de las infancias, que reconozca la validez de todas las ciencias y que asuma que el conocimiento solo tiene sentido cuando se comparte— no es una declaración vocacional. Es una evaluación del déficit actual de la institución respecto de su propio mandato público.

 

 







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