Informalidad laboral, el desafío estructural que frena el desarrollo económico: Concaem

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La elevada presencia de empleo informal se ha consolidado como uno de los principales obstáculos para el desarrollo económico del país. De acuerdo con el Consejo de Cámaras y Asociaciones Empresariales del Estado de México (Concaem), este fenómeno no sólo limita las oportunidades de crecimiento para millones de personas, sino que también genera un entorno de competencia desigual que afecta a quienes operan dentro de la legalidad.

México, entre los países con mayor informalidad en la OCDE

Datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) colocan a México como el segundo país con mayor nivel de informalidad laboral entre sus integrantes. Según estas cifras, 55.5% de la población ocupada se encuentra en esquemas informales, como el autoempleo sin regulación, el comercio en vía pública o actividades económicas improvisadas, incluyendo algunas modalidades digitales.

Para Concaem, esta realidad refleja un problema estructural en la generación de empleo formal, que no ha logrado consolidarse de manera eficiente y sostenida. La consecuencia es un mercado laboral que ofrece ingresos de corto plazo, pero carece de estabilidad, protección social y posibilidades reales de desarrollo a mediano y largo plazo.

Mauricio Massud Martínez, presidente de Concaem, señaló que uno de los principales retos en la medición del empleo es la forma en que se presentan las cifras oficiales. Explicó que los reportes suelen contabilizar si una persona trabajó recientemente, sin distinguir si cuenta con contrato, seguridad social, prestaciones o acceso a servicios médicos.

Bajo este esquema, los indicadores pueden mostrar resultados positivos en generación de empleo, pero no necesariamente reflejan la calidad ni la formalidad de esos puestos de trabajo, lo que distorsiona el diagnóstico real del mercado laboral.

Pobreza y dependencia de apoyos sociales

Otro punto de análisis planteado por el organismo empresarial es la medición de la reducción de la pobreza. Massud Martínez indicó que algunos indicadores consideran fuera de la pobreza a quienes logran adquirir productos básicos y servicios; sin embargo, una reducción sostenible debería estar vinculada a la independencia de los programas sociales, a partir de ingresos formales y estables.

Desde esta perspectiva, la informalidad perpetúa la vulnerabilidad económica y dificulta la construcción de un patrimonio, limitando las oportunidades de movilidad social.

Concaem subrayó que la informalidad no debe entenderse como una responsabilidad individual de quienes recurren a ella por falta de opciones. No obstante, advirtió que la ausencia de acciones efectivas por parte de las autoridades afecta directamente a las unidades económicas formales, que cumplen con obligaciones fiscales, laborales y administrativas.

El organismo puso como ejemplo la pasada temporada decembrina en el Estado de México, cuando la ocupación irregular del espacio público evidenció, a su juicio, la falta de orden y de intervención institucional. Esta situación impactó tanto en la imagen urbana de zonas emblemáticas como en las ventas y operaciones de negocios formales que generan empleo constante.

Un reto compartido para el crecimiento económico

Desde el sector productivo, Concaem planteó que el objetivo común debe ser la generación de prosperidad, basada en trabajo formal, integración de la cadena productiva y reglas claras. Para ello, consideró necesario facilitar la formalización, reducir cargas administrativas y fiscales, y fortalecer la protección a quienes ya cumplen con la ley.

La informalidad, concluyó el organismo, representa una injusticia doble: para quienes se ven obligados a sobrevivir sin derechos laborales y para quienes, desde la formalidad, enfrentan inseguridad y competencia desleal. Abordar este desafío de manera estructural es, según Concaem, una condición indispensable para avanzar hacia un desarrollo económico más equilibrado.







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