Columna VERDADES MENTIROSAS… LA MALIGNA IGUALDAD

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“Todos estamos en las alcantarillas, pero algunos miramos a las estrellas”

Oscar Wilde

 

Gerardo Lara   

LA PANDEMIA, venga de donde venga, es el marco ideal para acercarnos a uno de los más añejos sueños del capitalismo, un objetivo que viene persiguiendo desde hace casi doscientos años: LA IGUALDAD.

Aunque es una paradoja impensable, el sistema depredador siempre ha aspirado a la paridad entre las masas y para ello el capital emplea sus máximos esfuerzos.

Comienza por la igualdad del pensamiento para la cual forma “mayorías”, que son una especie de “rebaños” entrampados por algún poderoso cebo, político o religioso de preferencia. La corrección política y moral tan en boga en nuestros días son la parte concluyente en la imposición del pensamiento dominante a través de su arma vital: la sociedad de consumo.

En la uniformidad del pensamiento, todo el mundo mide el éxito de la misma manera, aspira a las mismas cosas, compite por similares premios, hay un consenso mundial: “El que “paga manda”, principio fundamental aceptado por “casi” toda la humanidad.

El capitalismo también crea la igualdad social, cuyo fin es inocular la percepción masiva de que todas elegimos a nuestros gobernantes, generando la ilusión de que esas masas participan en las decisiones o en el gobierno de sus destinos, cuando en realidad ese futuro les ha sido secuestrado.

La igualdad económica, Todos son asalariados y se rigen por tabuladores que los segregan en grupos, gremios etc., por lo tanto, para vivir hay que trabajar, axioma que sólo rige para esa mayoría de iguales y no para la minoría que no lo son. La pobreza de la igualdad es para las mayorías, la riqueza de la diversidad se concentra en unas manos.

Esa es la hazaña en la imposición de la uniformidad masiva; ocurre que cualquier cineasta que se respete tendrá que ganar el Oscar o mínimo el Ariel, o que un afroamericano de las cloacas neoyorkinas que aspire a “ser alguien” tiene que emular a Michael Jordán, o que un tepiteño se deba fajar en el encordado para adquirir un Ferrari o el joven de Tlaxcala quiera ser “padrote”, el tijuanense sicario y la chica ingenua mercancía de televisa.

La meta es IGUAL para todos; ropa de marca, automóviles de lujo, viajes/caviar, no importa lo que hagas, ni lo que pienses, ni lo que sientas; importa lo que tengas, lo que puedas conquistar, es la competencia entre iguales.

Para lograr tal equidad, el poder usa toda una gama de VERDADES MENTIROSAS que adquieren las más diversas formas, pueden ser cinematográficas, literarias, deportivas, televisivas, digitales o del negocio de la moda. Todo parece indicar que la hazaña de la existencia de un pensamiento uniforme, único e igual está a punto de consumarse, bajo las banderas genocidas de la pandemia universal.

El sistema depredador ha fabricado guerras y revoluciones, crea fantasmas comunistas, ha elaborado ensayos de dominación inconcebiblemente crueles como el nazismo, el bolchevismo, el terrorismo o el holocausto; el capitalismo esclavista sionista ha sido capaz de todo por imponer LA IGUALDAD.

Así tenemos, por ejemplo, que la primera y segunda guerra mundiales, el holocausto y la Revolución Rusa de 1917 fueron orquestados por el sionismo internacional, baste recordar las palabras del inmenso Mijaíl Bakunin que hoy suenan a profecía: “Rothschild y Marx son caras de una misma moneda”.

Ahora en el año 2021 se ha orquestado el “genocidio perfecto” cuyo objetivo estratégico es clausurar la comunicación entre los iguales.

La pandemia está logrando fracturar la comunicación humana que pasa por un periodo tenebroso, nunca como ahora estuvimos tan incomunicados, ya que, en la ausencia del otro la comunicación es imposible.

La virtualidad está liquidando toda posibilidad de relaciones y las ha convertido en conexiones, se clausuran los sentidos, intercambiamos información, pero sin vernos a los ojos, sin tocarnos, sin olernos, sin escucharnos de verdad, uno de los objetivos del genocidio es precisamente la devastación de las relaciones entre humanos a través de la clausura de la comunicación auténtica. No me cabe la menor duda, detrás del ordenador, todos mienten.

En la ORWELLIANA  1984, la sociedad sabe que es dominada, en el hoy del capitalismo esclavista, ni siquiera somos conscientes de esa dominación.

Es por ello que el filósofo sudcoreano Byung-Chul habla de “la expulsión de lo distinto” para desarrollar su teoría del “infierno de lo igual”. Que se nos impone a través de la construcción de “La sociedad del cansancio”, título de su libro fundamental.

En el “INFIERNO DE LO IGUAL” las masas se auto/explotan, ya no hay necesidad de capataces, ni de gerentes, la gente fluye en la igualdad, que comienza por compartir el terror hacia lo otro.

La igualdad pandémica/neoliberal de la actualidad tiene un eslogan que a fuerza de repetirse por todos los medios se ha inoculado en las “mayorías iguales”, es un lema subliminal y pérfido: “Si no tienes éxito en la vida o sino logras tus metas es culpa tuya”. El resultado es que esas mayorías viven angustiadas en búsqueda de la realización personal, entregados a una competencia entre iguales que se auto explotan y que encuentran felicidad en el “trabajo”.

Es entonces que surge el “síndrome del trabajador quemado”: Como se vive en un mundo entre iguales se ha perdido de vista contra quien dirigir una REVOLUCIÓN, ahora los detentadores del poder están en las sombras, lo distinto desapareció de nuestro entorno, el “trabajador quemado” es un alienado de sí mismo, no distingue una clase contra la cual luchar. El punto de vista único suele terminar en ceguera total.

Pero es una igualdad sin fraternidad y sin libertad en donde el narcisismo es uno de los desordenes de la personalidad más visibles, a tal grado que puede considerarse un “problema de salud pública”. Hoy en día ser observado es un aspecto central de “ser en el mundo”, la dificultad reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro.

Por ello Byung-Chul establece con brillantez aterradora. “El arte ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.

El futuro post/pandémico es el de los macrodatos, que hacen inútil y superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual… el hombre ya no es soberano de sí mismo, todos sus actos serán resultado de una operación que lo controla sin percatarse siquiera. Estamos ante un perfecto sistema de dominación en el que los esclavos tienen la ilusión de ser libres y felices. El gobierno en las sombras está construyendo al ESCLAVO FELIZ; esperemos que un día se convierta en FRANKENSTEIN.

 


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