Columna VERDADES MENTIROSAS… Guadalupe: advocación y avatar

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Gerardo Lara        

El Doctor Alfredo Jalife ha hecho una clara delimitación de las “minorías étnico/religiosas en Estados Unidos, establece que los MEXICANOS/GUADALUPANOS conforman ya la primera minoría en ese país. Es interesante que el eminente experto, disgregue a la religión católica del culto guadalupano; fenómeno único dentro de la historia de las “FES”, de las creencias o las religiones. Es evidente que en México hay más guadalupanos que católicos.

La discusión sobre el realismo de la advocación GUADALUPANA es insuperable e inútil, pues se efectúa desde la realidad ordinaria y la lógica formal: Qué si apareció de verdad, que fue pintada por Marcos Cipac Aquino, que si fue un invento evangelizador, que es un sincretismo cultural, que fue un milagro auténtico y de sus ojos emanan lágrimas auténticas, que si es el caballo de Troya de la colonización: todas VERDADES MENTIROSAS, pues no se puede verificar un relato místico desde la óptica científica, ni tampoco nos dará luz al respecto la iglesia católica, la gran mentirosa, (la puta de Babilonia).

El “NICAN MOPOHUA” (aquí está el relato), es la historia escrita en náhuatl que contiene las bases primarias del discurso guadalupano; una especie de “biblia del guadalupanismo”, atribuido a la pluma de Antonio Valeriano de Azcapotzalco, estudiante del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco y  uno de los alumnos nahuas de fray Bernardino de Sahagún. Cuenta la gran historia; las apariciones a Juan Diego, la tilma milagrosa y la imagen sagrada, hasta la fundación del culto, mexicano por excelencia y mundial, según la Catedral de Notre Dame en París; La advocación mariana a la que llamamos Guadalupe es “Reyna de México, Emperatriz de América.

Para el canon que establece el libro fundacional, Guadalupe sería Reyna y liberadora del mundo, auténtica dadora del viejo sueño perdido de Libertad, igualdad, fraternidad; ese es el significado de su rostro, es una madre mestiza como toda la humanidad, que además presenta un embarazo avanzado significado por la cinta alrededor de su cintura, La Virgen de Guadalupe está “en cinta”.

Es por ello que el “NICAN MOPOHUA” pone estás palabras en su boca: Porque, en verdad, yo me honro en ser tu madre compasiva, tuya y de todos los hombres que vivís juntos en esta tierra, y también de todas las demás variadas estirpes de hombres, los que me amen”.

Así es que, para el libro fundacional, ella es la unión de todas las razas, pues “su rostro no es de ellos ni es de nosotros, es de todos”. El poeta Adolfo Castañón afirma en su libro “EL ARCA DE GUADALUPE” que la imagen sacra sintetiza la convivencia entre clases, razas, religiones, épocas y regiones.

Es sorprendente la carga simbólica de la imagen Guadalupana, la  tradición oral de la comunidad de Zozocolco Veracruz describe a la perfección el conjunto de emblemas, representaciones y alegorías que posee la Imagen sagrada  del Tepeyac: una Mujer con gran importancia, más que los mismos emperadores, su poderío es tal que se para frente al sol, nuestro dador de vida, y pisa la luna, que es nuestra guía en la lucha por la luz y se viste con las estrellas, que son las que rigen nuestra existencia y nos dicen cuándo debemos sembrar, doblar o cosechar”.

El sincretismo que refulge en el culto es todo poderoso, comenzando por el nombre, pues Guadalupe es un vocablo árabe que significa “Río de Lobos” y que bautiza al “Río Guadalupe” que baña las orillas del Municipio de Guadalupe en España: Según la tradición un pastor encontró una talla de la virgen María en el RÍO GUADALUPE a finales del siglo xiii, Cerca del lugar donde se encontró la imagen se construyó una ermita, alrededor de la cual surgió el asentamiento actual con el nombre de Puebla de Santa María de Guadalupe. Desde la construcción del primer santuario, se convirtió en el centro de peregrinación más importante de la península ibérica después de Santiago de Compostela, miles de creyentes andan los “CAMINOS DE GUADALUPE” en España.

 

A pesar de llevar el mismo nombre, la Guadalupe de América, tiene significaciones distintas a la Guadalupe extremeña, patrona de Cáceres y Badajoz en España y sus imágenes son también distintas, aunque con algunos elementos comunes. En el Tenochtitlan recién caído (1531), “Río de Lobos” tiene el significado profundo de extirpación de la idolatría.

Pero más que una liquidación surgió una transformación, la imagen nueva contiene todas las idolatrías anteriores y es en sí misma una nueva y poderosa idolatría: Coatlicue, Tonantzin, la Guadalupe extremeña y muchos fragmentos más, conforman la implacable maternidad de una cultura, ahora ya diseminada en gran parte del continente Americano; es el culto escondido dentro de una liturgia abierta, base de la evangelización, pero a la vez refugio de la antigua adoración.

En otras palabras, la imagen guadalupana es un códice enraizado en los mecanismos ocultos del inconsciente colectivo, de México y parte del mundo y que resume la narrativa GUADALUPANA en la lectura profunda del mensaje: Ustedes son a través de mí y yo soy a través de vosotros”.

Todo significa algo, y cada fragmento es un todo, en la imagen conceptual más poderosa en la historia de las FES, los símbolos dentro de los símbolos que conforman el monumental emblema, han sido estudiados desde los más diversos puntos de vista: racionales, mágicos, filosóficos, históricos, semióticos, científicos, el abanico de ópticas desde donde nos interpretamos, todas ellas sin duda, altamente poéticas; su mirada, sus manos, su postura, el manto, los ojos, la boca, la cinta, los rayos solares, la luna, las zapatillas, el Ángel, el cabello, la cruz negra al cuello, el manto cubierto de estrellas, la rodilla flexionada, las nubes, la flor de cuatro pétalos en el centro de su vientre, las flores diversas, la luna negra, el número 8 en su tobillo y una docena de detalles más, que en conjunto forman la cosmogonía de una veneración, de alguna forma escondida en el catolicismo.

Siguiendo al ARCA DE GUADALUPE; es la fuente primaria de la literatura nacional, las letras mexicanas nacieron con una obra sobre La Guadalupana, los versos de Fernán González de Eslava en su Coloquio diez y seis, del bosque divino, en 1578. Cabe anotar que también el cine mexicano de ficción nace con una cinta sobre el “milagro guadalupano”; la película silente TEPEYAC de 1917, dirigida por Fernando SayagoCarlos E. GonzálezJosé Manuel Ramos. Octavio Paz escribió en ORFANDAD Y LEGITIMIDAD.” Al igual que los indios, los criollos buscaron en las entrañas de Tonantzin/Guadalupe a su verdadera madre. Una madre natural y sobrenatural, hecha de tierra americana y teología europea”. Tal vez por ello todos se apropian, se disputan y enarbolan a Santa María de Guadalupe, sean izquierdistas o derechistas, imperialistas o Revolucionarios, hay quienes abjuran de Dioses y de Santos, pero nadie lo hace de Guadalupe. La continuidad con que aparece en nuestra historia es aplastante.

Ya Cristóbal Colón el 4 de noviembre de 1493, en su segundo viaje, desembarcó en una isla del Caribe que llamó Santa María de Guadalupe; todos los mexicanos sabemos que el cura Hidalgo nos llamó a “coger gachupines” enarbolando un estandarte con la imagen de la virgen; entre 1811 y 1814 se activó la sociedad secreta de los “Guadalupes” impulsada por los ideales liberales insurgentes. Agustín de Iturbide, crea durante su efímero imperio la Orden Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe; Manuel Félix Fernández cambió su nombre por el de Guadalupe Victoria, y se convirtió en el primer presidente de México; Otro presidente, el general Vicente Guerrero, peregrinó al Tepeyac para depositar personalmente a los pies de la Virgen las banderas y trofeos ganados a Barradas. Maximiliano crea la Orden de Guadalupe. En la guerra de Reforma, a pesar de que los conservadores eran financiados por la iglesia católica, los ejércitos liberales, liderados por Santos Degollado enarbolaron su imagen y su figura; no deja de ser paradójico que el general de la Reforma haya sido guadalupano radical. En la Revolución todos los bandos portaban sus imágenes, sus afiches y referencias guadalupanas; el mismo Plutarco Elías Calles, murió teniendo en su mesa una estampa con su imagen; los cristeros y los movimientos retrogradas también se apoderan de su figura, igual lo hace la teología de la liberación y movimientos de izquierda y progresistas, está en todos lados, al parecer es omnipresente.

En estos momentos cruciales para México, todos los lados del espectro político nacional se disputan la anuencia de la poderosa advocación, sin embargo, su mensaje de libertad, fraternidad e igualdad, prevalece sobre el racismo, el clasismo y cualquier cosa que atente contra  su advertencia profunda; “Soy a través de ustedes y vosotros sois a través de mí”. Anuncio que convierte a la Guadalupe en un avatar del pueblo de México y por extensión de los pueblos del mundo, de alguna manera sería también una encarnación del espíritu humano a la vez que la espiritualización de su carne y su sangre. El genocidio pandémico ha provocado lo impensable, no habrá en el 2020 la fiesta anual, vaya que desde el poder mundial se intenta quebrar nuestro espíritu a través del miedo y el hambre, esperemos que “El Río de Lobos” aplaste la idolatría del dinero, fuente de la crisis total del destino humano.


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