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Tejupilco; las fiestas patrias entre apaches y gachupines

Por: Didier Gómez-Betanzos/Apocaliptic.com
Fotos: Archivo Apocaliptic.com

Durante dos días, y como ha ocurrido desde hace más de una centuria, con gran entusiasmo los habitantes del municipio de Tejupilco se rencontraron con su historia y sus raíces al celebrar las fiestas patrias de una forma muy particular el 15 y 16 de septiembre, en las que indios, apaches y gachupines se fusionaron dando paso a un encuentro multicolor y de sonidos.

Estos festejos tuvieron como preámbulo la presentación de los globos de cantoya, que son muestra de gran creatividad y precisión; producto de un trabajo minucioso que al paso del tiempo hasta han crecido en dimensiones. Ahora, se pudieron ver cómo se elevaban por los aires con gran ligereza algunos de más de tres metros de altura y de dos metros y medio diámetro.

Entre el baúl de los recuerdos y los personajes de la celebración

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Sentado frente al quiosco de Tejupilco, una persona no muy grande me platicaba que tenía muy presente cómo se hacían estas celebraciones hace no muchos años, y que antes estos globos eran más pequeños, pero también provocaban que a su alrededor se concentrara una multitud a un lado de la presidencia municipal, para apreciar poco antes del anochecer cómo se elevaban;  y, lentamente, en la medida que cobraban más altura, se empequeñecía la luz que en su interior generaba el humo que provocaba que subieran al infinito.

Mientras mirábamos cómo deambulaban algunos personajes por el centro, me invitó a que viera la forma en que se inicia esto por diferentes calles. Así, de cerca pude sentir el vibrar provocado por una banda de viento de la región que tocaba diferentes melodías, pero una en especial hacía que todo se transformara en un gran regocijo, era la canción del “Apache”.

Poco a poco se concentra más gente: niños, niñas, jóvenes, y adultos, en su mayoría, van vestidos con los colores patrios; además se ven dos personajes muy singulares son: los apaches y los indios; los primeros portan una túnica roja de la que cuelgan campañillas de metal, y los más elaborados tiene hasta seis o más vueltas lo que hace que suenen de forma particular al danzar; también portan penacho con plumas tricolores, que incluyen imágenes que sobresalen por su elaboración.

Los indios visten sólo pantalón de manta, llevan un morral de yute, sombrero de palma, y un tecomate; se pintan el cuerpo de negro, y al igual que los apaches, portan machete que al ritmo de la música chocan entre unos y otros, y todo ello genera un ambiente festivo.

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Al caminar por las calles de regreso al centro de la cabecera municipal; puedo apreciar que se van reuniendo por colonia algunos grupos, y cada uno va acompañado por su banda de viento, por lo que ya se aprestan para concentrarse en el centro de la ciudad, a donde llegarán y aunque “lleva, truene o relampagueé”, al ritmo de sones calentanos, danzaron, chocaron sus machetes y con el tintinear de las campañillas de los trajes, se generó un singular momento,  lo que se ocurrió hasta que se dio el tradicional Grito y quemó el respectivo castillo.

16 de septiembre un nuevo día; aparecen los gachupines

Un nuevo día. Las calles de Tejupilco están listas para continuar la celebración, algunos apaches e indios recorren las calles; el cansancio del día anterior no se les nota; caminan con agilidad y llenos de entusiasmo; pero, también, se observan otros personajes.

El primero es un muy bien organizado  desfile cívico-militar que con gran colorido recorre las principales calles de la cabecera municipal, pareciera que todo los habitantes están aquí;  desfilan todas las escuelas de  la localidad, y cierra con gallardía la banda de música de la Normal de Tejupilco, y detrás de ellos jinetes a caballo, para recordar que la Independencia, se hizo justamente con la decidida participación de los arrieros.

Ahora sí, soy testigo de una interesante representación de la guerra de independencia la  que escenifican indios y apaches que van contra los gachupines que visten de impecable blanco, casaca y quepí azul claro, quienes en una sincronizada formación se aprestan para el “encuentro”; hay momentos de cierta tensión, ya que sólo se escucha la marcha de los gachupines.

Para sazonar el asunto, el encuentro se da en la calle de Independencia donde un gran contingente sin orden formado por los apaches esperan impacientes;  las dos fuerzas se entrelazan y el silencio se quiebra; el ambiente se inunda de gritos; los dos grandes cuerpos van y vienen; ninguno predomina; pero después de varios lances, los apaches capturan a todos los gachupines que son llevados a la plaza principal donde se ondean banderas en son de triunfo. Todo ha culminado.

Bueno, así parecía. Me reconocen e invitan a para conocer lo que sigue, pero ahora en familia. Al terminan se concentran para comer y continuar la fiesta y referir cómo vivieron los momentos más intenso de estos dos días. Yo lo agradezco, porque se reafirma que en Tejupilco están las raíces del Cura de la Patria, y que fue en estas tierras donde se dieron las últimas batallas entre las fuerzas independentistas y las realistas, entre otros acontecimientos que se dieron como preámbulo de  la Independencia de México.

Más aún, me dan literatura para que sepa con mayor detalle algo de historia al respecto. Ahora, en Perspectiva, habrá que espera para ver que sorpresa nos depara el año que entra, ya que el folclor, las tradiciones y la cultura popular mantienen viva esta gesta heroica, y la calidez sureña nos abre sus puertas para ser parte, conocer, recordar y vivir esta celebración cívica.

 

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