Reflexiones de mujer… ¿Tienes las ventanas rotas?

Por: América Juárez Bernabé

Si alguna vez te dijeron que te recogieron del basurero, tu novio te hace chupetones, te sobreprotegen tus padres, tu pareja te minimiza, siempre tienes jefes que te tratan mal, debes saber que ¡Tienes las ventanas rotas!

Así es la teoría de las ventanas rotas, un tema que te permite entender cómo una persona que ha vivido violencia podría saber que las consecuencias de estos episodios (aunque hayan pasado muchos años atrás) dejan marcas que simbólicamente están presentes en la vida de una persona, pero son posibles de identificar  y, mejor aún, se pueden ir reparando los daños para que no vuelvas a ser víctima de violencia.

Hace pocos meses, por azares del trabajo, tuve en mis manos el libro de Rocío Vargas Cortez “Ventanas rotas en el hogar. Causas y consecuencias de la violencia familiar”, no fue hasta su lectura que conocí más acerca de la Teoría de las Ventanas Rotas, pero lo más increíble: ¡ahí estaban muchas mujeres que conozco y  yo misma!…con las ventanas rotas.

Permítanme compartirles, primero, en qué consiste esta ya afamada teoría. La Teoría de las Ventanas Rotas, partió de un experimento realizado en E.U. que consistió en abandonar el mismo tipo de auto (en buenas condiciones) en dos zonas con diferencias socioeconómicas; uno fue abandonado en una zona pobre y conflictiva y el otro, en una zona tranquila de clase social alta. En cuestión de horas el primer auto fue víctima del vandalismo, le robaron el estéreo, lo rayaron, le rompieron las ventanas hasta dejarlo en pésimas condiciones, mientras el otro auto, no había sufrido ningún percance en el mismo lapso de tiempo. Lo siguiente que hicieron, como parte del experimento, fue romperle una ventana al auto ubicado en la zona “de buenas costumbres”, dicha acción, propició que sufriera exactamente los mismos actos de vandalismo que había sufrido el de la zona pobre. Las conclusiones a los que llega la investigación es que la violencia y el vandalismo no es privativo según las clases sociales o nivel socioeconómicos, sino más bien, tiene que ver con aspectos de la psicología humana, en donde a partir de que se transgreden las reglas “se abre la puerta para que se desaten conductas antisociales que permanecen reprimidas, en tanto se acatan las normas y leyes aceptables para la convivencia de la sociedad”, y un auto con las ventanas rotas transmite la sensación de abandono e invita a las personas a dejar su conducta moral de lado y a actuar irracionalmente, explica Rocío Vargas en su libro.

Los autores de dicha teoría, James Q. Willson y Goerge kelling, desarrollan la teoría de las ventanas rotas para explicar la criminología del delito, en donde concluyen que las zonas más abandonadas, descuidadas y desordenadas, es en donde se registra mayor índice de delitos y que al mejorar los espacios, estos disminuyen, sin embargo existen estudios posteriores que han cuestionado algunos aspectos de esta teoría.

Lo más interesante, es cuando Rocío Vargas extrapola la teoría al tema de violencia familiar… “Se puede decir que, una víctima es observada desde la óptica del victimario como un objeto abandonado, descuidado, dañado, que puede ser vandalizado física y emocionalmente”.

Las personas, cuando registran “abandono” o  “descuido” quiere decir que son susceptibles de ser violentadas física o emocionalmente, por lo tanto, vive con las ventanas rotas y si esto es así, seguramente la autoestima, el amor propio, está como el automóvil abandonado con las ventanas rotas.

Gracias a este encuentro “accidental” con este libro de Rocío Vargas, pude además de conocer testimonios de jóvenes mujeres y hombres que fueron violentados de todas las maneras culturales posibles, también preguntarme hasta qué punto o qué pieza de mi automóvil “simbólicamente” estaba dañada, aunque considero que no es algo que no pueda remediar, me di cuenta (nunca es tarde) que había talacha por hacer, quizás un retrovisor roto, un parabrisas estrellado, o la pintura rayada…  y tú qué ventanas, asientos, faros, intermitentes tienes rotos? Y lo más importante: ¿qué harás por remediarlo?

Sin duda, este libro da la oportunidad a la reflexión además de una excelente guía de sitios de atención a violencia de género, por ello, te invito a conocerlo, quizás puedas identificarte entre los muchos testimonios de jóvenes mujeres y hombres, que fueron violentadas. Seamos capaces de auto-repararnos, de luchar por una vida digna libre de violencia, sigamos luchando por una vida lo más cercana a la felicidad y plenitud,  tenemos esta vida y hay que vivirla bien, no ser cómplices, no ser condescendientes, no regodearnos en el dolor, no silenciar el dolor, rompamos los ciclos de violencia; con autoconciencia y un poco de información, paremos la cultura de maltrato a la mujer, a los niños, a los animales y los hombres (éstos últimos ahora también en la lista de víctimas que tiende acrecentarse producto del rencor de la mujer y de la revancha infértil que solo prolonga la violencia).

Las mujeres por cultura mexicana son las principales promotoras de la violencia hacia la propia  mujer, hay que tener sumo cuidado en la educación de los hijos e hijas, inculquemos el amor propio, el respeto pleno, abandonemos la ignorancia; también las invito a escuchar una rola que es muy solicitada por los niños y niñas en el programa de radio mexiquense “Grillos madrugadores” que se llama “Facebook regrésame a mi mamá”  y que no les pase como aquella pareja de chinos que narra el libro de Vargas,  que tanto tiempo pasaban en internet que olvidaron a su bebe en el departamento, trágico fin, lo más lamentable es que la mamá tenía un bebe virtual al que nunca olvido hacer sus deberes…. virtuales ¡que no te pase!.

Mayores informes del libro “Ventanas rotas en el hogar” de Rocío Vargas en www.ventanasrotas.com  Facebook Ventanas Rotas en el Hogar.

La autora de "Ventanas Rotas en el Hogar. Causas y consecuencias de la violencia familiar”, Rocío Vargas Cortez en la FIL Guadalajara.

La autora de “Ventanas Rotas en el Hogar. Causas y consecuencias de la violencia familiar”, Rocío Vargas Cortez en la FIL Guadalajara.