La Feria de San Isidro convirtió en polvoriento Panteón Rococó el Día del Trabajo

Por: Felix Morriña

Largas e interminables filas con decenas de autos varados por pesado tránsito vehicular, cual escena dantesca de fin de siglo, era la postal que ofrecía, la noche del martes 1 de mayo, Día del Trabajo, el recinto ferial del “Pueblo Mágico” durante la sexta noche de la tradicional Feria de San Isidro de Metepec, en la que se presentó el combo de rock ska, punk, reggae mexicano Panteón Rococó, quienes hicieron bailar de manera eufórica a poco más de 20 mil asistentes al Teatro del Pueblo, por espacio de casi dos horas de espectáculo musical. ¡Para los comerciantes de la Feria, esa noche empezó la verdadera venta, porque los demás días estuvieron de malos a regulares!

El recinto al aire libre se convirtió en tremenda polvareda durante el concierto de Panteón Rococó, agrupación que ha quedado en la memoria colectiva del inconsciente del joven mexicano, producto del decadente sistema sociopolítico y económico nacional; veinteañeros y treintañeros que se buscan la vida días tras día con la única satisfacción de haber librado la muerte y la desgracia del hambre. ¡Para ellos, esta música es medicina real al alcance de los bolsillos!

Para estos miles de jóvenes, Panteón Rococó es la crónica sonora de sus pesares y alivios, bajo un esquema de salvaje compañerismo a través del “Slam”, ese frenético baile en el que todos los cuerpos chocan uno tras otro para sacar los malos vibratos del alma, y con ello, sanarlos, como si se tratase de un ritual pagano o prehispánico. Por esta razón, este grupo que reúne masas a la menor provocación cada año en la Feria de San Isidro, logra sacar de cada uno de sus seguidores las bajas pasiones con el baile que sacude, no sólo cuerpos, sino a la misma “Pacha Mama”, a la Madre Tierra, y ésta, le deja ser, porque sabe que polvo son y en eso se convertirán.

Para los que no hayan tenido la oportunidad de ver en vivo a Panteón Rococó, déjenme decirles que no hay espacio para un alfiler en los foros donde los contratan, y todos cantan como si se tratase de su última noche. Los chicos se desgañitan, se posesionan, se personifican en cada uno de los personajes de cada rola cantada por el carismático Dr. Shenka y compañía. No por algo el nombre del grupo deviene del teatro, de una obra del maestro Hugo Argüelles, “El cocodrilo solitario del Panteón Rococó”, escrita en 1981. La banda se formó en 1998, y poco a poco escaló peldaños de forma tan rápida que es un referente de la música contemporánea mexicana dentro del ska-punk-reggae, por la peculiar manera de tocar, componer y cronicar las historias amorosas, como sociales de este México en constante e incansable transición.

Lo único malo de Panteón Rococó, para este “Servibar y amigo”, es que el Dr. Shenka llega a abusar de muchos diálogos con el público, como si fuese sacerdote en misa papal o testarudo político en campaña, pero es su estilo y le funciona. Maneja a las masas cual afable madre de familia. El líder y cantante tiene bien trabajada la fórmula del éxito mediático y los años le han pulido el colmillo escénico, incluso, ya sabemos qué sigue tras un discurso y la banda está tan acoplada que difícilmente encuentras errores sobre el entarimado. ¡Todo es sincronía en esta banda!

La noche del martes Día del Trabajo, fue peculiar, porque hasta los payasos y zanqueros dejaron de trabajar en la Feria de San Isidro para sumarse al “Slam” de Panteón Rococó. Había un tipo que llamó poderosamente la atención de las masas, porque traía en la mano derecha un “Elmo”, la popular marioneta de Plaza Sésamo y hacía, literal, teatro guiñol durante todo el concierto. El tipo de menos de 30 años, vestía como si se hubiera escapado de un siquiátrico infantil y siguiera de fiesta del Día del Niño. Se tomó cuatro litros de pulque curado de apio en “La Pulquería” de la Feria de San Isidro. Su intenso y frenético baile con “Elmo” en todo lo alto, para que lo vieran, fue la sensación. ¡La neta, el vato se llevó la noche!

Antes de concluir esta entrega, de todas las rolas éxito cantadas de Panteón Rococó esa velada, este interlocutor se queda, por ahora, con una que me gustaría practicar a placer, sin necesidad suicidarme, como indica en la letra de ‘Vendedora de caricias’.

Queridos lectores, cantemos juntos esta rola con vaso de pulque curado de queso hecho por mis amigos de “La Pulquería” de la Asociación Nacional de Pulquerías Tradicionales, quienes pusieron una carpa en la Feria de San Isidro de Metepec, como si estuviéramos en un “Slam” con Panteón Rococó, sin importar tragar polvo al por mayor.

¡Hasta la próxima!

“Finge que te importo un poco/ Que me pones atención/ Finge que estás escuchando/ A este humilde servidor/ Finge que me conocieras/ Que no eres una noche más./ Vendedora de caricias/ Ayúdame a olvidarla/ Que esta noche estoy muy solo/ Hoy no quiero recordarla/ No, no, no./ Vendedora de caricias/ Quédate media hora más/ Que esta noche estoy muy solo/ Y no me quiero suicidar./ Finge que soy importante/ Que soy todo para ti/ Finge que me quieres mucho/ Que conmigo eres feliz/ Finge que soñamos juntos/ Con estrellas sobre el mar./ Vendedora de caricias/ Que esta noche estoy muy solo/ Y no quiero recordarla/ No, no, no./ Vendedora de caricias/ Quédate media hora más, oye/ Que esta noche estoy muy solo/ Y no me quiero suicidar/ No, no./ Finge que esto no es lo mismo/ Que es diferente a los demás/ Finge que no te has cansado/ De este tonto trovador/ Finge que yo soy tu todo/ Y que no existe nada más./ Nada más, nada más./ Vendedora de caricias/ Ayúdame a olvidarla, a olvidarla/ Que esta noche estoy muy solo/ Y yo no quiero recordarla/ No, no, no./ Vendedora de caricias…/ Que esta noche estoy muy solo/ Y ella no va a regresar”.

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