Atisba la magia del blues, el jazz y la poesía de Real de Catorce al Foro Landó

SILENCIOS ESTEREOFÓNICOS
Por: Felix Morriña
¡Perdono, pero nunca olvido:
José Cruz Camargo!

Corrían los invernales primeros meses del segundo lustro del presente siglo. Recuerdo muy bien cuando a una hermosa fémina argentina le susurré al oído que iba a morir muy firme entre sus piernas y de una muerte turbia y perversa, como violenta, dolido de adicciones, fumando hierbabuena, pero antes debía decirme por qué Jesús perdió la fe y por qué jamás no regresó. Ella, volteó para verme con esos ojos color cielo para continuar el fraseo indicándome que moriría afuera de su iglesia, cargando con mi cruz, mientras rezaría por mi bien, no sin antes le dijera qué haría si yo fuera Jesús.

Luego los dos cantamos suavemente mientras bailábamos ese blues del mejor grupo que haya conocido jamás en habla hispana, pero orgullosamente mexicano: “Voy a morir/ De una muerte violenta/ Voy a morir/ Según como viví/ Pero antes de irme, dime/ Por qué Jesús sufrió de sed./ Voy a morir/ Al fuego de tu hoguera/ Cargaré con tu cruz/ Mientras rezas por tu bien/ Pero antes dime/ Qué harías si yo fuera él”. Tras ese episodio, y luego de un tórrido romance de medio año, volvería con su esposo al Cono Sur, para yo alejarme de ella cargando mi cruz en la CDMX. Desde entonces, sólo me escribe cada vez que la nostalgia del porvenir le aqueja. Agradece le haya enseñado el blues de Real de Catorce.

Si de poesía comprometida, combativa, activista, amorosa y sexosa se trata, no hay nada como la compuesta, escrita, cantada, narrada y recitada por José Cruz Camargo Zurita, líder de la banda de blues rock, jazz y derivados, Real de Catorce, agrupación que pisará el Foro Landó de Toluca (Nicolás Bravo Norte N. 824. Preventa $250, VIP: $500 y $350 el día del recital), el próximo viernes 4 de mayo a partir de las 21 horas. Real de Catorce trae la siguiente alineación: Alan López (batería), Francisco Velasco (teclados), Miguel Korsa (guitarra), Arturo Waldo (seis cuerdas), Rodrigo Pratt (bajo), María José Camargo (voz y coros) y el maestro José Cruz Camargo (voz, guitarra, armónica, guitarra y dobro).

 

Real de Catorce está de gira celebrando 35 años de trayectoria, por lo que todo fino melómano del altiplano mexiquense sabe que no puede faltar a la cita, sobre todo si sabe que José Cruz Camargo requiere del apoyo económico de los ingresos de los boletos de sus conciertos para su tratamiento de esclerosis múltiple, enfermedad que le aqueja desde el 2005, justo en el periodo en el que sostuve ese idilio con la mujer ojos color cielo y corpus voluptuoso. Tuve la fortuna de ser uno de los primeros periodistas en saber de su enfermedad. José Cruz me miró triste durante una entrevista previo a un recital y me dijo: “A partir de hoy seré otro estimado amigo. Esta mañana me diagnosticaron esclerosis múltiple, no sé cómo me vaya a ir desconectando, sólo sé que será poco a poco. Espero vivir lo suficiente”. ¡Este guerrero sigue de pie y yo a veces lloriqueando! ¡Eso es algo que uno aprende de un ser como José Cruz!

En un país en el que los verdaderos artistas no son respetados y no tienen condiciones salubres, y muchas veces laborales, tienen que sobrevivir como si huyeran a salto de mata, como si se tratase de delincuentes en lugar de entes creativos a los que deberíamos cuidar como amuletos del orden sociocultural nacional. En realidad, todos deberíamos tener las condiciones propicias para crear, ser y estar bien durante nuestra estancia en la inmaculada faz de la tierra.

“Llévate la historia/ Donde yo no pueda encontrarla/ Ahógala en las dunas/ Entiérrala en el mar/ Bórrame las manos/ Sácame de esa calle/ Véndame los ojos/ Tírame a matar./ Me he cansado de sangrar por ti/ De lanzarme siempre desde el sol/ Soy un niño armado hasta los dientes/ Juegas a tocar mi corazón/ Has rentado el cielo sólo para ti/ Entre tus juguetes, el planeta…”. Son muchas las canciones que a este “Servibar y amigo” le gustan de Real de Catorce, pero en este momento, en el que he estado perdiendo la razón, la conciencia y el amor por la vida, ‘Llévate la historia’ es una pieza que me reconforta. Muchas veces Pepe Cruz me ha levantado el ánimo, me ha hecho creer en mí, me ha acompañado a lo largo de 35 años de existencia, luego entonces, no puedo fallarme.

En Casa Morriña tengo los 10 primeros discos de Real de Cartorce y los presumo como trofeos de triunfos de sobrevivencia, porque en ellos está la historia de México, expresada de manera poética, revolucionaria y de izquierda, esa izquierda nada moderada si se pudiera colocar en algún sitio sociopolítico. Lo único verdadero es que Real de Catorce es muy crítico de los abusos de la derecha, o del partido en el poder, sea quien sea, esté quien esté.

Mientras escribo esta columna, recibo varias llamadas de consolación por la sentida muerte de mi fiel compañero de vida, andanzas y aventuras, “Argos”, mi negro perro labrador de fino brillante pelo. Una fémina muy especial para este interlocutor me pregunta cuál canción de Real de Catorce me hace referencia a “Argos” (a quien conoció, por supuesto, incluso lo bañó, alimentó y cuidó), un nudo en la garganta me hace trizas el corazón por falta de aire. No hay disco del grupo que no sea parte de este lamentable suceso, le dije y sólo alcancé a cantarle entre cortado ‘Soledad y sol’:

“El cuerpo envuelto/ En periódico envuelto,/ Alcohol y lluvia,/ Soledad y sol./ Soledad y sol./ Calles, patios sucios,/ Antenas, perros,/ Bruma de la siete, en un día gris,/ Es un día gris./ Hay que caminar/ Cuatro horas más/ Bajo esta espada de metal:/ Los niños fuman,/ El viento aural,/ Julia rompe un vaso,/ Cambia el canal,/ Abre sus venas,/ Le brota el mar./ ¿Hay alguien ahí?/ ¡Eh!, ¡eh!, ¡oh!/ Un auto hierve,/ En su reflejo,/ Los ojos flacos/ De mí, de yo,/ De mí, de yo, de mí./ Los edificios andan despacio,/ En el 500 vive Dios, con su mujer,/ Baldía nación:/ Se te derriten,/ Todos tus muchachos,/ Todos tus borrachos;/ Todos tus drogados,/ En un rincón”.

Antes de despedirme de esta entrega, felicito a José Cruz Camargo por haber ganado la demanda contra sus ex compañeros de banda, esos grandes músicos otrora amigos también, a quienes extraño por su talento, pero no soy partícipe de su proceso legal, porque a todos perjudicó, sobre todo a la música de este país. La frase que sirve como epígrafe de esta columna, “¡Perdono, pero jamás olvido!”, me viene como anillo al dedo en este proceso en el que sobrevivo en este momento. Agradezco infinitamente las muestras de cariño, respeto y consolación dadas por la muerte de “Argos”, mi perro fiel. ¡Muchas gracias, hasta la próxima!

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