Llegaron los “Cuentos del miedo” de Gerardo Enciso a la Sala Traffic de Toluca

Por: Felix Morriña
¡Para “Argos”, fiel compañero de andanzas,
por quien aullaría a la Luna por siempre!

Cuando un artista lo es por completo, no requiere mayor infraestructura que su persona y el mínimo equipo para trascender, como es el caso del cantautor tapatío Gerardo Enciso, quien estuvo en Toluca, el pasado sábado 28 de abril, tocando gran parte del contenido de uno de los discos nodales de la historia de este país dentro del rock y sus derivaciones musicales: “Cuentos del miedo” (1993), uno de los álbumes que me llevaré a la tumba cuando llegue mi hora, uno de esos discos que deben escuchar con la debida atención todo aquél que desee saber de este “Servibar y amigo”, como toda aquella fémina que haya vivido una historia conmigo.

Gerardo tocó las canciones de este disco porque así se lo fuimos pidiendo las 15 personas que nos dimos cita en la Sala Traffic del corazón de la capital mexiquense, en donde Enciso tuvo como invitados especiales, a nada más y nada menos, que los integrantes de La Barranca, quienes tocaron el contenido de su nuevo disco, “Lo eterno”, en el Foro Landó casi sobre la misma hora de la presentación de Gerardo Enciso. El líder de esta importantísima agrupación, el compositor, guitarrista y cantante José Manuel Aguilera, como el resto de la banda, fueron a acompañar a su amigo, porque reconocen en él a uno de los entes creativos más representativos del activismo sociocultural y político nacional, a través de la música. Si alguien quiere tener el registro de la actual historia mexicana, deben escuchar la poética sonora de Gerardo Enciso.

 

Al terminar la presentación de Enciso, correspondimos de igual manera yendo al Foro Landó con ayuda del periodista y locutor Luis Flores, quien trasladó a este pesado y “descompuesto corpus”, junto a su “sobrino” Aldo Butzman, su ex mujer, Enciso y su manager en una Caribe que aún se mueve. A nuestra llegada, el recibimiento fue muy grato, porque la gente que llenó el foro aplaudió al maestro. Yo me dije: “¿Por qué demonios no estuvieron estos cabrones en la Sala Traffic?”. ¡El dinero y el tiempo no fueron los mejores aliados esta vez! La Barranca ofreció memorable concierto de más de dos horas, en la que tocaron más de 20 canciones. ¡Fue una noche redonda para todo melómano exigente!

No soy bueno ocultando mi malestar emocional, siendo un ente entregado a la verdad por la profesión profesada, debo reconocer que la muerte de mi negro labrador “Argos”, el miércoles 25 de abril (mientras yo de manera sentida cantaba en el Teatro Morelos de Toluca las piezas de Diego “El Cigala”), mi amoroso y entrenado perro fallecía en casa de mis progenitores. Lo llevé allá hace año y medio porque ya no había espacio para los dos en los departamentos donde ahora sobrevivo. Incluso, la pareja de amigos, Adalid y el Zeppelin, cuidaron de él durante algunos meses. Me dolió su muerte mucho más que los recientes fallecimientos de otros guerreros amigos míos, porque mi fiel compañero de incontables andanzas se adelantó en el camino tras 13 años de existencia. ¡Murió de viejito, como pocos lo haremos!

Para fortuna mía, hace medio año que estuve en mi casa origen me despedí de él de la mejor forma: bebiendo cerveza a la luz de la Luna. ¡Sí, aullando! A “Argos” le enseñé a beber cerveza, porque fue quien me acompañó durante semanas, meses y años de escogida soledad. Es más, aprendió a morder latas de cerveza para lamer del piso la espumosa cebada. Con “Argos” escuché muchas, muchas veces “Los cuentos del miedo” de Gerardo Enciso. Se ponía igual de intenso cuando cantábamos ‘Cadáver’, porque en esa pieza su creador hace sonidos guturales tan dolientes, que a mi primogénita Nina le hacían pensar que le dolía tanto la muela que sentía el cantante morir, pero cantaba así porque duele en demasía la pérdida amorosa.

A esta edad, uno no se recupera a la primera, por eso cuando Enciso la cantó en la Sala Traffic con su guitarra de palo, no me quedó más remedio que tirarme al drama y desahogarme como hacía mucho no me lo permitía. Tiré aceite, disparé al cielo crueles verdades, aullé como si en ello se me fuera la vida. Lo bueno es que no fui el único que se desgañitó esa melancólica velada de amarguitos de ruda y ajenjo con poca cerveza. Trago amargo para y por “Argos”, mi perro, quien salvó mi vida en varias ocasiones, una de ellas durante mi secuestro policíaco en mi propia casa de la colonia Independencia… ¡Canto de manera desesperada ‘Cadáver’!

“Como la piel en la cruz,/ Como la cruz en la piel,/ Sangre corre por mis venas,/ Y algo mueve entre las piedras./ Yo te vi reír,/ Mayo un colibrí,/ Rosas rojas en la pena./ Siento tu piel en la luz,/ Siento la luz en tu piel./ Ahora vago sin descanso,/ Sobre tu recuerdo voy descalzo./ A la cama huí,/ Tu fantasma ahí,/ Me habla cosas de otro tiempo./ No puedo darle calor,/ A tu cadáver./ No puedo darle calor./ No puedo darle calor,/ A tu cadáver./ No puedo darle calor…”.

 

Querido “Argos”, usé muchas veces tu grande cuerpo como almohada cuando quedaba tendido de amargura y desolación etílica (¡Qué novedad dirían algunos, pero he cambiado, en serio!); cuando me deshice las rodillas me arrastró de la recámara al baño; me veía fumar en mi pipa petacona y el humo cannábico lo ponía contento; paseaba con él todas las noches sin necesidad de llevar la .22 por todo Metepec. Entrábamos al Bar 2 de Abril y todos querían fotos con él. Musculoso de negro y brilloso pelo, con pinga muy rosada, cuidó de Nina durante gran parte de su primera infancia, una vez que aprendió que no debía encelarse de mi hija. ¡Sí, era muy celoso y se comportaba fiera si alguien no olía afable!

En estos días, la gente alrededor mío me pregunta de manera constante qué me está pasando, qué me atormenta en estos momentos nada fáciles, en la que uno debe estar en condiciones fisiológicas y emocionales acordes para lo que se ofrezca en el entorno de transición política y económica de México. Estoy tan desilusionado como miles (o millones en este país que amo y no soy correspondido), que ni yo mismo sé qué me está pasando. Por eso cuando Enciso cantó ‘Daga’, me dije: “No hay canción mejor que en este momento me represente por todo lo que estoy pasando”:

“Las cosas cambian tanto/ Están cambiando/ Volteo a mi cama y la veo/ Está sangrando/ No quiero verte/ Con una pena en tu corazón/ No quiero verte/ Con esta daga en tu corazón./ Estamos todos inmersos/ En los espejos/ Casa de los espejos/ Espesos/ En este país/ Ya huele a sangre/ En este país/ Algo me huele a sangre./ Pienso que voy a morir/ Y que se acerca el fin/ Sé que vas a sufrir/ Estaba escrito así/ Por las venas de tu corazón/ Espero que no llegue a tanto/ Por las venas de mi corazón/ Te amo tanto./ Yo quiero verte desnuda/ Y que me des tu amor/ Y también tu dolor/ Hay hambre a tu alrededor/ Pues hay que actuar mi amor/ Y que no corra sangre/ Y que no corra sangre/ No quiero verte/ Con esta pena en tu corazón/ No quiero verte/ Con esta daga en tu corazón./ Yo quiero verte desnuda…/ (Hablado poético) La calle tiene devastado los adentros/ Peatones de la ilusión/ Farmacodependientes del miedo/ La belleza, la belleza sólo ha pasado/ Sólo ha dejado mucho por desear/ Sólo mezquinas gratificaciones/ De la impunidad/ Puros cuentos, puros cuentos”.

Escribo esta entrega en el Día del Niño porque quise darme un regalo (¡Por cierto, felicidades “París-Londres” por tus 32, gracias por tu amor, dedicación, esmero, reciprocidad y tiempo! ¡Te dedico ‘Vals de la muerte’ del maestro Enciso!). Después de dejar a mi primogénita en el colegio, camino por horas por las calles de Metepec. No logro distraerme. Canto las canciones de “Los cuentos del miedo” para después detenerme a tararear una de las canciones más importantes y “prohibidas por su contenido de extrema protesta” de Gerardo Enciso, incluidas en el disco “A contracorriente” (1989), ‘Amo a mi país’, cuya letra se resume en “Amo a mi país/ Pero él no me ama a mí./ Amo a mi país/ pero él no me ama a mí…/ Cansado ya de sobrevivir y de sentir la soga al cuello/ Con el rosto hundido en una cerveza,/ Se apagaron las ganas prendidas de andar…”.

Al terminar el sentido recital en la Sala Traffic de Toluca, subo al escenario y abrazo fortísimo a Gerardo Enciso como pidiéndole consejo, una luz en el camino tras tantos años de conocernos. Me mira fíjamente y susurra viejas frases otrora dichas en épocas dichosas: “Tienes que hacerte responsable de tus actos y el arte te hace mejor ser humano, y tú sabes qué es eso, sabes qué hacer, sabes amar y amarte. Tú no eres un hombre de miedos absurdos, no eres dueño de tu corazón, ni de una sola mujer, sólo de tus actos hombre bueno, de alma vieja y de justos ideales. Levántate y haga arte con sus textos, sé buen traductor de las señales de la vida y el destino”.

Vayamos “Argos” a caminar bajo la lluvia una vez más sin cadenas, sin correas, bajo el viento helado del altiplano mexiquense en una triste nublada tarde de lunes de Día del Niño, cuya Luna nos espera como este fin de semana. Que nuestro llanto valga la pena para seguir aullándole a la Luna. ¡Auuuuuuuuuhhhhh! ¡Auuuuuuuuuuhhh!

 

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