Sobreviviendo al Festival Vive Latino 2017

Escribe: Felix Morriña

El pasado fin de semana llegué al tope. Debo reconocer que mi condición física ha mermado para la cobertura de festivales masivos. No es hartazgo, ni fastidio, ni nada que se le parezca, sólo que me cansé muy rápido esta ocasión. Tal vez se deba a que no había terminado de recuperarme de la faringitis aguda que padecí por semana y media, cuando decidí hacer la cobertura del Festival Vive Latino 2017, porque se presentarían algunas bandas y cantantes que me llamaron la atención, como Illya Kuriaki and The Valderramas, Javier Corcobado, Rancid, Marky Ramone, Los Fabulosos Cadillacs, Jarabe de Palo, Brujería, El Cuarteto de Nos y Justice, entre otros.

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Los cambios de clima y altura también me afectaron. El sol de ambos días, sábado 18 y domingo 19 de marzo, atacaron mi sistema nervioso, al grado de quedarme sentado largo rato bajo la sombra de un árbol del Foro Sol del Autódromo Hermanos Rodríguez. No deseaba ingerir cantidades industriales de whisky, ni fumar nada como antaño solía hacerlo desde temprana hora. Quería estar tranquilo, lo más sobrio posible. A lo máximo fueron unas cuantas cervezas, uno tragos de whisky y lo mejor, comer bien. Hacía mucho que no comía tan bien. Eso se lo agradezco a mi camarada Edgar Tapia, comparsa en este tipo de encuentros masivos.

Cuando uno se porta a la altura de las expectativas, llama más la atención de los malandros. Nunca me habían robado en todos los festivales musicales que he asistido en casi tres décadas, y el sábado a la noche, ¡zaz!, que me toca. Cuando Edgar Tapia y este “servibar y amigo” se dirigían al escenario donde tocaría Jarabe de Palo, un grupo de malandros nos quitaron los celulares a una veintena de personas en uno de los túneles. Lo hicieron con tal rapidez y limpieza que varios no se dieron cuenta hasta después, pero yo tuve oportunidad de verlos, pero no me atreví a confrontarlos porque traían puntas y en una de esas se les pasa la mano y adiós.

Tapia logró chisparla, porque avanzó más rápido que los que fuimos víctimas. Gracias a que no le robaron el celular, pude comunicarme para avisar a mi gente que no corría peligro alguno, pero que no podría contactarlos en días próximos. Tuve que ir incluso con mis progenitores, para avisarles, porque saben que no me desconecto tanto tiempo y luego empiezan las preocupaciones extremas. Todo eso pude evitarlo para fortuna de todos.

En esta edición del Vive Latino constaté que había más policías que público en algunos escenarios, pero no pudieron evitar los atracos. Mucha gente se quejó con la policía porque no hacían nada contra los malandros, como si estuvieran coludidos. Eso sí, cada vez que podían se llevaban a los tipos que fumaban cannabis o a los que consideraban sospechosos. Abusaban los policías de su condición de seguridad contra los jóvenes que sólo estaban fumando en santa paz.

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En los escenarios donde tocarían bandas punk, ni siquiera se acercaban los uniformados. De lejitos observaban al respetable que se metía de todo y estaban tan eufóricos en el eslam que ni los de la Cruz Roja y otros servicios médicos presentes, se acercaban para ver cómo algunos salían noqueados por el primigenio baile. Con el mítico Marky Ramone, baterista de la banda neoyorquina Ramones, la gente se entregó como si se tratase de la banda original, cuando en realidad era una banda de covers con un integrante base, con un baterista que tocaba con el rigor propio de un punk rocker. Eso fue de lo mejor, por la nostalgia que significa haber visto en vivo y en directo a los verdaderos Ramones sobre el escenario del ex Balneario Olímpico de Pantitlán hace ya varios ayeres.

Con Rancid pasó lo mismo. Todos rindieron pleitesía a lo largo de casi una hora sin parar. Rola tras rola el grupo daba lo mejor, sobre todo porque era la primera vez que venían a México. Tardaron 25 años en venir, por lo que la raza de bronce no dudó en entregarse por completo. Este tipo de punk rock con altas dosis de ska, no es lo que más me gusta, pero me agradó que la banda estadounidense se esforzara por darlo todo. No hubo rola que no fuera coreada, cantada o berreada como si se les fuera el alma en casa frase. ¡Valió la pena!

Vi algo de Ataque 77, banda punk hard core argentina, pero no terminaron de seducirme. De tantas veces que he visto a Los Fabulosos Cadillacs, ya no me prenden mucho, aunque debo reconocer que le metieron galleta a su show en el escenario principal esta vez. Nunca había visto en un masivo al español Javier Corcobado, siempre había sido en foros pequeños con buena acústica, pero esta vez me sorprendió mucho cómo manejó al público. Su potente voz fue apreciada por miles de jóvenes que no sabían nada o muy poco de su trayectoria. Grato fue escuchar a los que mencioné al principio, se oyeron bien, desempeñaron muy bien su papel, pero cada vez asiste menos gente al Vive Latino. La euforia que antaño provocaba este festival, ahora se ha desvanecido, por lo que deberán reinventarse para volver al cause.

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Los organizadores dijeron que les fue bastante bien con los números, según ellos sobrepasaron sus metas. Mencionaron que fueron más de 150 mil personas en dos días. Yo pienso que fue menos gente, pero ellos tienen los números en la mano. Como sea, el cartel del festival no fue tan atractivo como antaño, o será que ya vi a casi todos los que están en el cartel que nada termina por dejarme satisfecho. Tal vez sea que me he convertido en un ser mucho más exigente con todo y por ello quedo a medias, pero la verdad es que terminé muy cansado, sin celular por el atraco y con ganas de cerrar un ciclo dentro de mi extrema melomanía. En verdad extraño esa sensación de satisfacción por un festival masivo. No extraño los excesos, extraño la calidad, extraño la euforia por escribir anécdotas extremas. Estoy en la edad de apreciar lo extraño. Estoy en la edad de disfrutar plácidamente un disco, una película en casa con mi mujer. Prefiero visitar a mi hija y darme un rol por la calle con su mascota. Prefiero ir al billar a charlar con la pandilla. Prefiero tomar un mezcal a la salud de los que gustan la conversación que deja huella. Prefiero un recital a media luz, que el estruendo. Tanta gente junta me satura los sentidos, pero ahí estamos, registrando los sucesos. Ahí les dejo mis letras. ¡Gracias!

Felix Morriña, periodista especializado en temas artísticos y culturales, colaborador de Apocaliptic.com

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