Fallece compositor Daniel Viglietti, fuente de inspiración para toda América Latina

31 de octubre 2017.- La muerte del cantante y compositor uruguayo Daniel Viglietti (1939-2017) deja a América Latina sin una de sus voces y guitarras “vivas”, autor de canciones que traspasaron fronteras y que perduran en la actualidad más allá de las modas del momento y del compromiso con el tiempo en que se gestaron.

Voz y guitarra que el uruguayo Guillermo Pellegrino, premio nacional de literatura en su país, reunió junto a la peruana Chabuca Granda, el argentino Atahualpa Yupanqui, y los chilenos Violeta Parra y Víctor Jara en el libro “Las cuerdas vivas de América Latina” (2002) como algunos de los iconos del folclore regional.

Hijo de una pianista y de un guitarrista, Viglietti utilizó en sus composiciones elementos de la música clásica, de la popular e incluso del rock.

A partir de su segundo disco, “Hombres de nuestra tierra” (1964), comenzó a trabajar en la musicalización de poemas de escritores como los españoles Rafael Alberti y Federico García Lorca, el cubano Nicolás Guillén o el peruano César Vallejo, entre otros.

En 1969 compuso la mítica “A desalambrar” (1969), que se convirtió en un himno internacional contra el latifundio y la propiedad privada y que aún hoy es cantada como canción protesta en las universidades.

Habría que eliminar fronteras y crear un mundo en el que la palabra “extranjero” solo se aplicara “a los capitalistas salvajes, a los banqueros que de alguna manera deiciden las guerras”, declaró Viglietti a comienzos de la década de los 90 a un periódico español.

El propio Víctor Jara, amigo de Viglietti y asesinado por militares tras el golpe de Estado de 1973 en su país, ayudó con su voz a popularizar “A desalambrar” como una de las canciones de cabecera de los que apoyaron el gobierno del socialista Salvador Allende (1973-1990).

Otros artistas internacionales como la chilena Isabel Parra, el español Joan Manuel Serrat, la argentina Mercedes Sosa, la cantante mexicana nacida en Costa Rica Chavela Vargas o la venezolana Soledad Bravo también hicieron parte de su repertorio otras de las composiciones más populares de Viglietti, como “Canción para mi América”, “Milonga de andar lejos” o “Gurisito”.

Viglietti fue amigo íntimo Mario Benedetti, con quien compartió muchos escenarios del mundo mezclando música y poesía y cuyo féretro portó encabezando junto a Eduardo Galeano el cortejo fúnebre que dio sepultura al famoso escritor uruguayo en 2009.

Para retomar la lucha que Benedetti llevó a cabo a través de la militancia y de la palabra en la defensa de los derechos humanos, ayudó a conformar la Fundación Benedetti y ocupó su directorio junto a otras destacadas personalidades de la cultura uruguaya.

La represión política y social previa a la dictadura cívico-militar uruguaya (1973-1985) llevó a que Viglietti fuera apresado por las autoridades, desatándose una campaña internacional para su liberación en la que participaron Julio Cortázar, Jean Paul Sartre y François Mitterrand, entre otros.

Tras su liberación y con la llegada de la dictadura se vio obligado a exiliarse por más de una década en Argentina y Francia hasta que pudo regresar a Uruguay en 1984.

Durante el resto de su vida mantuvo un compromiso por la defensa de los derechos humanos y la denuncia de los crímenes cometidos durante las dictaduras de los países del Cono Sur, “no por venganza sino por justicia”.

Tampoco abandonó la música, manteniendo desde 1994 el programa radiofónico “Tímpano”, en Radio El Espectador, en el que repasaba la historia y la cultura de la música, y presentándose en directo, siendo su último concierto el que dio el pasado viernes en la localidad uruguaya de Las Piedras.

Vigliettu falleció este lunes a los 78 años por un problema cardiaco mientras era sometido a una operación quirúrgica, pero permanece viva su música, así como su compromiso social y político.

EFE