Columna VERDADES MENTIROSAS: ESTATUAS Y CIUDADES

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     La suprema facultad del hombre no es la razón,

sino la   imaginación.

 

Edmundo O’ Gorman

Gerardo Lara

La lucha por la narrativa histórica entre colonizadores y descolonizados, liberales y conservadores, derechistas e izquierdistas, entre globalistas y soberanistas, es clave para el siglo XX1.

Los neos/colonizadores, representados por partidos como VOX o el P.P. español sostienen que Europa descubrió América y emprendió un proceso civilizatorio, pero las evidencias indican que hubo una invasión y un genocidio, una conquista marcada por una irrupción violenta y no por una tersa seducción, se impuso una civilización sobre las ruinas de otra.

 “La historia la escriben los vencedores, pero la reescriben los que nunca estuvieron ahí” sostenía Napoleón Bonaparte; es por ello que la lucha por la reescritura de la historia es crucial en la construcción de un supuesto futuro.

La derecha conservadora, “itamita” mexicana, es tan ineficiente que ha llamado a rescatarla a sus patrones en España, para disputarle a la 4T la narrativa histórica de México y América; lo hacen como siempre, enarbolando el supremacismo, el racismo, el clasismo y el derecho a la expoliación y la colonización.

Los nostálgicos de una hipotética IBEROESFERA, claman y reivindican a Cristóbal Colón como si fuese un “héroe español” cuando en realidad no era español ni nunca lo fue y si somos justos tampoco un héroe; de hecho, terminó sus días como antagónico a la corona española y fue despreciado, vilipendiado y humillado por las cortes europeas, sin duda un ser trágico, preso de la fatalidad; el continente que “descubrió” ni siquiera tiene su nombre. Tal vez es así porque el móvil del navegante y aventurero Genovés era el oro y la gloria en la que se sintió estar cuando creyó que había descubierto ¡el paraíso!

El nombre del Continente, nuevo a los ojos europeos, es América, gracias al navegante/cartógrafo Américo Vespucio, que determino la existencia de “otro “continente, uno “nuevo”, tal como dice el gran Edmundo O ‘Gorman: “América no fue descubierta, fue inventada”.

No existe una civilización superior a otra, lo que hay son contextos históricos, personajes que pueblan sus páginas, circunstancias geográficas, acontecimientos únicos y cosmovisiones distintas, pues toda civilización es en sí misma, no tiene punto de comparación y responde a su cultura, a su historia.

El retiro de la estatua de Colón en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México significa una buena sacudida histórica, moral y filosófica para la ciudadanía; pues una estatua de Colón en el Paseo dedicado a los héroes de la reforma es en si un contra sentido, habría que hacer un paseo de la ignominia y ahí quedaría esa estatua junto a la de Hernán Cortés.

Ese tipo de monumentos son en realidad “señales costosas”, que no sirven para nada, pero significan mucho, de hecho, son símbolos de una totalidad, son casi un avatar, que se impregna en los aromas y se vuelven esenciales.

Es ahí en donde la sustitución de Colón por la estatua de la joven AMAJAC, una mujer indígena de la huasteca, tiene un peso determinante en el imaginario popular, porque significa la liberación del trauma de la conquista y la restitución de un pasado que había sido cortado de tajo. En otras palabras “En Paseo de la Reforma se va a respirar mejor”.

 Las señales costosas dicen mucho de una ciudad, La Estatua de la Libertad en Nueva York, La Torre Eiffel en París, el ‘Manneken Pis en Bélgica son emblemáticas, el espíritu de una ciudad ronda en sus señales costosas, por ello resulta interesante que la estatua de Cristóbal Colón situada en “Paseo Colón”, sea emblemática de la Ciudad de Toluca.

¿Será que Toluca es la ciudad conservadora que rinde homenaje a la colonización? ¿representa esa señal costosa el espíritu de la ciudad? ¿no queda nada de ese pasado indígena fuertemente arraigado por esas regiones?

Las crónicas de la fundación de la ciudad dicen que era una “Aldehuela” con un hediondo olor, pues los conquistadores la habían fundado como un criadero de cerdos para hacer chorizo; por ello cuando filmamos la película LA ALDEHUELA (historia de un gran amor) desplegamos decenas de metros de chorizo en las estatuas de Cuauhtémoc en la Alameda y en la estatua del Colón, una metáfora de la conquista genocida.

Ahora están de moda las destrucciones y los retiros, yo propongo algo más creativo, para aligerar a Toluca de la ignominiosa fachada de la estatua del aventurero Genovés; que la estatua de Cuauhtémoc en la Alameda sea trasladada frente a la de Colón y se le coloque en un lugar preponderante, retando al Genovés con su lanza.

No me cabe duda, se respiraría mejor en Paseo Colón.


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